viernes, abril 08, 2011

LAS LANZAS COLORADAS

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Autor: Arturo Uslar Pietri, narrador, dramaturgo, periodista y político; n. 1906.
Otras obras: El camino de El dorado, El laberinto de fortuna [trilogía], Oficio de difuntos, etc. (novelas); Barrabás y otros relatos, Red, Treinta hombres y sus sombras, Pasos y pasajeros, Moscas, árboles y hombres, Los ganadores, etc. (cuentos); Chúo Gil y las tejedoras (teatro); ensayos, y artículos (crítica literaria).
Género y corriente: Novela histórica.
Estructura: Está dividida en 13 capítulos numerados.
Sinopsis: Doña Inés, joven y bella, entabla amistad con David, un inglés de gusto refinado e ideas liberales que la pretende con discreción durante su visita a la hacienda de los Fonta.
En Venezuela corren los tiempos de la terrible lucha por la independencia, en la cual se enfrentan los bandos independientes, comandados por Simón Bolívar, y realistas, dirigidos por Boves, un fiero caudillo.
El capitán David y su amigo Fernando Fonta viajan a la ciudad, y al regreso se encuentran con que Presentación Campos incendió la hacienda y abusó de Inés, quien se ha vuelto loca. Ambos jóvenes salen a perseguir al bandido y el inglés muere a manos del ejército de Boves, al que se ha unido el mayordomo con algunos esclavos de El Altar.
Inés, loca y sin dinero, vaga de un lado a otro buscando a Campos para matarlo. En el camino conoce a la Carvajala, una mujer que se había entregado al violador de Inés y aún lo ama. Para proteger a su amante, la Carvajala señala a Inés una dirección equivocada.
Los dos últimos capítulos muestran a las dos figuras históricas que constituyen los polos entre los cuales deben definirse los personajes de la novela: Boves y Bolívar.
Fernando se une a los independentistas, con quienes debe enfrentar a Boves en la que será la última batalla. Su idealismo no le permite sumarse al combate y, blanco fácil del ataque enemigo, encuentra la muerte.
Campos se deja llevar por la euforia de la lucha y entra en un pueblo dominado por las tropas insurgentes, donde cae herido.
El último capítulo es verdaderamente magistral. Presentación nunca verá a Bolívar, sólo al escuchar el nombre del libertador sabe de su próxima llegada al pueblo donde se encuentra prisionero.
En una dramática escena final, el antiguo mayordomo de la hacienda de los Fonta hace un inmenso esfuerzo para ver a su enemigo, pero aquel inútil gesto le cuesta la vida.
"La lanza fría en el brazo desnudo. El caballo loco bajo las piernas cerradas. Ahora estaba tendido sobre la tierra húmeda. ¡Carvajala! ¡Carvajala! [ ... ] Se siente desfallecer de debilidad. Las heridas le producen un dolor exagerado. Si hubiera de morir. No; no quiere morir. No podría ir a la guerra, ni usar su fuerza, ni hacerse un jefe.
Estaba hecho para andar guerreando con sol. ¡Carvajala! Ahora lo estaba esperando. Él se iba a morir. Ella lo esperaba [...] ¡Bolívar viene! Aquel hombre a quien odia tanto, por cuya causa está casi reducido a la muerte. Quería verlo. Si tuviera fuerzas, si pudiera fugarse y matarlo [...] La guerra. Ya no puede ir a la guerra. Ahora está inutilizado. La guerra para ganar tierras y dominar ciudades [_] Allá, a lo lejos, se ve a caballo a Bolívar. Él no lo ha visto nunca. Viene. Presentación Campos siente que está llegando. Que en algunos instantes va a pasar cerca de él. Un calosfrío le hace vibrar los nervios. Viene. Aquel hombre que lo ha obsesionado. Que ha obsesionado toda la tierra de Venezuela. Está llegando. Va a pasar junto a él. Podrá verlo pasar a caballo. Haciendo un esfuerzo le verá la cara [ ... ] El griterío inunda las paredes, el techo, la sombra, y fatiga el delirio del herido. Siente el hervor de la sangre, de la sombra, de la tierra [...] Aquél es el momento. Lo siente llegar. Ha llegado. Está pasando junto a él en aquel instante. Con una fuerza como para llevarse diez hombres con la lanza, empieza a levantarse. El dolor lo atraviesa. Se alza lentamente. Se va incorporando [...]Está en cuclillas en el suelo [...] Ya sus dedos lo están viendo. Continúa el esfuerzo con una infinita calma dolorosa. Sube. Ya va a llegar. Falta apenas un tirón más [...] Llega. Llega. Va a verlo. Está allí. Sus ojos rozan el borde de la ventana. ¡Aún más! Un infinito frío lo golpeó de pronto […] Un gran frío le cala el dolor de las heridas
Suavemente dejó resbalar la mano de la reja, y fue a desplomarse sobre la tierra húmeda, la carne pesada de muerte"
Ésta es, sin duda, una de las más importantes y bellas novelas históricas de la actual literatura latinoamericana, gracias a la cual obtuvo fama y reconocimiento su autor.
Las contrastantes personalidades de los protagonistas determinan el desarrollo de sus destinos respectivos y así, por ejemplo, el irreflexivo idealismo de Fernando Fonta y la temeridad de Presentación Campos conducen a ambos hacia sendas muertes sin gloria. Además, Uslar Pietri logra crear un clímax irrepetible en el último capítulo de la obra.
Dueño de un estilo brillante, con un dominio absoluto de la técnica narrativa, por la viveza de sus diálogos y la penetración psicológica para presentarnos y describirnos los personajes, este autor venezolano influye en toda la novelística latinoamericana.
La novela, publicada en 1931, se construye a partir de una oposición fundamental: de un lado, Presentación Campos, mayordomo de la hacienda El Altar; y del otro, sus amos Inés y Fernando Fonta.
Desde los primeros capítulos se enfrentan la dureza del mayordomo y la pusilanimidad del dueño de El Altar, quien siente por los esclavos una extraña fascinación, indigna de su posición social, según opinan los vecinos y el propio Campos.

LA OTRA MITAD

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Autor: Carlos Martínez Moreno, narrador y periodista; 1917-1986.
 Otras obras: Los días por vivir, Cordelia, Los aborígenes, Los prados de la conciencia, La sirena y otros cuentos, Las bebidas azules, De vida o 7nuerte (cuentos); El paredón, Con las primeras luces, Coca, Tierra en la boca, El color que el infierno me escondiera (novelas); Los días que vivimos (ensayo).
Género y corriente: Novela psicológica moderna.
Estructura: Está integrada por 25 capítulos.
Sinopsis: Mario Possenti lamenta la pérdida de Cora, su amante, quien fue asesinada por Carlos, el esposo de ella, y éste a su vez se suicidó. El vacío al que se enfrenta Possenti lo hace evocar tanto su pasado corno el de ella, así como el nacimiento y la consolidación de su amor.
La relación con Cora se presenta a través de un conjunto de recuerdos que dan identidad a los protagonistas.
En la primera parte de la novela, Possenti se transforma en una especie de investigador policiaco ansiando descubrir la causa de la tragedia. Busca noticias, hechos, actitudes, horarios. Trata de averiguar cuál de los dos murió primero. Y se pregunta si se muere con los ojos abiertos y por qué.
Luego, en su angustia, el amante solitario se aleja de ese tipo de investigación para averiguar en lo más hondo de sus sentimientos.
Él, que creía saber todo acerca de ella, se ve obligado a cambiar; ahora lo hace buceando en los instantes perdidos, en los momentos de felicidad, apelando a la introspección y la retrospección.
La vida de Cora es la historia de una disonancia. Aunque su niñez transcurre dentro de una familia con valores tradicionales, a edad temprana presencia escenas violentas fuera de casa, sucesos que los demás se empeñaron en ocultar y ella persevera en mantener vivos.
Desde pequeña es fuerte y conforme crece acepta las zonas de conflicto indispensables en su personalidad independiente.
Poseedora de una sensualidad despierta en todo momento, la considera frustrada e insatisfecha por Carlos, su marido, profesor de literatura que siempre tiene el pensamiento puesto en su amada. Mario Possenti relaciona, en una emotiva cátedra, el destino de Cora con el de la poetisa uruguaya Delmira  Agustini, en ambas, según él, la aspiración al amor las empuja desesperadamente hacia la muerte.
En su soledad, Possenti se acerca a otros personajes que también conocieron a Cora.
Junto a él vive Galia, hombre de vigorosa vida interior; brillante, pero incapaz de establecer una relación profunda con los demás, pese a su gran necesidad de afecto, y destinado a aclarar algunos aspectos de la tragedia de Cora.
Luego, existe Dina, que puede elevarse del candor casi infantil a la seriedad de la vida adulta sin perder su calidez; es también la dueña de la librería donde se conocieron Cora y Mario Possenti, y vive preocupada por sus gatos.
Los protagonistas consiguen superar su sentimiento de culpa por el adulterio mediante la justificación de no hacer sufrir a nadie "si les seguimos dando lo mismo que ya tenían de nosotros, todo lo que antes les dábamos." Por eso, Cora no se atreve a pedir el divorcio a su esposo; por eso, ellos y su amor funcionan" aun cuando, en ocasiones, la distancia los separa.
La mujer paga su culpa con el cautiverio, el hombre paga la suya después de la muerte de ella. El vacío actual lo eleva a revisar su actitud ante el amor, del que podía esperar todo; ahora sólo se pregunta, en medio de la soledad: "Amor mío, ¿quién eras?"
Termina la obra cuestionándose "¿y ahora? Ahora nada. Éste ha sido, éste seguirá siendo el territorio de nuestra soledad [ ... ] Hasta mañana, piensa en mí, quiéreme [ ... ] Ésta es la condena, extrañarte, olvidarte, no olvidarte, la soledad, la noche, el vacío, el tiempo, la incomunicación y la muerte."
En La otra mitad, Martínez Moreno examina el sentimiento causado por la pérdida de un ser amado. Utiliza como recursos técnicos la reflexión de Mario Possenti sobre el amor, y la memoria que contrasta el pasado con el presente para expresar claramente la intensidad de las pasiones.
Más que la anécdota, interesa a Martínez Moreno bucear en la situación existencial en que aparecen inmersos sus personajes. Esta novela, como muchas otras de su producción literaria, es una exploración de almas, una búsqueda del significado plural y contradictorio de la existencia humana.
Por su originalidad técnica, por el ritmo de su prosa, capaz de mantener en suspenso la atención de los lectores, Martínez Moreno es un innovador que ha enriquecido con su estilo la literatura uruguaya contemporánea.

GRACIAS POR EL FUEGO

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Autor: Mario Benedetti, poeta, narrador, dramaturgo y ensayista; n. 1920.
Otras obras: Poemas de la oficina, Poemas del hoy por hoy, Noción de patria, Contra los puentes levadizos, El cumpleaños de Juan Ángel, Poemas otros (poesía); Esta mañana y otros cuentos, EL último viaje y otros cuentos, Montevídeanos, La muerte y otras sorpresas, Cuentos completos (relatos); Quién de nosotros, La tregua, Primavera con una esquina rota (novelas); Pedro y el capitán (teatro) y ensayos (crítica literaria).
Género y corriente: Novela urbana moderna.
Estructura: Está dividida en 15 capítulos.
Sinopsis: Una noche de abril de 1959, un grupo de quince personas, hombres y mujeres, se reúne en un restaurante de Nueva York, donde "no sólo se habla en un español nasal y contaminado; también podría decirse que se piensa, se camina y se come en español". Todos son uruguayos y la mayoría pertenece a la clase media alta y en sus pláticas insulsas y frívolas declaran su admiración por las perfecciones de la modernidad, por el poderoso país del norte y, al mismo tiempo, expresan su desprecio por el Uruguay, Porque "Montevideo no es nada         no tenemos nada [...I salimos de una huelga para entrar en otra entre nosotros el obrero es la chusma [ ... ] nada, no producimos nada [ ... ] tenemos una filosofía de tango, y así no se va a ninguna parte [...] yo no pienso regresar al Uruguay; alguna vez, puede ser, de visita, pero a radicarme jamás". Asoma entre las parejas cierto eventual coqueteo con su vecino de asiento, porque a la distancia nadie se acuerda de su apariencia moral y "me gusta estar lejos de Montevideo porque entonces pierdo mis inhibiciones".
Mientras se sienten con vergüenza de ser uruguayos, el teléfono suena. Todos callan. Algo ha ocurrido, algo horrible: "Una catástrofe. Una inundación espantosa. Un maremoto. El agua arrastra todo por las calles. Todo destruido. Una catástrofe como nunca. El país borrado del mapa. Campo y ciudad." El Uruguay en ruinas. Arrasado, totalmente arrasado. Hay gritos, desmayos de mujeres, llantos, angustia... De pronto, todo en ellos es sólo arrepentimiento "...que no producíamos nada. Y no es cierto. Es un lindo país [...1 se puede trabajar sin miedo [ ... ] nadie nos molesta [. ..] es un lindo país [...les mi país, es mi patria [...] borrado del mapa..." y la preocupación egoísta por los negocios, las propiedades, los maridos, "mi mamita, mi hermano, mi pobrecito papá", los hijos, la mujer. Ramón Budiño piensa en su hijo Gustavo, y en Dolly, la mujer de su hermano. "Castigo de Dios, piensan las mujeres y rezan. Castigo de Dios por ser renegados, por ser ociosos, por despreciar a los pobres, por mentir [...] todo era una pose; me gusta aquello; es un país chiquito, insignificante, pero me gusta"; la coqueta reconoce que "soy una puta; nada más que una puta".
Vuelve a sonar el teléfono. Todos quedan paralizados. Suspiros de alivio ante las nuevas noticias. Todo era una exageración. Se trata de una inundación, más importante que las de otros años, pero nada serio. Un gran silencio, y luego del susto, todo vuelve a la normalidad, alegría, coqueteos, nuevas inconformidades. "Convénzanse. Somos una porquería. Ya lo vieron. Ni siquiera somos capaces de tener una catástrofe de primera clase."
Traspuesto el umbral del primer capítulo, escuchamos la voz de Ramón Budiño, quien nos cuenta cómo treinta y siete años han pasado desde que se sentía protegido, contento, orgulloso por saberse hijo de un "tipo impecable", de un padre que todavía no era el Viejo, sino sólo papá; de un hombre "elegante, siempre afeitado, seguro de sí mismo". Treinta y siete años desde aquel día cuando, por soportar estoicamente el piquete de una inyección, papá le permitió escoger el juguete que más le gustaba, y le compró no una, sino diez cajas de soldaditos. Pero después de treinta y siete años, el protagonista es un hombre adulto sin madurar porque siempre ha vivido a la sombra de el —Edmundo Budiño—, a cuya voluntad él siempre se sometió, y ahora sabe que es el hombre corrupto, admirado, déspota, respetado, temido, cuya imagen actual no corresponde al ideal de los días de la niñez de Ramón.
¿Cuándo, se desvaneció su amor por el padre? El día en que el protagonista —aún niño— presenció la escena que lo obsesiona. Su memoria está marcada por el recuerdo de la violación de su madre. Ella no quiere, el Viejo la golpea; luego, el grito de la mujer. "Quedé paralizado", confiesa Ramón. Durante una semana la señora debió usar lentes oscuros. El recuerdo lacerante se aviva luego, cuando ella muere. "Papá se había convertido en el Viejo."
Sin embargo, este "inescrupuloso, secretamente putañero e inseguro", para todos sigue siendo encantador, maravilloso, brillante, protector, todopoderoso.
Para Ramón Budiño, el desencanto también llegó cuando se entera de que el Viejo financiaba bandas fascistas. Pero no todo lo que hace su padre lo sabe Ramón; la voz impersonal de otro narrador —el autor— nos dice más adelante que el Viejo es tan irresistible, "tan masculinamente hermoso", que seduce a Gloria Caselli, una adolescente todavía virgen, y la convierte en su amante y confidente inofensiva durante veintidós años; una amante siempre fiel —a pesar de las otras relaciones ocasionales de él— y a quien desde el principio mantiene en secreto, aun después de enviudar, porque nunca mencionó la posibilidad de casarse con ella; una amante siempre clandestina, escondida, ignorada de todos. Él se las arregla muy bien para ser discreto. Además, los que sospechan tienen miedo de indagar; nadie se atreve a descubrir el punto débil de Edmundo Budiño, institución nacional.
Su relación con Gloria signe siendo egoísta hasta hoy, cuando él tiene 68 años y hace tres que se acabó el sexo; ella tiene 41. Pero ante este terrible secreto que sólo ella posee, él se las ingenia para tomarlo no como una vergüenza, sino como un "merecido descanso". "Pasaba por alto el detalle insignificante de que su 'merecido descanso' no tenía por qué coincidir con el de Gloria; pasaba por alto que para ella no se había acabado el sexo; pasaba por alto que ella seguía exigiendo su nutrición y su juego."
"¿Es justo eso?", se pregunta ella; mas, pese a todo y a tener pretendientes a su alrededor, Gloria sigue fiel.
La conciencia de Ramón regresa insistente a la narración, con sus recuerdos, pesadillas y obsesiones: la rutina conyugal con Susana, su mujer; su anhelo por Dolly, a quien ama; el arcaico odio por su padre, renovado cada día. "Tengo que matarlo —se repite—, no hay otra salida para mí." Y se lo repite también a Dolly, mientras ella duerme, el día en que satisfizo su ilusión de tenerla.
Un día, en su oficina, Ramón ejecuta la sentencia. Prepara su proyecto, corrige los detalles, pero en el último momento se siente incapaz de hacerlo. "No puedo matarlo. Todo es más fuerte que yo: El Viejo, los lugares comunes, los tabúes de mí clase, los prejuicios." Entonces su odio apunta hacia otro objetivo, su venganza se repliega contra sí mismo: el Viejo ha vencido una vez más.
Sin embargo, el Viejo triunfa para su perdición. Su arrepentimiento es desproporcionado y tragicómico. El Viejo queda doblado, vencido, caviloso; pero el suicidio del hijo no lo conmueve. A Gloria le repugna esa actitud. Entonces se siente empujada a despreciarlo, a abandonarlo a solas con su rencor. Está harta de él, de ese viejo que sigue tan egoísta, reseco y cínico como siempre. Y ella quiere vivir. "A la mierda con él." Gloria necesita un hombre verdadero que la ame, un hombre que la use toda, en cuerpo y alma, no para apoyo del cansancio de nadie. Él llora en silencio. Gloria finalmente toma una decisión. "Luego suena el portazo."
Construida con una estructura original cuya acción está cortada por monólogos, reflexiones, recuerdos, diálogos, que dan idea del paso del tiempo y arman la trama de la obra, esta novela llena de perspectivas emocionales y subjetivas, de lenguaje preciso, es una de las mayor madurez de Mario Benedetti.

LOS PEQUEÑOS SERES

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Autor: Salvador Garmendia, narrador; n. 1928.
Otras obras: Los habitantes, Día de ceniza, La mala vida, Memorias de Alta Gracia (novelas); Doble fondo, Difuntos, extraños y volátiles, Los escondites (cuentos).
Género y corriente: Novela realista moderna.
Estructura: Está integrada por 13 capítulos sin número ni títulos.
Sinopsis: Cierto día por la mañana, el superintendente Mateo Martán, está anudándose la corbata ante el espejo y habla consigo mismo mientras se prepara para asistir a los funerales de su jefe de oficina; pero advierte que "su voz se quedaba flotando en el aire del cuarto como si nadie la hubiera absorbido". Mateo piensa en voz alta en el difunto y en el significado de este suceso; la muerte del jefe representará para el subordinado un ascenso que lo acerque a la culminación de su carrera como funcionario dentro de la empresa. Esta promoción lo aleja de una vida gris y monótona, pero también lo aparta de su realidad porque, de inmediato, su forma de ser se identifica con la del muerto; es decir, su vida rutinaria de oficinista va a sufrir un desequilibrio provocado por el cambio brusco que rompe con la alineación de años de obediencia.
La de Mateo Martán ha sido una existencia aburrida durante la cual siempre ha querido destruir sus relaciones con el mundo que le rodea.
Las frases y los comentarios escuchados durante el funeral de su jefe hacen visualizar a Mateo su propia invierte. Al darse cuenta de que es un ser inevitablemente destinado a morir, se le evidencia el vacío de su vida burocrática. Los impulsos que le hacen vivir se van a manifestar de otra manera. Se altera, se desconcierta, borra su cuadro de valores establecidos. El empleado gris se transforma y huye de las miradas de su familia, formada por Amelia, su esposa, y su hijo Antonio, porque también ellos ahora son ajenos a la nueva realidad de Martán.
Durante el largo día en que transcurre la acción de la novela, Mateo Martán sufre una metamorfosis gradual; se extravía en el cementerio donde "todo lo que su vista podía alcanzar ahora era un espacio solitario, dilatado en la multiplicación de pequeñas tumbas. Había perdido el camino y se encontraba desorientado".
Existe en Mateo la necesidad de pensar, de recordar hechos que le han sucedido, de expresarse en un soliloquio como si estuviera ante un auditorio que, sin embargo, no lo escucha. Busca a través de la memoria su tiempo y su pasado, mas su pensamiento es recurrente y llega al mismo recuerdo más de una vez.
Mateo entra en un bar y al principio el alcohol libera sus recuerdos, pero luego lo envuelve en una "confusión de aturdimiento". Imagina que se halla de nuevo en la funeraria donde se ve a sí mismo tendido en medio de la sala, "sobre un lecho de flores y molduras de felpa. Mi cabeza reposa en la almohadilla y me han vestido de pies a cabeza —impecablemente— con mi mejor traje azul [...] Lo importante es que ahora no existo. Esto es algo que no puedo explicar con claridad".
Mientras mentalmente está representándose su propio funeral, alguien lo sacude y retorna a la realidad, a sus ocupaciones cotidianas; con inquietud piensa de nuevo en su mujer y en su trabajo, pero no tiene la suficiente voluntad para aceptar el mundo real que lo rodea y retorna a su casa.
"¿Qué pasará allá adentro?", se pregunta escondido detrás de un árbol. Quiere observarlo todo sin ser visto, pasearse entre sus cosas, "hablarle a Amelia como si yo fuera otra persona y saber lo que piensa, las cosas que dice; despedirme después de una larga conversación."
Mateo Martán vuelve a vagar, las calles se suceden sin tregua. Camina sin objeto, se mezcla entre la gente. Mientras, su esposa empieza a organizar su vida pensando en la ausencia definitiva de Mateo y preparando a su hijo en la realidad monótona y rígida de siempre. Mateo se tiende debajo de un árbol y cierra los ojos. Y así se queda, "tendido debajo del mundo", pensando, recordando, durmiendo... mientras una voz lejana comienza a llamarlo por su nombre.
Los pequeños  seres, primera novela de Salvador Garmendia, publicada en 1959, se estructura con soliloquios que no se detienen en el monólogo interior; el protagonista sabe que alguien lo escucha. El autor revela una concepción original de la narrativa: una exploración constante y audaz de los procesos subconscientes de la convivencia humana, de la violencia y sensualidad que entraña la gran urbe. Garmendia inaugura así el tema de la alienación ciudadana en la novelística de su país.
La prosa de Salvador Garmendia es lúcida y dúctil, sin distorsiones del lenguaje. Por otra parte, Mateo Martán es un personaje convincente y con estos méritos se justifica el lugar que ocupa esta obra en la novelística hispanoamericana.

DOÑA BARBARA

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Autor: Rómulo Gallegos, narrador y político; 1884-1969.
Otras obras: El último Solar [también conocida como Reinaldo Solar], La rebelión, Los inmigrantes, La trepadora, Cantaclaro, Canaima, Pobre negro, El forastero, Sobre la misma tierra, La brizna de paja en el viento, La doncella y el último patriota (novelas); Los aventureros, La rebelión y otros cuentos, Cuentos venezolanos (relatos).
Género y corriente: Novela regionalista.
Estructura: Está dividida en tres partes: las dos primeras constan de 13 capítulos numerados y nominados cada uno; y la última de 15, también numerados y titulados.
Sinopsis: Santos Luzardo, hombre criado en la ciudad, joven, culto y con ideas avanzadas, se dirige a sus posesiones del llano donde había nacido.
Doña Bárbara, que se convertirá en la principal enemiga de Luzardo, lo ha hecho seguir por El Brujeador, su guardaespaldas preferido, que pertenece a la pandilla de El Miedo, nombre de la hacienda de esta mujer.
Estos crueles y a la vez sumisos bandoleros eran los encargados de asesinar a mansalva a cuantos intentaran oponerse a los designios de aquella señora terrible y hombruna.
Doña Bárbara tenía fama de ser una "devoradora de hombres", a quienes hechizaba con brebajes, pues era ducha en brujerías.
En una época anterior, las familias más poderosas de la región, los Luzardo y los Barquero, se desangraban en una lucha sin cuartel disputándose la posesión de la vieja hacienda de Altamira.
Al enviudar, la madre de Santos Luzardo abandona el llano y huye con su hijo a Caracas para educarlo en otro ambiente y evitar así la muerte del único sobreviviente de la familia.
Al morir la señora Luzardo, Santos se propone vender la hacienda e irse a vivir a Europa. Pero, antes, investiga la situación de sus propiedades.
Altamira ya no era la de antaño. Los administradores descuidaban sus tareas y doña Bárbara, la cacica del Arauca, mediante soborno, cohecho, violencia y crímenes, poco a poco se había ido apoderando de la tierra aledaña. Entonces Santos resuelve ir a Altamira para "meterse en aquella tierra a luchar, a defender sus propios derechos y también los ajenos, atropellados por los caciques del llano como doña Bárbara; a luchar contra el desierto, que no dejaba penetrar la civilización [ ... ] Luchar contra doña Bárbara no sería solamente salvar Altamira, sino contribuir a aniquilar para siempre las fuerzas que retardaban la prosperidad de la inmensa llanura del país".
La abusiva mujer había sido "fruto engendrado por la violencia del blanco aventurero en la sombría sensualidad de la india, su origen se perdía en el dramático misterio de las tierras vírgenes." Sus primeros recuerdos se remontaban a su existencia nómada en una piragua de contrabandistas, borrachos y asesinos, donde servía como cocinera; tenía quince años. El único amor que entonces encontró fue el de Asdrúbal, quien le enseñó a leer y escribir; pero el joven murió asesinado. Luego de eso, los contrabandistas se rebelan, dan muerte al capitán de la piragua y violan a la muchacha. El piloto de la nave, un viejo indio que conocía a la madre de la joven, la salva de ser vendida a un turco rico, sádico y leproso. Con él debe seguir vagando por el río, sin encontrar un sitio para ella. Aquel episodio la marcó para siempre.
Dura, maligna, de belleza sensual y ardiente, pero llena de sombrío rencor hacia los hombres, se inicia en las artes diabólicas para inflamarlos de lujuria y aniquilar su voluntad. Este es el ingrediente mágico, autóctono, de toda novela regionalista, y otro de los temas centrales de la obra.
Cierto día, Bárbara conoce a Lorenzo Barquero quien, abandonando todo en Caracas —novia, estudios, sociedad—, había tomado el camino del llano para ir a remediar la tragedia en que se hallaba sumida su familia. Fue un amor salvaje. Bárbara descargará en Barquero todo el odio reprimido y el rencor acumulado contra los hombres. No obstante, tuvieron una hija a quien llamaron Marisela, "pero ella no quiso ni verla y menos aún amamantarla". Él, víctima de aquella mujer insaciable y vuelto una piltrafa humana, borracho y agotado por los brebajes que ella le daba, sale de su propia casa despojado de sus tierras por doña Bárbara, quien con ellas funda la hacienda El Miedo y comienza una nueva vida, en la que seduce a sucesivos pretendientes, los arruina y, si es necesario, los asesina sin miramiento alguno.
A esa fuerza implacable debe enfrentarse Santos Luzardo para recuperar su hacienda. Para colmo de males, Balbino Paiba, bandido y amante de doña Bárbara, es el mayordomo de Altamira. Al ver el estado de la hacienda, Luzardo se queda. Su terrible vecina cambia su ropa varonil por una más femenina y se propone conquistarlo.
Santos visita a Lorenzo Barquero y conoce a Marisela, abandonada a la miseria junto con su padre. El joven advierte la belleza de la muchacha y le habla con cariño. Ella siente despertar un sentimiento desconocido.
Santos avisa su propósito de cercar sus tierras, tanto a doña Bárbara como a míster Danger, un norteamericano soberbio e insolente. El yanqui se opone. Su historia también es turbia. Llegó al llano y ocupó por la fuerza las tierras que habían sido de los Barquero. Doña Bárbara no lo echa porque él había sido testigo de la muerte de uno de sus amantes.
Para ponerlos a salvo de la influencia del gringo, Santos lleva a Marisela y a Lorenzo a su casa de Altamira. Los celos de doña Bárbara aumentan; Marisela se entera de que su madre piensa embrujar a Santos y se le enfrenta. Él interviene y nada sucede.
Uno de los peones más fieles de Luzardo aparece muerto. Doña Bárbara sospecha de Balbino Paiba y, cuando tenga pruebas de su culpabilidad, planea entregarlo a Santos para ganarse la confianza de éste; pero él la cree culpable y le declara la guerra.
Mientras tanto, Marisela se marcha de la hacienda de Santos porque está enamorada de él y piensa que aspirar a su amor es pretender un imposible. Al mismo tiempo, se siente triste y angustiada por la salud de su padre y quiere encargarse de curarlo; pero don Lorenzo muere sin que ella pueda evitarlo.
Los acontecimientos se precipitan a partir de este momento. Santos es emboscado por el Brujeador, pero aquél le da muerte. Doña Bárbara, en otra muestra de respeto por Luzardo y tratando de granjearse su adhesión, culpa a Balbino Paiba y lo hace matar.
Santos Luzardo, seguro ya de sus sentimientos, propone matrimonio a Marisela. Doña Bárbara, despechada, no se da por vencida; llena de intenciones siniestras monta a caballo y se encamina a Altamira. Va decidida a matar a su hija, pero en el último momento le faltan las fuerzas, se arrepiente y baja el arma. "Un sentimiento, maternal, desconocido hasta entonces, tomó cuerpo en ella."
A la mañana siguiente, doña Bárbara envejecida, absorta, sombría, al paso sosegado de su caballo se aleja para siempre de El Miedo.
Así, en forma vaga, sin que nadie sepa dónde se ha marchado, desaparece la cacica del Arauca.
La dramática historia del enfrentamiento entre civilización y barbarie termina con la victoria idealizada del bien sobre el mal.
Doña Bárbara es la obra cumbre de Rómulo Gallegos, la cual lo consagró en 1929 como un excelente escritor continental.
Fue el primero en lograr una novela perfecta y vasta. Empleando sólo elementos típicamente venezolanos para su elaboración, elevó la literatura latinoamericana a una altura similar a la europea.
Múltiples son los valores de esta obra: estructura adecuada, prosa que denota a un verdadero maestro en el género, agudeza psicológica para la creación de personajes, sensibilidad para descubrir y transmitir la poesía del paisaje sin desvirtuar el apego a la realidad. La suma de todas estas cualidades literarias es más que suficiente para explicar y justificar el prestigio de que goza esta novela.

CASAS MUERTAS

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Autor: Miguel Otero Silva, poeta, narrador y periodista; 1908-1985.
Otras obras: novelas: Fiebre, Oficina número uno, La muerte de Honorio, Cuando quiero llorar, no lloro, etc. (novelas); Agua y cauce, 25 poemas, etc.(poesía) y numerosos ensayos.
Género y corriente: Novela realista.
Estructura: Está dividida en 12 capítulos nominados.
Sinopsis: Carmen Rosa, novia de Sebastián, regresa a su casa luego del entierro de su amado, y se refugia en su jardín, el único sitio del pueblo donde todavía puede admirarse la belleza de plantas bien cuidadas, confirmación definitiva de la decadencia del pueblecito, pues "no quedaba a los habitantes de Ortiz sino la resignada espera del acabamiento".
Antes de que Carmen Rosa naciera, Ortiz había sido un pueblo vivo. A través de los recuerdos de los mayores, la niña intentaba reconstruir el pasado y revivir la gloria del lugar, entonces-muy distinto a las actuales ruinas.
El padre de la chica, antaño hombre activo y trabajador, enferma de fiebres y nunca recobra la cordura ni la fuerza.
A partir de ese momento, la madre, antes consagrada por entero al esposo, se dedica a sus hijas Carmen Rosa y Marta. La joven ni siquiera terminó la primaria a pesar ser la más inteligente de las alumnas de la señorita Berenice, única maestra para niñas que hay en el pueblo.
Carmen Rosa conoce a Sebastián un día de santa Rosa. Él había ido al pueblo de Ortiz a la pelea de gallos, en la cual el suyo ganó de tal forma que lo enemistó con su adversario, el coronel Cubillos, jefe civil de Ortiz.
Era la época de la dictadura de Juan Vicente Gómez. Varios estudiantes presos son llevados a cumplir condenas de trabajos forzados, hecho realmente ocurrido en Venezuela alrededor de 1930, y pasan por Ortiz a bordo de un autobús.
Solamente Sebastián y el señor Cartaya, masón y liberal, se atreven a brindarles alguna ayuda. Desde ese momento, Sebastián comienza a inquietarse por la situación política del país.
Por su compadre Feliciano, el joven se entera de que en El Sombrero se prepara un alzamiento para liberar a los estudiantes y él se adhiere al movimiento. Pero el complot es descubierto, Feliciano huye y Sebastián se va en busca de las guerrillas de Arévalo Cedeño para unirse a ellas.
Entre tanto, el coronel Cubillos manda preso a Pericote, el trovador de Ortiz, para poder acercarse libremente a Petra Socorro, quien vivía con el músico. Cartaya se indigna y en seguida se presenta a protestar por tal detención, pero no obtiene respuesta.
Con la estación de lluvias regresan las fiebres palúdicas y muchos orticeños pierden la vida por esa causa. Sebastián, que llega de Parapara a visitar a su novia Carmen Rosa, contrae la enfermedad y muere. A sus amigos no les queda sino resignarse, pero Carmen Rosa, que no conoce el conformismo, se va a fundar un pueblo al oriente, donde acaban de hallar petróleo. Su madre se conforma con seguirla y sólo en el señor Cartaya encuentra Carmen Rosa palabras de aliento para su arriesgada empresa.
La señorita Berenice, a quien las fiebres habían arrebatado los pocos alumnos que tenía, queda encargada de cuidar la casa y el jardín de Carmen Rosa. Con la partida de la joven se cierra la obra. Ella se marcha, dejando atrás toda su vida, para no ser una víctima más de la desidia y de las fiebres que imperan en ese pueblo de casas muertas.
En esta novela, publicada en 1955, se aprecia ya la preocupación social, que es bastante visible en toda la obra posterior de Otero Silva.
Asimismo, el lenguaje realista que el autor domina a la perfección, contribuye al carácter de denuncia casi testimonial que singulariza a su literatura.
La tragedia de los habitantes del llano venezolano adquiere en Casas muertas dimensiones extraordinarias, lo cual, unido a sus indiscutibles valores literarios, hacen que ella ocupe un lugar de importancia dentro de las letras latinoamericanas.
El título de la novela alude a Ortiz, donde transcurre la historia, pequeño pueblo fantasma del llano de Venezuela habitado casi por inercia.

viernes, abril 01, 2011

EL ASTILLERO

EL ASTILLERO.docx
Autor: Juan Carlos Onetti, narrador; n. 1909.
Otras obras: El pozo, Tierra de nadie, Para esta noche, La vida breve, Los adioses, Una tumba sin nombre, La cara de la desgracia, Junta cadáveres, La muerte y la niña, Cuando entonces, Dejemos hablar al viento (novelas); El infierno  tan temido, Un sueño realizado, Tan triste como ella, La novia robada y otros cuentos, Jacob y el otro, etc. (cuentos).
Género y corriente: Novela existencialista.
Estructura: Está compuesta por 18 capítulos nominados y algunos subdivididos.
Sinopsis: Luego de permanecer cinco años en el exilio, "el olfato y la intuición de Larsen, puestos al servicio de su destino, lo trajeron de vuelta a Santa María para cumplir con el ingenuo desquite de imponer nuevamente su presencia a las calles y a las salas de negocios públicos de la ciudad."
A su andar lento, cansino, sirven de escenario la lluvia constante, la noche, el frío y Santa María, ciudad construida por la imaginación y la memoria de Onetti. En ella se encuentra el astillero, lugar donde no se puede ya reparar ningún barco, como no se puede restaurar tampoco ninguna personalidad.
El sitio se encuentra abandonado, en ruinas; es una realidad sórdida y degradada que atrapa y hunde a todos los actores que allí aparecen.
Así como la ciudad es creación de Onetti, también son suyas las reglas del juego, sin que él se digne evidenciarlas, al lector.
Conforme Larsen, con el afán de ser descubierto, camina por las calles de Santa María, se van suministrando pequeñas dosis de observaciones exteriores y de palabras interiores, a modo de pistas dejadas por Onetti.
El dueño del astillero es Petrus —viejo delirante y hombre de negocios—, quien finge que la empresa está a punto de funcionar nuevamente. En ella trabajan sólo un administrador y un gerente técnico, en cambio el lugar está lleno de ratas y cucarachas.
Larsen se propone ocupar el puesto de gerente general del astillero, porque ello representa la oportunidad de dar un sentido a su vida; es un último esfuerzo por recuperar la esperanza, como manera de huir de la soledad y de la conciencia de la vejez y de la muerte.
Larsen habla con el viejo Petrus y en la entrevista empieza a descubrir su propia degradación moral: "Entonces [_] comenzó a aceptar que era posible compartir la ilusoria gerencia de Petrus Sociedad Anónima con otras formas de mentira que se había propuesto no volver a frecuentar."
Larsen se sorprende con los empleados que fingen trabajar en aquel astillero, reducido sólo a un cúmulo de chatarra oxidada; sitio en donde la única actividad existente es la venta ilícita de maquinaria inservible, sin que el dueño se dé por enterado.
De este modo, la novela crea un mundo ficticio y falso. Se inventan proyectos, relaciones, esperanzas. Todos los personajes saben que juegan a engañarse y están renuentes a explicar viejas cuestiones, llevando a cuestas el peso de una fatalidad, prevista pero imposible de disipar.
Así, tanto Larsen como Gálvez —administrador del astillero— o Kunz —gerente técnico— participan en este juego y simulan mantener la actividad del inexistente negocio. Además, hasta la descripción de los objetos completa la desolación de los hombres. Todo está sucio, podrido o viejo.
El protagonista se mueve entre la ciudad y la casa de Petrus, en donde conoce a Angélica Inés, la hija idiota de éste, y a la sirvienta de ella, Josefina, a través de las cuales pretende recuperar el amor.
La posible salvación de Larsen empieza a desvanecerse en cuanto Gálvez entrega a las autoridades un documento apócrifo bastante comprometedor para Petrus, y termina con lo poco que todavía queda del astillero.
Larsen es devuelto a su soledad cuando, poco a poco, fracasa en su intento de enamorar a Angélica Inés quien, por su deficiencia mental, no capta el sentido del amor, y el protagonista se hunde todavía más al ver que la única persona con la cual pudiera existir alguna posibilidad de acercamiento —la mujer de Gálvez— aparece repelente ante sus ojos: primero por el embarazo y, al final de la novela, por el alumbramiento.
Larsen queda nuevamente solo y sin fe.
Mediante el simulacro de actividad, lucha por crearse cierta ilusión de vida, pero eso en él es otro modo de evasión. La realidad lo golpea con dureza cuando Gálvez se suicida y todo se desmorona a su alrededor.
Al ir a visitar a Angélica Inés no logra verla porque está enferma y no puede recibirlo. Allí termina la ilusión que en torno a ella se había creado. Solamente queda entonces Josefina, con quien esa misma noche —ambos borrachos— tiene una relación meramente física.
Larsen se da cuenta entonces de que sólo con ella puede entenderse porque es su igual; es decir, es el espejo ante el cual tiene conciencia de que se halla "en el centro de la perfecta soledad". Esto es sinónimo de la inutilidad de toda farsa y Larsen huye.
La metáfora del sin sentido de la vida está presente en ésta, como en la mayoría de las obras de Juan Carlos Onetti. Cada uno de sus personajes es la comprobación de la soledad creciente que padecen, de la soledad y extrañeza en que está inmerso todo ser humano.
En El astillero no importan los hechos, sino las tensiones, la atmósfera, las relaciones.
Desde un punto de vista técnico, el desarrollo narrativo de la trama es moderno y singular.
En las novelas de Onetti sólo existe incertidumbre, acciones ambiguas, hechos que aceptan varias versiones; todo está dado a través de un narrador omnisciente, monólogos interiores y reflexiones.
La obra tiene un final abierto que queda en manos del lector. Fue publicada en 1961.

lunes, marzo 21, 2011

LA CASA INUNDADA

LA CASA INUNDADA.docx

Felisberto Hernández, novelista; 1902-1963.
Otras obras: Fulano de tal, Libro sin tapas, La cara de Ana, La envenenada, Por los tiempos de Clemente Colling, El caballo perdido, Nadie encendía las lámparas (novelas); Tierra, de la memoria, Las hortensias (novelas póstumas) y relatos.
Género y corriente: Cuento surrealista.
Estructura: No presenta divisiones.
Sinopsis: Todo empezó cuando Alcides, el novio de la sobrina de la señora Margarita, la protagonista, halló al narrador pobre y hambriento: "Alcides me encontró en Buenos Aires en un día que yo estaba muy débil, me invitó a un casamiento y me hizo comer de todo." En esa misma oportunidad se empeñó en conseguirle empleo y, "ahogado de risa", le habló de Margarita, una "atolondrada generosa" que podía ayudarlo a superar esa crisis.
Mar garita era una viuda que había mandado inundar una casa, "según el sistema de un arquitecto sevillano que también inundó otra para un árabe que quería desquitarse de la sequía del desierto", pero nadie sabía el motivo de tan extravagante idea.
Cuando la viuda, un poco rara y trastornada, se enteró del asunto, se constituyó en mecenas del escritor, "y en el verano próximo, si yo sabía remar, me invitaría a la casa inundada".
Y así sucedió, en efecto. Pero además de aquel requisito tan extraño e incomprensible, la señora Margarita pedía también al pobre de Alcides, como, única condición, que él escuchase la historia que algún día ella tal vez le contaría. "Quisiera que usted estuviera tranquilo en esta casa; es mi, invitado; sólo le pediré que reme en mí bote y que soporte algo que tengo que decirle. Por mi parte, haré una contribución mensual a sus ahorros y trataré de serle útil. He leído sus cuentos a medida que se publicaban."
La descripción que el autor hace de la exótica y extraña casa es de una fantasía fuera de lo común. En un pequeño atracadero empezaba el canal, "la avenida de agua"; desde allí, tocando la campana colgada de un plátano, de la casa se "desprendía" un bote verdoso que venía a buscar a los visitantes, tripulado por un hombre de blanco. El frente de la casa estaba cubierto de enredaderas. Al llegar a ella, el botero ató la soga de la barca "a un gran sapo de bronce afirmado en la vereda de la derecha". Adentro, todo estaba inundado, menos una fuente central llena de tierra y plantas que semejaba una isla. Por otra parte, según se enteró por el botero, la señora Margarita "no quiere que tiren papeles ni ensucien el piso de agua Esa primera noche, en la casa inundada, estaba intrigado con lo que la señora Margarita tendría que decirme, nie vino una tensión extraña y no podía hundirme en el sueño."
Al día siguiente conoció a la dueña de la casa. "Era muy gruesa y su cuerpo sobresalía de un pequeño bote como un pie gordo de un zapato escotado." Desde entonces, y durante muchos días, él se dedicó a pasearla en lancha alrededor de la pequeña isla de plantas, "colocado detrás del cuerpo inmenso de la señora Margarita", esperando con enorme curiosidad la historia prometida.
En varias ocasiones le pareció que ella iba a hablar de la cuestión, sin embargo "sólo se deslizaban en el silencio del agua". Finalmente, luego de días de resignación y aburrimiento, llegó la tan ansiada historia, muy distinta a la que él se había imaginado.
Cuatro años antes, en el patio del hotel de una pequeña ciudad italiana donde ella se hospedaba, vio de pronto una fuente de agua que ora le parecía una mirada falsa en la cara oscura de la fuente de piedra; ora que la veía inocente o que la llevaba en los ojos, y entonces caminaba con cuidado para no agitarla; o también le parecía que era poca, sucia, y que el agua la observaba, algunas veces, por entre hojas que no alcanzaban a nadar; otras ocasiones, sintió que alguien quería comunicarse con ella y que había dejado un aviso en el agua y por eso ésta insistía en mirar y ser mirada; cuando veía al agua distraída, pensaba que no le daría ningún aviso ni la comunicaría con nadie.
A partir de entonces pensó que nunca debía abandonar el agua, porque ésta era como una niña que no podía explicarse. Además, por primera vez, también supo que se deben cultivar los recuerdos en el agua, pues ésta elabora lo que en ella se refleja y recibe el pensamiento; el agua lo penetra y él nos cambia el sentido de la vida. La señora Margarita concluyó diciendo: "El agua es igual en todas partes y yo debo cultivar mis recuerdos en cualquier agua del mundo."
Esa noche, antes de dormir, él se dio cuenta de que había pensado demasiado en la señora Margarita y, a veces de manera culpable, se identificó con ella en sus ideas, le atrajo "como una gran ola, no me dejaba hacer pie" y él no podía defenderse; hasta se imaginó "cómo sería yo casado con ella". Indudablemente, sus amigos dirían que lo hizo por dinero, y sus antiguas novias se burlarían de él al verlo caminar detrás de esa inmensa mole que sería su mujer. Pero eso a él no le hubiera importado. Por otra parte, cuando la señora Margarita le pidió que se fuera unos días a Buenos Aires, mientras ella, limpiaba la casa, él se sintió muy triste y desanimado.
En cuanto recibió la orden de volver, "me lancé a viajar con una precipitación salvaje". La mañana que llegó era radiante y habían puesto plantas nuevas en la casa, "pero sentí celos de pensar que allí había algo diferente a lo de antes". La señora Margarita volvió a su historia luego de ayunos días, aunque sin agregar nada nuevo.
Finalmente, una noche, lo hizo partícipe de un extraño rito: ella parecía asistir a su propio velorio, acostada en su cama y a su alrededor velas que arrastraba una corriente de agua- Él, en silencio, tomó el bote y se alejó remando hasta su cuarto. Esa misma noche, aunque más tarde, la señora Margarita lo volvió a llamar y retomó su historia. Lo que más quería —le explicó— era comprender el agua. Luego, contra su costumbre, ella le tendió la mano al despedirse.
Al día siguiente, cuando fue a la cocina, alguien le entregó una carta; en ella, la señora Margarita le decía que daba por terminados sus servicios y que podía regresarse a Buenos Aires. "Le tomé simpatía y por eso quise que me acompañara todo este tiempo; de lo contrario, le hubiera contado mi historia en seguida y usted tendría que haberse ido al otro día; gracias por su compañía y que sea feliz, creo que buena falta le hace." Terminaba la carta diciendo que le dedicaba su historia a José, "esté vivo. o esté muerto", y con ello se cierra la narración.
Este cuento es bastante extenso y muy raro, con ribetes alucinantes que nos hacen pensar en las situaciones absurdas de los personajes kafkianos. La historia, narrada en primera persona y a modo de recuerdo, está fuera del tiempo, pero lleno de asociaciones, lo que ha abierto nuevos caminos narrativos a la literatura moderna.
Según la crítica, Filisberto Hernández es un escritor que no se parece a ningún otro, ni europeo ni latinoamericano, pues escapa a toda clasificación y encasillamiento. La casa inundada es un ejemplo de ello.

LA CARRETA

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Autor: Enrique Amorim, narrador y poeta; 1900-1960.
Otras obras: Tangarupá, El paisano Aguilar, El caballo y su sombra, La luna se hizo con agua, El asesino, desvelado, La victoria no viene sola, Todo puede suceder, Corral abierto, Los montaraces, La desembocadura, Eva Burgos [póstuma] (novelas); La trampa del pajonal, Del uno al seis, Temas de amor, Los pájaros y los hombres, Amorim, Las quitanderas, Después del temporal (cuentos) y libros de poemas.
Género y corriente: Novela realista.
Estructura: Está dividida en 15 capítulos.
Sinopsis: Después de haber atravesado pantanos y caminos, fiestas y guerras, el carromato detiene su movimiento y cambia de forma: "La carreta, apenas separados los bueyes, tomó las apariencias de una choza. Echó una raíz [ ... ] Parecía un rancho de dos pisos". Sin embargo detenida, sin su acostumbrado traqueteo sinónimo de vida, la carreta no puede seguir existiendo, porque "a los tres días un tropero se llevó los bueyes [...] Desde aquel momento la carreta empezó a hundirse en la tierra."
Durante la primera etapa de su viajar, la carreta es el medio de transporte y hogar de un pequeño circo. Matacabayo, envejecido atleta, se une con sus dos hijos a la tropa nómada, atraído por la cincuentona Secundina.
El circo, en apuros financieros, se transforma paso a paso en burdel ambulante. El director don Pedro, el artista Kaliso y el Flaco Sebastián resienten la nueva ocupación de las mujeres —las hermanas Clorinda y Leonina Felipe y las "chinas pasteleras" Rosita, Petronila y Leopoldina, entre otras— y organizan una burla a costa de ellas, lo cual provoca la disolución del circo. El director, Leonina, Sebastián y Kaliso se quedan en el lugar, mientras la carreta y los demás continúan su viaje.
Secundina se erige en la "mandamás" de las ahora prostitutas, manejando junto con Matacabayo el nuevo negocio. De fiesta en fiesta por pueblos y rancherías, la carreta cambia de pasajeros a medida que prosigue su marcha.
Clorinda, Rosita y Secundina desaparecen, en tanto que otras figuras —la joven Florita y los brasileños Paujuan, organizadores de carreras de gatos, y Brandina— surgen al escenario. Más tarde muere Matacabayo, en su intento por reunir en el viejo carromato a un caudillo revolucionario y a su novia.
"Misia Rita", protegida del viejo tropero Marcelino Chávez, es ahora la dueña de la carreta.
Las prostitutas llegan a conocer, con el correr de los años, el universo masculino del campo uruguayo, hombres de todas las clases sociales y caracteres singulares: Marcelino Chávez, quien perdió a su esposa y "desde hace tiempo no lo puede hacer"; el ranchero don Cipriano, "frío e indiferente con las mujeres"; comisarios como Nacho Generoso, que disfrutan los servicios de las prostitutas para luego, cansados de ellas, expulsarlas del pueblo; un capitán enfurecido por el rechazo de una de las "quitanderas" quien, en venganza, deja que sus seis marineros la violen; el tímido marica Correntino, hijo de la "mandamás" sin que él lo sepa, que se hace hombre en brazos de Petronila, pero otra vez se vuelve mariquita luego de la despedida de su amante; el ranchero don Caseros, "animal manso, mañoso y cachaciento", quiere desflorar a Florita, pero fracasa ante el comportamiento infantil de la treceañera; Luciano, "paisano decidido y valiente", quien finalmente desvirga a Florita...
Chiquiño, hijo de Matacabayo, al unirse con Leopoldina y llevar una pacífica existencia ranchera, tiene su propia vida fuera del vetusto vehículo, sin embargo, la vida de la pareja toma un giro trágico por la infidelidad de ella y los celos de él. Leopoldina lo engaña con el vecino Pedro Alfaro, y Chiquiño en venganza "...le asestó una puñalada que tumbó a Alfaro del caballo "; luego, "con un tajo de oreja a oreja, separó del cuerpo la cabeza de su enemigo. En el barro fresco, a pocos pasos de su rancho, quedó tendido el cuerpo de Alfaro". Pero posteriormente Chiquiño vuelve, levanta el cadáver y lo arroja en el chiquero; las bestias se lo pelean a dentelladas y "en un segundo, andaban las piernas de Pedro Alfaro por un lado, los brazos por otro." Cuando regresa a su rancho, donde halla "a su china dormida boca abajo, hundida en el sueño, como él en el crimen", no le hace nada.
Luego de seis años de cárcel, muerta entre tanto Leopoldina, Chiquiño se enfurece y angustia ante el rumor de que su mujer había deseado ser enterrada con el cuchillo de Pedro Alfaro. Como aún la quiere a su modo, busca la tumba de "la finadita" para desenterrar su cadáver y lavar cuidadosamente los huesos en las límpidas aguas de un arroyo, pues "él debía arrancar a su china de las uñas del diablo". Finalmente, Chiquiño muere a manos de dos  pantaneros", sus rivales de trabajo.
El fin de la carreta se acerca con la muerte de "Misia Rita", la "mandamás", cuando el turco Abraham José, en ausencia de Chávez, la envenena para adueñarse de Brandina.
La caravana se disuelve. El turco vende por su cuenta los bueyes. Sin ellos, la carreta se detiene para siempre y se convierte en rancho. Allí se quedan a vivir Abraham José y Brandina; Petronila se va con un sargento; en tanto que el viejo tropero, Marcelino Chávez, se lleva consigo a Rosita rumbo al Brasil.
La obra se cierra con la visión de la pareja que, montada a caballo, sigue "el camino interminable, bajo el claro signo de un cielo altísimo y azul".
De moderna estructura abierta, estilo sencillo y ágil, salpicado del habla campesina que el autor intercala en los diálogos, y con una trama cuya unidad de acción se centra en la simbólica figura lenta y maltrecha del viejo carromato, la obra posee el encanto de una lectura fácil y amena.
Obra publicada en 1929, se ambienta en el campo uruguayo. Sus personajes llegan y desaparecen en los llanos lugareños, pero la imagen simbólica de la carreta, llena de significado a partir de la carga humana que transporta, está presente de principio a fin de la novela. Ella es la protagonista de la obra.
Dentro de la carreta se desenvuelven todos los avatares de la vida; de hecho, el carro simboliza la vida misma. El vehículo avanza con parsimonia: "Pasó la carreta. Tan lento era su andar que cambiaban antes las formas de las nubes que de sitio su lomo pardo. Se diría que la iban arrancando a tirones de la tierra, aferrada a ella. Una piedra grande, tirada por una yunta de bueyes." A la sombra de la carreta crecen, aman, trabajan y mueren tanto hombres, como mujeres.
La carreta, sin entrar en honduras psicológicas ni análisis sociales, describe las costumbres y el modo de vida marginales de ciertos grupos rurales uruguayos a principios de siglo.

EL HIJO

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Autor: Horacio Quiroga, narrador y periodista; 1878- 1937.
Otras obras: El crimen del otro. Cuentos de amor, de locura y de muerte, Cuentos de la selva [para niños], El salvaje, El desierto, Los desterrados, Más allá, (cuentos), historia de un amor turbio, Pasado amor (novelas); Los perseguidos (novela corta); Los arrecifes de coral (prosa y verso); Suelo natal (lecturas escolares para 42 grado), etcétera.
Género y corriente: Cuento realista.
Estructura: No presenta divisiones.
Sinopsis: "Es un poderoso día de verano en Misiones, con todo el sol, el calor y la calma que puede deparar la estación". Un niño de trece años sale a cazar a la selva; lleva una escopeta y los bolsillos repletos de cartuchos. Su padre le aconseja que tenga mucho cuidado y regrese al mediodía para comer. En el diálogo se pone de manifiesto la incansable preocupación paterna y la inconsciencia infantil y risueña del chico. El muchacho se despide con un beso y parte. "Su padre lo sigue un rato con los ojos, y vuelve a su quehacer de ese día, feliz con la alegría de su pequeño."
El padre sigue también con el pensamiento el recorrido de su hijo por el monte: la picada roja, el abra de espartillo, la linde de cactos, el bañado. El hombre está orgulloso y satisfecho de su vástago. Lo ha educado para que pueda valerse por sí mismo, haciéndole tomar conciencia de los peligros que acechan en la selva, por eso lo ha adiestrado para luchar contra la naturaleza, que en ese ambiente sobrecogedor y salvaje significa luchar en defensa de la propia vida. Para ello ha debido vencer no sólo sus sentimientos paternales, sino también otras preocupaciones que lo atormentan, "porque ese padre de estómago y vista débiles sufre desde hace tiempo de alucinaciones".
De pronto, no muy lejos, suena un estampido. "Dos palomas de menos en el monte—piensa el padre—", y se abstrae de nuevo en su tarea.
y
Pasa el tiempo. El calor se acentúa, resecando la naturaleza y las mentes humanas. "El sol, ya muy alto, continúa ascendiendo. Adonde quiera que se mire —piedras, tierra, árboles—, el aire, enrarecido corno en un horno, vibra con el calor."
El padre se inquieta y echa una mirada al reloj, son las doce. Su hijo debía estar ya de vuelta. Intenta tranquilizarse pero no puede. Se angustia. Las doce y media. Piensa entonces en el estampido que oyó hace tres horas. Después de ése no ha habido otros...
Desesperado, el hombre sale al monte. Lleva la cabeza descubierta, "al aire libre", lo que es campo propicio para desvaríos y alucinaciones, una mente quemada por el ardiente sol del mediodía. Sigue el trayecto acostumbrado por su hijo, pero no halla ni el menor rastro de él. Entonces una certeza desgarradora hace presa de su ánimo, "adquiere la seguridad de que cada paso que da lo lleva, fatal e inexorablemente, al cadáver de su hijo".
Cada vez más angustiado, lo busca en vano, "y vuelve a otro lado, y a otro, y a otro..." Lo llama con voz de llanto: ¡Chiquíto!". Pero a su alrededor sólo responde el silencio de la selva picada por el poderoso sol del mediodía que, sin embargo, será roto por los gritos desolados del padre que, "envejecido en diez años", poco a poco va enloqueciendo.
De pronto, al límite ya de sus fuerzas, ocurre el encuentro donde se mezclan la congoja y la felicidad. El hombre "ve bruscamente desembocar de un pique lateral a su hijo". Sí, es su Chiquito, quien al verle tan angustiado apresura el paso y se le acerca con los ojos llorosos de emoción. El padre, exhausto pero ya sereno, "se deja caer sentado en la arena albearte, rodeando con los brazos las piernas de su hijo". El niño le acaricia la cabeza. La pesadilla terminó. Ya van a ser las tres de la tarde. Y juntos ahora, padre e hijo emprenden el regreso a la casa. Por el camino dialogan familiarmente; el niño explica su tardanza; él "lleva pasado su feliz brazo de padre" sobre los hombros de su hijo. "Regresa empapado de sudor, y aunque quebrantado de cuerpo y alma, sonríe de felicidad", pero el hombre "sonríe de alucinada felicidad. Pues ese padre va solo. A nadie ha encontrado, y su brazo se apoya en el vacío. Porque tras él, al pie de un poste y con las piernas en alto, enredadas en el alambre de púas, su hijo bienamado yace al sol, muerto desde las diez de la mañana". La dolorosa realidad se pone así de manifiesto en este desenlace trágico, que contrasta con la hermosa realidad ficticia que está viviendo el padre.
El hijo, cuento escrito en su madurez, es uno de los más logrados de Horacio Quiroga. Emoción, paisaje, expectativa, juego psicológico se combinan en una trama concisa rematada por un final sorpresivo que es, según la crítica moderna, el mérito superior de un buen cuento, y Quiroga sabe cerrar con broche de oro la peripecia de su narración.
Este cuento forma parte del libro Más allá, publicado en 1934, y pertenece a la serie de los llamados por el propio autor "cuentos de monte" o "a puño limpio", relatos realistas cuyo escenario es la selva, el desierto o el monte, donde se pone de manifiesto la fuerza de la naturaleza contra la cual el hombre lucha para sobrevivir.
La narración está en tercera persona del presente, y se desarrolla en el ambiente selvático de la provincia argentina de Misiones, como la mayoría de los relatos de monte de este autor.
La anécdota es sencilla y lineal, pues el valor del cuento radica en el juego psicológico y en las emociones en que el autor ahonda y de las cuales se vale como principal móvil del relato.

CHICO CARLO

CHICO CARLO.docx

Autor: Juana de Ibarbourou, nombre literario de la poetisa Juana Fernández Morales de Ibarbourou, en 1929 le fue conferido el título de "Juana de América" por su calidad humana y artística; 1895-1979.
Otras obras: Las lenguas de diamante, Raíz salvaje, La rosa de los vientos, Loores a Nuestra Señora, Perdida, Azor, etc. (poesía); El cántaro fresco, Éjemplario, Estampas de la Biblia (prosa poética) y Los sueños de Natacha (teatro para niños).
Género y corriente: Cuento para niños.
Estructura: Consta de un prólogo y 17 relatos.
Sinopsis: Ya adulta, Susana rememora con añoranza su niñez; sucesos, paisajes, episodios sencillos y humildes que se van delineando y enhebrando a partir de los seres más queridos para ella. Entre éstos resalta con singularidad la figura de Chico Carlo, "despiadado con todos, pero de una áspera ternura para mi. Yo lo adoraba", y a quien el volumen debe el título y dos narraciones, "Chico Carlo" y "Chico Carlo y su rifle". Ambos relatos muestran la atractiva personalidad del nunca más visto y siempre añorado compañero de juegos y fantasías, que se agiganta ante la mirada infantil de Susana por su carácter seguro, orgulloso y decidido.
La vida infantil, llena de sueños y fantasía difícilmente comprendida por los adultos, nos es dada a conocer en "La mancha de humedad", donde Susana proyectaba cuanto apetecía su imaginación: ríos, árboles, monos y guacamayos, "duendes y rosas, mundos y cielos".
En "La mujer de Barba Azul", la niña imagina que en la única casa de dos pisos existente en el pueblo vive la mujer de BarbaAzul, porque todos la llaman la viuda y nunca sale a pasear; pero un buen día, Susana acompaña a su madre a dar el pésame a la viuda por la muerte de su hermana, y descubre que la verdad está lejos de su fantasía. "Se me derrumbaba mi cuento maravilloso. Perdía mi ilusión. Tuve la sensación de que me empujaban al vacío. No pude más y apoyando la cara contra el brazo de mi madre, estallé en sollozos." Por el mismo estilo es "La niña, el príncipe y el café con leche".
"La guerra nos relata cómo creen los niños que son las guerras y, para explicarse su existencia, recurren a intervenciones de magos y duendes. Quieren y buscan acabar con ellas, pero en su quimera se enfrentan con los odios entre adultos, que aun dentro de la iglesia subsisten.
Tilo, la inseparable mascota de la niña, vive en su recuerdo como un perro gracioso y fiel que despierta en la protagonista sentimientos tan tiernos y amorosos como los de la madre hacia ella, y lo defiende de su madrina —personaje a quien quiere entrañablemente—; cuando ésta se atreve a decir que el perro es feo y corriente, Susana se enoja y protesta: "No, madrinita. Tilo no es feo ni ordinario. Vino de la China. Lo trajo don Francisco Cuestas cuando fue a comprar el surtido de invierno para la tienda. Su mamá es una princesa y su ama de leche tomaba mate en una calabacita de oro con perlas."
En el relato "La nodriza y el cielo", Feliciana es la protagonista. Susana nos cuenta de su llegada a la casa familiar en calidad de nodriza, de la muerte de su hijo y del cariño que luego guarda a la familia, con quien finalmente se queda a vivir.
De cómo Feliciana le enseña a hablar una lengua mezcla de portugués y español, y cómo su infancia se puebla de duendes, que le ayudan a solucionar secretos en la vida cotidiana. Más adelante, en "Duendes de cerro Largo", se narra la relación entre Susana, Feliciana y esos duendes amigos.
La muerte vista desde los seis años resulta pintoresca y atractiva, el cementerio se equipara a la casa de los parientes más queridos; repartir flores entre las tumbas de los desaparecidos se convierte en pasatiempo semanal muy disfrutado. Las visitas al camposanto despiertan la imaginación de Susana y su amiga Margarita; lo que más desean ambas es poder comprar una corona mortuoria, y se prometen que cuando una muera la otra se la comprará. "Margarita se durmió para siempre antes de poseer ninguna, ni siquiera la primera, pues como su padre hacía gala de acendradas convicciones liberales, no pudo vestir, al igual que todas las niñas, su largo traje blanco y su velo cándido."
La capacidad de indignación y de sensible respuesta ante las injusticias del mundo se manifiestan en los relatos "La reina", donde Susana defiende a la hija de la lavandera del menosprecio de sus compañeras de juego, y "Soldado de policía", en que se relata el pleito habido entre la narradora y unos muchachitos pueblerinos.
En las frescas vivencias de Chíco Carlo, publicada en 1944, lo biográfico se transforma en asunto literario impersonal y trascendente a través del tratamiento artístico que la autora le confiere. Son relatos donde la animación y autenticidad de lo evocado —seres, hechos, situaciones, paisajes—; es decir, lo verdadero de la realidad vivida, lo cotidiano de los recuerdos infantiles, se combina con la imaginación y fantasía de esos primeros años unificando los temas de los pequeños relato integrantes de este libro.

miércoles, marzo 09, 2011

M’HIJO EL DOTOR

M’HIJO EL DOTOR.docx

Autor: Florencio Sánchez, dramaturgo y periodista; 1875-1910.
Otras obras: Puertas adentro, La gente honesta, Cédulas de San Juan, La gringa, Canillita, La pobre gente, Barranca, abajo, Mano santa, Los muertos, En familia, El desalojo, El pasado, La tigra, Moneda falsa, Los curdas, Nuestros hijos, Los derechos de la salud, Marta Gruni, Un buen negocio (teatro); ensayos, y artículos periodísticos.
Género y corriente: Drama costumbrista.
Estructura: Está dividido en tres actos, con 13, 7 y 12 escenas, respectivamente.
Sinopsis: Una pareja de campesinos de la clase media, don Olegario y doña Mariquita, tienen a Julio, su único hijo, estudiando para dotor en la ciudad, de la que viene a visitarlos un mes al año.
Nos enteramos por ciertos diálogos de que en cada venida de Julio hay fricciones entre padre e hijo, debidas a la brecha entre generaciones; diferencias tanto de época, costumbres y educación, rozno de moral; por lo tanto, distintos modos de pensar y vivir. El gaucho viejo, don Olegario, representa el pasado campirano, patriarcal, tradicionalista y conservador; en tanto Julio encarna el espíritu juvenil, liberal, individualista y rebelde de los nuevos tiempos. En cierto modo, simbolizan también la eterna oposición campo-ciudad, acentuada aún más en aquella época del novecientos.
En una de las tantas estadías de julio en la estancia, al comienzo del drama, hay un nuevo enfrentamiento entre éste y su padre, enfermo del corazón desde hace un tiempo. Molestan al gaucho viejo el aire de "príncipe" que se da su hijo al querer desayunarse con chocolate, que sean las once de la mañana y aún no se levante, que se haya cambiado su nombre de Robustiano por el de Julio, "pa que no le tomen olor a campesino"; que se avergüence de ellos, "viene a mirarnos por encima del hombro, a tratarnos como si fuera más que uno, a reírse en mis barbas de lo que digo y de lo que hago, como si fuera yo quien debe respetarlo y no él quien... ¡En cuanto le observo algo, se ríe y se pone a discutirme con un airecito y una sonrisita!... ¡Como si me tuviera lástima!", y, en fin, el que lo trate con desenfadada familiaridad, sin respeto alguno, palmeándolo en la espalda, "porque a julio esos modales le parecen más cariñosos".
Doña Mariquita y Jesusa, una muchacha huérfana que en la estancia vive como ahijada de la pareja de campesinos, lo defienden, porque "Julio tiene otras costumbres otra educación en la ciudad se vive de otra manera no por eso ha dejado de querernos si fuera un campero como nosotros, no estaría pa ser dotor."
El enojo y el rechazo de don Olegario, sin embargo, tienen una razón: se ha enterado de que su hijo, a pesar de ser buen estudiante y tener buenas calificaciones, anda en malos pasos en la ciudad pues, para pagar sus deudas, ha sacado dinero del banco usando la firma de don Eloy, un labrador rico, amigo de la familia, y ha dejado protestar el documento. Además, le han metido en el cuerpo unas ideas descabelladas y hasta creo que le da por ser medio anarquista o socialista y no cree en Dios". Don Olegario está indignado. "¡Canalla! ¡Farsante! ¡Dotor en trampas! ¡Deshonrar su nombre y el mío! ¡Infeliz! ¡Eso es una estafa!; la he pagado ya, pero ¿quién nos quita de encima esa mancha?... es un libertino, un calavera, un perdido."
Cuando el gaucho viejo pide cuentas al hijo de su censurable comportamiento en la ciudad, Julio le responde con soberbia y desenfado. En el colmo de su indignación, don Olegario lo echa de la casa y quiere castigarlo con el rebenque, si su hijo no se pone de rodillas y le pide perdón. Con esta escena termina el primer acto.
A causa del disgusto, don Olegario enferma y es necesario llevarlo a la capital. Doña Mariquita y Jesusa se ven allá con Sara —la prometida de julio— y su madre, que vienen a visitarlas. Jesusa está muy triste y desesperada, porque espera un hijo de Julio, quien la sedujo cuando estuvo en la estancia.
En un diálogo a solas con Jesusa, Julio evade toda responsabilidad; nadie es culpable, él quiere a Sara y no a ella, además es ridículo casarse sin amor, ni siquiera sabiendo que un hijo viene en canino. Sólo pide que lo comprenda y lo perdone. Jesusa sufre en silencio, no le reprocha ni le reclama nada; ella lo sigue amando por sobre todas las cosas.
Por otra parte, don Eloy, hombre bueno, rico, joven y bien parecido, pretende a Jesusa, pero ella no lo quiere y varias veces lo desdeña.
Después, cuando don Olegario se entera de toda la situación, su furia es indecible. Quiere obligar a Julio a casarse con Jesusa; el joven se niega rotundamente y padre e hijo dejan de hablarse. El pobre gaucho se agrava.
Finalmente, gracias a la cariñosa intercesión de doña Mariquita para restablecer la paz en la familia, Julio accede de mala gana a casarse con Jesusa.
Luego de la muerte, ya inminente, del gaucho viejo, Jesusa libera a Julio del compromiso y le dice que no tiene por qué cumplirlo. Julio, entonces se da cuenta de la bondad y nobleza de esta "gentil criatura", y "lo que no hizo la pasión ni la violencia, lo que no pudo lograr el dolor mismo, lo hará esa grandeza de alma que descubres recién. ¡Te quiero mía, mía para siempre!" Así, con el corazón de Julio —el dotor citadino ganado por el amor de Jesusa —la campesina humilde—, termina esta obra.
La producción dramática de Florencio Sánchez, realizada en su corta vida, basta para considerarlo el autor teatral uruguayo más trascendente de su época. En M'hijo el dotor, como en la mayoría de sus obras, destacan el desarrollo escénico, los efectos dramáticos, la grandeza poética, la verdad humana de situaciones y personajes y, en fin, el aspecto clásico de sus temas, que van más allá de todo regionalismo.
Representada por primera vez el año de 1903 en Buenos Aires. La obra pertenece al ciclo de los dramas de asunto rural; la acción se ubica a principios de siglo. El primero y el tercer actos se desarrollan en una estancia del Uruguay, y el segundo en Montevideo.

ARIEL

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Autor: José Enrique Rodó, ensayista, periodista y político; 1872-1917.
Otras obras: El que vendrá, La vida nueva, Liberalismo y, jacobinismo, Motivos de Proteo, El mirador de Prospero, El camino de Paros, Nuevos motivos de Proteo, Últimos motivos de Proteo [póstumos los tres citados al final] (ensayos), y artículos políticos y de crítica.
Género y corriente: Ensayo literario modernista.
Estructura: Está compuesto de presentación, cuerpo del discurso, arenga final y despedida.
Sinopsis: El "viejo y venerado" maestro Próspero dirige un discurso a sus jóvenes alumnos con motivo del fin de cursos. Pero, ¿por qué el título de la obra? "Ariel, genio del aire, representa —en el simbolismo de La tempestad de Shakespeare— la parte noble y alada del espíritu. Ariel es el imperio de la razón y el sentimiento sobre los bajos estímulos de la irracionalidad; es también el entusiasmo generoso, el móvil alto y desinteresado en la acción, la espiritualidad de la cultura, la vivacidad y la gracia de la inteligencia, el término ideal a que asciende la selección humana, rectificando en el hombre superior los tenaces vestigios de Calibán, símbolo de sensualidad y de torpeza, con el cincel perseverante de la vida."
La inolvidable lección da principio con las palabras de Goethe "sólo es digno de la libertad y la vida, quien es capaz de conquistarlas día a día para sí", y el maestro Próspero las fortalece y amplía al decir que "el honor de cada generación exige que ella (la libertad) se conquiste por la perseverante actividad de su pensamiento, por el esfuerzo propio, y por su fe en determinado ideal; para lo cual es necesario, primero, la fe en nosotros mismos".
El propósito del viejo educador es hacer ver a sus alumnos que, por ser jóvenes, poseen las características señaladas por Ariel: el amor, la alegría, el entusiasmo, el optimismo, la esperanza, que unidos a la razón les darán la fuerza necesaria para renovar la sociedad.
Como se observa, el discurso de Próspero versa sobre los valores éticos de nuestra época.
"Ariel —escucharnos nuevamente al maestro--- es el ideal griego de la armonía entre el pensamiento y la acción. Ariel debe estar siempre presente porque su significado, que es el amor a la belleza, es el rumbo que nos lleva a esa armonía."
Próspero invita a sus alumnos a desarrollar no un solo aspecto, sino la totalidad del ser, ya que del florecimiento de nuestra naturaleza surgió el "milagro griego", inimitable mezcla de animación y serenidad de las fuerzas del espíritu y del cuerpo. Pero también los previene contra Calibán, símbolo de la sinrazón, del egoísmo utilitario, de la mutilación del espíritu o "por la tiranía de un objetivo único e interesado". "Éste —oímos al maestro— es el gran peligro que puede encontrarla juventud, y radica en la desviación de. una vida espiritual por una actividad de tipo utilitario. Este género de servidumbre debe considerarse la más triste y oprobiosa de todas las condenaciones morales. No entreguéis nunca a la utilidad o a la pasión sino una parte de vosotros. Aun dentro de la esclavitud material, hay la posibilidad de salvar la libertad interior."
Para ilustrar sus palabras, Próspero cuenta entonces la Parábola del rey hospitalario. Era éste un rey de Oriente, pío, espléndido, sensible y generoso, "su palacio era la casa del pueblo; todo era libertad y animación dentro de este augusto recinto, cuya entrada nunca tuvo guardias que vedasen." Pero dentro, escondida y oculta, "una misteriosa sala se extendía, en la que a nadie era lícito poner la planta, sino al mismo rey". Paz, silencio, soledad, recogimiento, reinaban en esa "prohibida estancia", era el lugar en donde el rey soñaba y meditaba a solas.
Cuando el soberano murió, "la impenetrable estancia quedó clausurada y muda para siempre, para siempre abismada en su reposo infinito. Del mismo modo —concluye Próspero— una parte de nosotros debe estar abierta a los extraños, pero otra más íntima debe cerrarse a las miradas indiscretas"; a esta celda "escondida y misteriosa sólo llegará, sutil visitante, el ocio noble de los antiguos", que él denomina pensamiento, ensoñación, admiración. "Sólo cuando penetréis dentro del inviolable seguro podréis llamaros, en realidad, hombres libres."
Rodó, luego de poner en voz del viejo maestro sus conceptos del paralelismo existente entre belleza, justicia y moral, contrapone dos estilos de vida: la idealista y la utilitaria, en vista de lo cual hace un elogio a la democracia, en el sentido de que no debemos destruirla sino educarla, completarla con la presencia de una autoridad intelectual y moral que impida el desarrollo de sus posibles tendencias utilitarias.
La lección de Próspero, poblada de referencias literarias y filosóficas, concluye con una exhortación final: "Afirmando primero el baluarte de vuestra vida interior, Ariel se lanzará desde allí a la conquista de las almas."
Dentro de las características del ensayo, es un texto filosófico donde se combinan las ideas de una ética universalista con la belleza de una prosa tersa, rica y pura, nutrida de gran erudición, en consonancia con la tendencia modernista suscrita por Rodó.
Las ideas humanistas de este pensador uruguayo ejercieron una fecunda acción educativa en todo el continente hispanoamericano durante las primeras décadas del siglo XX. Fue publicada en 1900.

miércoles, marzo 02, 2011

TABARÉ

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Autor: Juan Zorrilla de San Martín, poeta, periodista, diplomático y político uruguayo; 1855-1931.
Otras obras: Notas de un himno, La leyenda patria, Huerto, cerrado, La epopeya de Artigas (poesía); Resonancias del camino, Conferencias y discursos, El Libro de Ruth, El sermón de la paz (prosa), etcétera.
Género y corriente: Poema narrativo romántico.
Estructura: Está compuesto por una introducción y tres libros que, a su vez, se dividen en: dos cantos, el primero, y seis cantos cada uno de los segundo y tercero. Los cantos están formados por una cantidad variable de divisiones líricas numeradas.
Sinopsis: Magdalena, una bella española, es abandonada durante un ataque de los indios a los primeros conquistadores desembarcados en tierra uruguaya. El cacique charrúa Caracé la toma como mujer y tienen un hijo de tez clara y ojos azules a quien Magdalena bautiza con el nombre de Tabaré y durante su niñez le infunde la religión cristiana. Pero la madre, llena de tristeza y soledad en medio de aquellos salvajes, muere dejando muy pequeño a su vástago.
Pasa el tiempo y al cabo de muchos años nuevos conquistadores españoles establecen un villorrio junto al río San Salvador.
Entre hispanos y charrúas se desencadena una guerra que lentamente va acabando con los indios. La tribu agoniza, ya han muerto sus mejores caciques: Zapicán, Abayubá, Añagualpo, Yandinoca, Tabobá, Magaluna, Yací, Teyú y otros igualmente valientes.
Don Gonzalo de Orgaz, jefe de la plaza española, trajo consigo a su esposa, doña Luz, y a su hermana Blanca
"esa otra niña de tez morena,
la hermosa, la inocente Blanca,"
de ojos negros y profundos
"en que la luz del sol de Andalucía
brillo de estrellas, presta a las miradas."

Cierto día, sale del villorrio un grupo de españoles en plan de atacar a los charrúas y regresa con muchos prisioneros, entre éstos se destaca uno menos moreno y con ojos azules; además, toda su actitud lo diferencia profundamente de los demás cautivos. Parece triste o enfermo, más aún cuando conoce a Blanca. Al verla, sin distinguirla bien del recuerdo borroso que conserva de su madre, se enamora de ella.
Tabaré se resiste a sus sentimientos. Lucha entre el odio de su raza, enemiga de los españoles, y la adoración a Blanca. La joven, cuando lo ve, siente afecto por aquel mestizo. Le tiene compasión, se conduele de él e intercede para que su hermano lo deje libre y no lo encadene. A los ruegos de Blanca se unen las palabras del padre Esteban, quien sirve de intermediario para defender al joven. No así doña Luz, para quien

"esos salvajes, hombres no son;
no tienen alma; no son hijos de Adán;
esta estirpe feroz no es raza humana."

Tabaré pasa por loco ante los soldados. No habla, huye de todos, no duerme, vaga por la noche y a veces, en vela a muy altas horas, le han visto detenerse frente a la ventana de Blanca.
En una ocasión lo sorprenden y persiguen creyéndolo un fantasma. Acosado y sin armas, el indio se defiende desesperadamente. Ya está por caer cuando el padre Esteban llega y detiene a la soldadesca.
Al día siguiente, don Gonzalo, quien no quiere violar la amistad pactada con el mestizo, aunque ahora se le hace sospechoso por sus velas y rondas nocturnas, lo expulsa del villorrio devolviéndole su libertad, pero con prohibición de acercarse al pueblo.
Los charrúas, mandados por el nuevo cacique Yamandú, una noche atacan sorpresivamente a la colonia española. El jefe indio quiere apoderarse de Blanca y por eso ha lanzado el malón sobre el villorrio, pues un día la muchacha se internó demasiado en el bosque y fue vista por el cacique, despertando en éste el deseo por la joven.
Yarnandú, durante el ataque al villorrio, encuentra a Blanca, la rapta y se la lleva al fondo de los bosques, donde espera hasta que ella se recobra del desmayo.
Al volver en sí, Blanca grita y se crispa de miedo cuando ve al cacique mirándola con lascivia. A sus espaldas, oye crujir las ramas y pasos que avanzan. De pronto dos rugidos. El choque de dos cuerpos luchando que se desploman. Un grito ahogado y, por Fin, el silencio. Es Tabaré que oyó a lo lejos el grito de Blanca y corrió en su busca; peleó contra Yamandú estrangulándolo, pero ella lo ignora, pues no ha mirado hacia atrás, no vio la lucha y, por lo tanto, desconoce el desenlace; ni siquiera adivina quién fue su defensor.
Al verse sola, la joven de nuevo siente miedo y gime. Tabaré acude en su ayuda. La calma con sus palabras, y con cuidado y ternura la conduce en sus brazos hasta el fortín español. Don Gonzalo, fuera de sí por la desaparición de Blanca, ve venir al mestizo con ella, corre hacia él y, creyéndolo el raptor, lo mata atravesándole el pecho con su espada.

"La espada del hidalgo
goteaba sangre que regaba el suelo;
inmóvil, don Gonzalo
que aún oprimía el sanguinoso acero,
miraba a Blanca que, poblando el aire
de gritos de dolor, contra su seno
estrechaba al charrúa,
que dulce la miró, pero de nuevo
tristemente cerró, para no abrirlos más,
los apagados ojos en silencio."

Con estas palabras termina el poema.
De esta obra es preciso destacar cuatro puntos:
1. El hilo narrativo es romántico en su concepción, desarrollo y desenlace.
 2. El escenario, la naturaleza agreste del Uruguay con sus selvas, ríos, fauna y flora, está muy bien descrito.
3. El aspecto costumbrista es soberbio en las descripciones del ambiente guerrero de los charrúas.
 4. El fondo teológico, desde el cual el autor expone sus ideas religiosas y la pugna ideológica y espiritual entre indígenas y españoles, es excelente.

Sin embargo, más allá de toda ambientación típicamente americana y de la grandilocuencia propia de la época en que fue escrito (1886), el máximo valor literario de Tabaré radica en su contenido universal.