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miércoles, marzo 09, 2011

M’HIJO EL DOTOR

M’HIJO EL DOTOR.docx

Autor: Florencio Sánchez, dramaturgo y periodista; 1875-1910.
Otras obras: Puertas adentro, La gente honesta, Cédulas de San Juan, La gringa, Canillita, La pobre gente, Barranca, abajo, Mano santa, Los muertos, En familia, El desalojo, El pasado, La tigra, Moneda falsa, Los curdas, Nuestros hijos, Los derechos de la salud, Marta Gruni, Un buen negocio (teatro); ensayos, y artículos periodísticos.
Género y corriente: Drama costumbrista.
Estructura: Está dividido en tres actos, con 13, 7 y 12 escenas, respectivamente.
Sinopsis: Una pareja de campesinos de la clase media, don Olegario y doña Mariquita, tienen a Julio, su único hijo, estudiando para dotor en la ciudad, de la que viene a visitarlos un mes al año.
Nos enteramos por ciertos diálogos de que en cada venida de Julio hay fricciones entre padre e hijo, debidas a la brecha entre generaciones; diferencias tanto de época, costumbres y educación, rozno de moral; por lo tanto, distintos modos de pensar y vivir. El gaucho viejo, don Olegario, representa el pasado campirano, patriarcal, tradicionalista y conservador; en tanto Julio encarna el espíritu juvenil, liberal, individualista y rebelde de los nuevos tiempos. En cierto modo, simbolizan también la eterna oposición campo-ciudad, acentuada aún más en aquella época del novecientos.
En una de las tantas estadías de julio en la estancia, al comienzo del drama, hay un nuevo enfrentamiento entre éste y su padre, enfermo del corazón desde hace un tiempo. Molestan al gaucho viejo el aire de "príncipe" que se da su hijo al querer desayunarse con chocolate, que sean las once de la mañana y aún no se levante, que se haya cambiado su nombre de Robustiano por el de Julio, "pa que no le tomen olor a campesino"; que se avergüence de ellos, "viene a mirarnos por encima del hombro, a tratarnos como si fuera más que uno, a reírse en mis barbas de lo que digo y de lo que hago, como si fuera yo quien debe respetarlo y no él quien... ¡En cuanto le observo algo, se ríe y se pone a discutirme con un airecito y una sonrisita!... ¡Como si me tuviera lástima!", y, en fin, el que lo trate con desenfadada familiaridad, sin respeto alguno, palmeándolo en la espalda, "porque a julio esos modales le parecen más cariñosos".
Doña Mariquita y Jesusa, una muchacha huérfana que en la estancia vive como ahijada de la pareja de campesinos, lo defienden, porque "Julio tiene otras costumbres otra educación en la ciudad se vive de otra manera no por eso ha dejado de querernos si fuera un campero como nosotros, no estaría pa ser dotor."
El enojo y el rechazo de don Olegario, sin embargo, tienen una razón: se ha enterado de que su hijo, a pesar de ser buen estudiante y tener buenas calificaciones, anda en malos pasos en la ciudad pues, para pagar sus deudas, ha sacado dinero del banco usando la firma de don Eloy, un labrador rico, amigo de la familia, y ha dejado protestar el documento. Además, le han metido en el cuerpo unas ideas descabelladas y hasta creo que le da por ser medio anarquista o socialista y no cree en Dios". Don Olegario está indignado. "¡Canalla! ¡Farsante! ¡Dotor en trampas! ¡Deshonrar su nombre y el mío! ¡Infeliz! ¡Eso es una estafa!; la he pagado ya, pero ¿quién nos quita de encima esa mancha?... es un libertino, un calavera, un perdido."
Cuando el gaucho viejo pide cuentas al hijo de su censurable comportamiento en la ciudad, Julio le responde con soberbia y desenfado. En el colmo de su indignación, don Olegario lo echa de la casa y quiere castigarlo con el rebenque, si su hijo no se pone de rodillas y le pide perdón. Con esta escena termina el primer acto.
A causa del disgusto, don Olegario enferma y es necesario llevarlo a la capital. Doña Mariquita y Jesusa se ven allá con Sara —la prometida de julio— y su madre, que vienen a visitarlas. Jesusa está muy triste y desesperada, porque espera un hijo de Julio, quien la sedujo cuando estuvo en la estancia.
En un diálogo a solas con Jesusa, Julio evade toda responsabilidad; nadie es culpable, él quiere a Sara y no a ella, además es ridículo casarse sin amor, ni siquiera sabiendo que un hijo viene en canino. Sólo pide que lo comprenda y lo perdone. Jesusa sufre en silencio, no le reprocha ni le reclama nada; ella lo sigue amando por sobre todas las cosas.
Por otra parte, don Eloy, hombre bueno, rico, joven y bien parecido, pretende a Jesusa, pero ella no lo quiere y varias veces lo desdeña.
Después, cuando don Olegario se entera de toda la situación, su furia es indecible. Quiere obligar a Julio a casarse con Jesusa; el joven se niega rotundamente y padre e hijo dejan de hablarse. El pobre gaucho se agrava.
Finalmente, gracias a la cariñosa intercesión de doña Mariquita para restablecer la paz en la familia, Julio accede de mala gana a casarse con Jesusa.
Luego de la muerte, ya inminente, del gaucho viejo, Jesusa libera a Julio del compromiso y le dice que no tiene por qué cumplirlo. Julio, entonces se da cuenta de la bondad y nobleza de esta "gentil criatura", y "lo que no hizo la pasión ni la violencia, lo que no pudo lograr el dolor mismo, lo hará esa grandeza de alma que descubres recién. ¡Te quiero mía, mía para siempre!" Así, con el corazón de Julio —el dotor citadino ganado por el amor de Jesusa —la campesina humilde—, termina esta obra.
La producción dramática de Florencio Sánchez, realizada en su corta vida, basta para considerarlo el autor teatral uruguayo más trascendente de su época. En M'hijo el dotor, como en la mayoría de sus obras, destacan el desarrollo escénico, los efectos dramáticos, la grandeza poética, la verdad humana de situaciones y personajes y, en fin, el aspecto clásico de sus temas, que van más allá de todo regionalismo.
Representada por primera vez el año de 1903 en Buenos Aires. La obra pertenece al ciclo de los dramas de asunto rural; la acción se ubica a principios de siglo. El primero y el tercer actos se desarrollan en una estancia del Uruguay, y el segundo en Montevideo.

jueves, mayo 13, 2010

EL CASCANUECES Y EL REY DE LOS RATONES

Autor: Ernst Theodor Amadeus Hoffman, cuentista y poeta; 1776-1822. Otras obras: El elixir del diablo, Los hermanos Serapión, La princesa Brambilla, Maese Pulga, La olla de oro, La corte del rey Artús, Las minas de Falun, etcétera.
Género y corriente: Cuento fantástico romántico.
Estructura: Tiene breves episodios o capítulos nominados.
Sinopsis: El relato comienza en una celebración de Nochebuena, en casa de Stahlbaum, el médico de provincia, los niños Fritz y María están fascinados con los regalos colocados en el árbol de Navidad. Su padrino, el magistrado Drosselmeier, singular anciano muy hábil en mecánica, les regaló un castillo de juguete cuyos habitantes bailan al compás de una caja de música. De pronto, María descubre entre los demás juguetes un muñeco de expresión dulce y bondadosa, cuya función es partir nueces con la boca, y se prenda de él.
Al terminar la fiesta todos se van a dormir, pero María entra en el cuarto de los juguetes y ve cómo éstos han cobrado vida y, dirigidos por
el Cascanueces, están en plena batalla contra un ejército de ratones guiado por su rey. Luego de un gran susto, María participa también en esta guerra y se pone a favor de Cascanueces.
De repente la niña rompe sin quererla vitrina de los juguetes y se hiere. Pierde el conocimiento y; mientras está en cama, el viejo Drosselmeier le cuenta la historia de la princesa Pirlipat, que fue embrujada por la señora Ratona para vengarse de la reina por no haberla dejado comer todo el tocino. Sólo puede salvar a la princesita un joven capaz de romper con los dientes una durísima nuez. Quince años después la princesa es curada, pero el curador es convertido en un ser deforme igual al Cascanueces y la princesa se rehúsa a casarse con él.
María se cura de sus heridas y continúan los combates nocturnos en
hijel cuarto de los juguetes. Para aplacar el hambre del rey de los ratones, o de la ahora difunta señora Ratona, y salvar a Cascanueces, María le ofrece sus dulces preferidos y sus muñecos de azúcar. Finalmente, un día se da cuenta de que el salvador de la princesa Pirlipat es el sobrino de su padrino Drosselmeier, convertido por obra de magia en el Cascanueces. María está convencida de la ingratitud de Pirlipat por negarse a desposar a su salvador.
Una tarde, en casa del padrino, María se hace pequeñita, cae de su silla y encuentra un muñeco muy bien hecho: es el bello Cascanueces. Éste le pide casarse con él y reinar juntos en el palacio de mazapán. Ella lo acepta y, según dicen, al cabo de un año, llegó a buscarla en un carruaje de oro tirado por caballos de plata. Las bodas fueron muy rumbosas y María Stalilbaum fue reina de un país donde sólo se ven bosques de árboles navideños, transparentes palacios de mazapán y toda clase de cosas asombrosas.
En este relato se mezclan lo real y racional con el mundo de la fantasía en forma magistral; además, la narración está hecha con un estilo sencillo y claro, destacando su mensaje de bondad.

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