lunes, marzo 21, 2011

LA CARRETA

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Autor: Enrique Amorim, narrador y poeta; 1900-1960.
Otras obras: Tangarupá, El paisano Aguilar, El caballo y su sombra, La luna se hizo con agua, El asesino, desvelado, La victoria no viene sola, Todo puede suceder, Corral abierto, Los montaraces, La desembocadura, Eva Burgos [póstuma] (novelas); La trampa del pajonal, Del uno al seis, Temas de amor, Los pájaros y los hombres, Amorim, Las quitanderas, Después del temporal (cuentos) y libros de poemas.
Género y corriente: Novela realista.
Estructura: Está dividida en 15 capítulos.
Sinopsis: Después de haber atravesado pantanos y caminos, fiestas y guerras, el carromato detiene su movimiento y cambia de forma: "La carreta, apenas separados los bueyes, tomó las apariencias de una choza. Echó una raíz [ ... ] Parecía un rancho de dos pisos". Sin embargo detenida, sin su acostumbrado traqueteo sinónimo de vida, la carreta no puede seguir existiendo, porque "a los tres días un tropero se llevó los bueyes [...] Desde aquel momento la carreta empezó a hundirse en la tierra."
Durante la primera etapa de su viajar, la carreta es el medio de transporte y hogar de un pequeño circo. Matacabayo, envejecido atleta, se une con sus dos hijos a la tropa nómada, atraído por la cincuentona Secundina.
El circo, en apuros financieros, se transforma paso a paso en burdel ambulante. El director don Pedro, el artista Kaliso y el Flaco Sebastián resienten la nueva ocupación de las mujeres —las hermanas Clorinda y Leonina Felipe y las "chinas pasteleras" Rosita, Petronila y Leopoldina, entre otras— y organizan una burla a costa de ellas, lo cual provoca la disolución del circo. El director, Leonina, Sebastián y Kaliso se quedan en el lugar, mientras la carreta y los demás continúan su viaje.
Secundina se erige en la "mandamás" de las ahora prostitutas, manejando junto con Matacabayo el nuevo negocio. De fiesta en fiesta por pueblos y rancherías, la carreta cambia de pasajeros a medida que prosigue su marcha.
Clorinda, Rosita y Secundina desaparecen, en tanto que otras figuras —la joven Florita y los brasileños Paujuan, organizadores de carreras de gatos, y Brandina— surgen al escenario. Más tarde muere Matacabayo, en su intento por reunir en el viejo carromato a un caudillo revolucionario y a su novia.
"Misia Rita", protegida del viejo tropero Marcelino Chávez, es ahora la dueña de la carreta.
Las prostitutas llegan a conocer, con el correr de los años, el universo masculino del campo uruguayo, hombres de todas las clases sociales y caracteres singulares: Marcelino Chávez, quien perdió a su esposa y "desde hace tiempo no lo puede hacer"; el ranchero don Cipriano, "frío e indiferente con las mujeres"; comisarios como Nacho Generoso, que disfrutan los servicios de las prostitutas para luego, cansados de ellas, expulsarlas del pueblo; un capitán enfurecido por el rechazo de una de las "quitanderas" quien, en venganza, deja que sus seis marineros la violen; el tímido marica Correntino, hijo de la "mandamás" sin que él lo sepa, que se hace hombre en brazos de Petronila, pero otra vez se vuelve mariquita luego de la despedida de su amante; el ranchero don Caseros, "animal manso, mañoso y cachaciento", quiere desflorar a Florita, pero fracasa ante el comportamiento infantil de la treceañera; Luciano, "paisano decidido y valiente", quien finalmente desvirga a Florita...
Chiquiño, hijo de Matacabayo, al unirse con Leopoldina y llevar una pacífica existencia ranchera, tiene su propia vida fuera del vetusto vehículo, sin embargo, la vida de la pareja toma un giro trágico por la infidelidad de ella y los celos de él. Leopoldina lo engaña con el vecino Pedro Alfaro, y Chiquiño en venganza "...le asestó una puñalada que tumbó a Alfaro del caballo "; luego, "con un tajo de oreja a oreja, separó del cuerpo la cabeza de su enemigo. En el barro fresco, a pocos pasos de su rancho, quedó tendido el cuerpo de Alfaro". Pero posteriormente Chiquiño vuelve, levanta el cadáver y lo arroja en el chiquero; las bestias se lo pelean a dentelladas y "en un segundo, andaban las piernas de Pedro Alfaro por un lado, los brazos por otro." Cuando regresa a su rancho, donde halla "a su china dormida boca abajo, hundida en el sueño, como él en el crimen", no le hace nada.
Luego de seis años de cárcel, muerta entre tanto Leopoldina, Chiquiño se enfurece y angustia ante el rumor de que su mujer había deseado ser enterrada con el cuchillo de Pedro Alfaro. Como aún la quiere a su modo, busca la tumba de "la finadita" para desenterrar su cadáver y lavar cuidadosamente los huesos en las límpidas aguas de un arroyo, pues "él debía arrancar a su china de las uñas del diablo". Finalmente, Chiquiño muere a manos de dos  pantaneros", sus rivales de trabajo.
El fin de la carreta se acerca con la muerte de "Misia Rita", la "mandamás", cuando el turco Abraham José, en ausencia de Chávez, la envenena para adueñarse de Brandina.
La caravana se disuelve. El turco vende por su cuenta los bueyes. Sin ellos, la carreta se detiene para siempre y se convierte en rancho. Allí se quedan a vivir Abraham José y Brandina; Petronila se va con un sargento; en tanto que el viejo tropero, Marcelino Chávez, se lleva consigo a Rosita rumbo al Brasil.
La obra se cierra con la visión de la pareja que, montada a caballo, sigue "el camino interminable, bajo el claro signo de un cielo altísimo y azul".
De moderna estructura abierta, estilo sencillo y ágil, salpicado del habla campesina que el autor intercala en los diálogos, y con una trama cuya unidad de acción se centra en la simbólica figura lenta y maltrecha del viejo carromato, la obra posee el encanto de una lectura fácil y amena.
Obra publicada en 1929, se ambienta en el campo uruguayo. Sus personajes llegan y desaparecen en los llanos lugareños, pero la imagen simbólica de la carreta, llena de significado a partir de la carga humana que transporta, está presente de principio a fin de la novela. Ella es la protagonista de la obra.
Dentro de la carreta se desenvuelven todos los avatares de la vida; de hecho, el carro simboliza la vida misma. El vehículo avanza con parsimonia: "Pasó la carreta. Tan lento era su andar que cambiaban antes las formas de las nubes que de sitio su lomo pardo. Se diría que la iban arrancando a tirones de la tierra, aferrada a ella. Una piedra grande, tirada por una yunta de bueyes." A la sombra de la carreta crecen, aman, trabajan y mueren tanto hombres, como mujeres.
La carreta, sin entrar en honduras psicológicas ni análisis sociales, describe las costumbres y el modo de vida marginales de ciertos grupos rurales uruguayos a principios de siglo.

EL HIJO

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Autor: Horacio Quiroga, narrador y periodista; 1878- 1937.
Otras obras: El crimen del otro. Cuentos de amor, de locura y de muerte, Cuentos de la selva [para niños], El salvaje, El desierto, Los desterrados, Más allá, (cuentos), historia de un amor turbio, Pasado amor (novelas); Los perseguidos (novela corta); Los arrecifes de coral (prosa y verso); Suelo natal (lecturas escolares para 42 grado), etcétera.
Género y corriente: Cuento realista.
Estructura: No presenta divisiones.
Sinopsis: "Es un poderoso día de verano en Misiones, con todo el sol, el calor y la calma que puede deparar la estación". Un niño de trece años sale a cazar a la selva; lleva una escopeta y los bolsillos repletos de cartuchos. Su padre le aconseja que tenga mucho cuidado y regrese al mediodía para comer. En el diálogo se pone de manifiesto la incansable preocupación paterna y la inconsciencia infantil y risueña del chico. El muchacho se despide con un beso y parte. "Su padre lo sigue un rato con los ojos, y vuelve a su quehacer de ese día, feliz con la alegría de su pequeño."
El padre sigue también con el pensamiento el recorrido de su hijo por el monte: la picada roja, el abra de espartillo, la linde de cactos, el bañado. El hombre está orgulloso y satisfecho de su vástago. Lo ha educado para que pueda valerse por sí mismo, haciéndole tomar conciencia de los peligros que acechan en la selva, por eso lo ha adiestrado para luchar contra la naturaleza, que en ese ambiente sobrecogedor y salvaje significa luchar en defensa de la propia vida. Para ello ha debido vencer no sólo sus sentimientos paternales, sino también otras preocupaciones que lo atormentan, "porque ese padre de estómago y vista débiles sufre desde hace tiempo de alucinaciones".
De pronto, no muy lejos, suena un estampido. "Dos palomas de menos en el monte—piensa el padre—", y se abstrae de nuevo en su tarea.
y
Pasa el tiempo. El calor se acentúa, resecando la naturaleza y las mentes humanas. "El sol, ya muy alto, continúa ascendiendo. Adonde quiera que se mire —piedras, tierra, árboles—, el aire, enrarecido corno en un horno, vibra con el calor."
El padre se inquieta y echa una mirada al reloj, son las doce. Su hijo debía estar ya de vuelta. Intenta tranquilizarse pero no puede. Se angustia. Las doce y media. Piensa entonces en el estampido que oyó hace tres horas. Después de ése no ha habido otros...
Desesperado, el hombre sale al monte. Lleva la cabeza descubierta, "al aire libre", lo que es campo propicio para desvaríos y alucinaciones, una mente quemada por el ardiente sol del mediodía. Sigue el trayecto acostumbrado por su hijo, pero no halla ni el menor rastro de él. Entonces una certeza desgarradora hace presa de su ánimo, "adquiere la seguridad de que cada paso que da lo lleva, fatal e inexorablemente, al cadáver de su hijo".
Cada vez más angustiado, lo busca en vano, "y vuelve a otro lado, y a otro, y a otro..." Lo llama con voz de llanto: ¡Chiquíto!". Pero a su alrededor sólo responde el silencio de la selva picada por el poderoso sol del mediodía que, sin embargo, será roto por los gritos desolados del padre que, "envejecido en diez años", poco a poco va enloqueciendo.
De pronto, al límite ya de sus fuerzas, ocurre el encuentro donde se mezclan la congoja y la felicidad. El hombre "ve bruscamente desembocar de un pique lateral a su hijo". Sí, es su Chiquito, quien al verle tan angustiado apresura el paso y se le acerca con los ojos llorosos de emoción. El padre, exhausto pero ya sereno, "se deja caer sentado en la arena albearte, rodeando con los brazos las piernas de su hijo". El niño le acaricia la cabeza. La pesadilla terminó. Ya van a ser las tres de la tarde. Y juntos ahora, padre e hijo emprenden el regreso a la casa. Por el camino dialogan familiarmente; el niño explica su tardanza; él "lleva pasado su feliz brazo de padre" sobre los hombros de su hijo. "Regresa empapado de sudor, y aunque quebrantado de cuerpo y alma, sonríe de felicidad", pero el hombre "sonríe de alucinada felicidad. Pues ese padre va solo. A nadie ha encontrado, y su brazo se apoya en el vacío. Porque tras él, al pie de un poste y con las piernas en alto, enredadas en el alambre de púas, su hijo bienamado yace al sol, muerto desde las diez de la mañana". La dolorosa realidad se pone así de manifiesto en este desenlace trágico, que contrasta con la hermosa realidad ficticia que está viviendo el padre.
El hijo, cuento escrito en su madurez, es uno de los más logrados de Horacio Quiroga. Emoción, paisaje, expectativa, juego psicológico se combinan en una trama concisa rematada por un final sorpresivo que es, según la crítica moderna, el mérito superior de un buen cuento, y Quiroga sabe cerrar con broche de oro la peripecia de su narración.
Este cuento forma parte del libro Más allá, publicado en 1934, y pertenece a la serie de los llamados por el propio autor "cuentos de monte" o "a puño limpio", relatos realistas cuyo escenario es la selva, el desierto o el monte, donde se pone de manifiesto la fuerza de la naturaleza contra la cual el hombre lucha para sobrevivir.
La narración está en tercera persona del presente, y se desarrolla en el ambiente selvático de la provincia argentina de Misiones, como la mayoría de los relatos de monte de este autor.
La anécdota es sencilla y lineal, pues el valor del cuento radica en el juego psicológico y en las emociones en que el autor ahonda y de las cuales se vale como principal móvil del relato.

CHICO CARLO

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Autor: Juana de Ibarbourou, nombre literario de la poetisa Juana Fernández Morales de Ibarbourou, en 1929 le fue conferido el título de "Juana de América" por su calidad humana y artística; 1895-1979.
Otras obras: Las lenguas de diamante, Raíz salvaje, La rosa de los vientos, Loores a Nuestra Señora, Perdida, Azor, etc. (poesía); El cántaro fresco, Éjemplario, Estampas de la Biblia (prosa poética) y Los sueños de Natacha (teatro para niños).
Género y corriente: Cuento para niños.
Estructura: Consta de un prólogo y 17 relatos.
Sinopsis: Ya adulta, Susana rememora con añoranza su niñez; sucesos, paisajes, episodios sencillos y humildes que se van delineando y enhebrando a partir de los seres más queridos para ella. Entre éstos resalta con singularidad la figura de Chico Carlo, "despiadado con todos, pero de una áspera ternura para mi. Yo lo adoraba", y a quien el volumen debe el título y dos narraciones, "Chico Carlo" y "Chico Carlo y su rifle". Ambos relatos muestran la atractiva personalidad del nunca más visto y siempre añorado compañero de juegos y fantasías, que se agiganta ante la mirada infantil de Susana por su carácter seguro, orgulloso y decidido.
La vida infantil, llena de sueños y fantasía difícilmente comprendida por los adultos, nos es dada a conocer en "La mancha de humedad", donde Susana proyectaba cuanto apetecía su imaginación: ríos, árboles, monos y guacamayos, "duendes y rosas, mundos y cielos".
En "La mujer de Barba Azul", la niña imagina que en la única casa de dos pisos existente en el pueblo vive la mujer de BarbaAzul, porque todos la llaman la viuda y nunca sale a pasear; pero un buen día, Susana acompaña a su madre a dar el pésame a la viuda por la muerte de su hermana, y descubre que la verdad está lejos de su fantasía. "Se me derrumbaba mi cuento maravilloso. Perdía mi ilusión. Tuve la sensación de que me empujaban al vacío. No pude más y apoyando la cara contra el brazo de mi madre, estallé en sollozos." Por el mismo estilo es "La niña, el príncipe y el café con leche".
"La guerra nos relata cómo creen los niños que son las guerras y, para explicarse su existencia, recurren a intervenciones de magos y duendes. Quieren y buscan acabar con ellas, pero en su quimera se enfrentan con los odios entre adultos, que aun dentro de la iglesia subsisten.
Tilo, la inseparable mascota de la niña, vive en su recuerdo como un perro gracioso y fiel que despierta en la protagonista sentimientos tan tiernos y amorosos como los de la madre hacia ella, y lo defiende de su madrina —personaje a quien quiere entrañablemente—; cuando ésta se atreve a decir que el perro es feo y corriente, Susana se enoja y protesta: "No, madrinita. Tilo no es feo ni ordinario. Vino de la China. Lo trajo don Francisco Cuestas cuando fue a comprar el surtido de invierno para la tienda. Su mamá es una princesa y su ama de leche tomaba mate en una calabacita de oro con perlas."
En el relato "La nodriza y el cielo", Feliciana es la protagonista. Susana nos cuenta de su llegada a la casa familiar en calidad de nodriza, de la muerte de su hijo y del cariño que luego guarda a la familia, con quien finalmente se queda a vivir.
De cómo Feliciana le enseña a hablar una lengua mezcla de portugués y español, y cómo su infancia se puebla de duendes, que le ayudan a solucionar secretos en la vida cotidiana. Más adelante, en "Duendes de cerro Largo", se narra la relación entre Susana, Feliciana y esos duendes amigos.
La muerte vista desde los seis años resulta pintoresca y atractiva, el cementerio se equipara a la casa de los parientes más queridos; repartir flores entre las tumbas de los desaparecidos se convierte en pasatiempo semanal muy disfrutado. Las visitas al camposanto despiertan la imaginación de Susana y su amiga Margarita; lo que más desean ambas es poder comprar una corona mortuoria, y se prometen que cuando una muera la otra se la comprará. "Margarita se durmió para siempre antes de poseer ninguna, ni siquiera la primera, pues como su padre hacía gala de acendradas convicciones liberales, no pudo vestir, al igual que todas las niñas, su largo traje blanco y su velo cándido."
La capacidad de indignación y de sensible respuesta ante las injusticias del mundo se manifiestan en los relatos "La reina", donde Susana defiende a la hija de la lavandera del menosprecio de sus compañeras de juego, y "Soldado de policía", en que se relata el pleito habido entre la narradora y unos muchachitos pueblerinos.
En las frescas vivencias de Chíco Carlo, publicada en 1944, lo biográfico se transforma en asunto literario impersonal y trascendente a través del tratamiento artístico que la autora le confiere. Son relatos donde la animación y autenticidad de lo evocado —seres, hechos, situaciones, paisajes—; es decir, lo verdadero de la realidad vivida, lo cotidiano de los recuerdos infantiles, se combina con la imaginación y fantasía de esos primeros años unificando los temas de los pequeños relato integrantes de este libro.

miércoles, marzo 09, 2011

M’HIJO EL DOTOR

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Autor: Florencio Sánchez, dramaturgo y periodista; 1875-1910.
Otras obras: Puertas adentro, La gente honesta, Cédulas de San Juan, La gringa, Canillita, La pobre gente, Barranca, abajo, Mano santa, Los muertos, En familia, El desalojo, El pasado, La tigra, Moneda falsa, Los curdas, Nuestros hijos, Los derechos de la salud, Marta Gruni, Un buen negocio (teatro); ensayos, y artículos periodísticos.
Género y corriente: Drama costumbrista.
Estructura: Está dividido en tres actos, con 13, 7 y 12 escenas, respectivamente.
Sinopsis: Una pareja de campesinos de la clase media, don Olegario y doña Mariquita, tienen a Julio, su único hijo, estudiando para dotor en la ciudad, de la que viene a visitarlos un mes al año.
Nos enteramos por ciertos diálogos de que en cada venida de Julio hay fricciones entre padre e hijo, debidas a la brecha entre generaciones; diferencias tanto de época, costumbres y educación, rozno de moral; por lo tanto, distintos modos de pensar y vivir. El gaucho viejo, don Olegario, representa el pasado campirano, patriarcal, tradicionalista y conservador; en tanto Julio encarna el espíritu juvenil, liberal, individualista y rebelde de los nuevos tiempos. En cierto modo, simbolizan también la eterna oposición campo-ciudad, acentuada aún más en aquella época del novecientos.
En una de las tantas estadías de julio en la estancia, al comienzo del drama, hay un nuevo enfrentamiento entre éste y su padre, enfermo del corazón desde hace un tiempo. Molestan al gaucho viejo el aire de "príncipe" que se da su hijo al querer desayunarse con chocolate, que sean las once de la mañana y aún no se levante, que se haya cambiado su nombre de Robustiano por el de Julio, "pa que no le tomen olor a campesino"; que se avergüence de ellos, "viene a mirarnos por encima del hombro, a tratarnos como si fuera más que uno, a reírse en mis barbas de lo que digo y de lo que hago, como si fuera yo quien debe respetarlo y no él quien... ¡En cuanto le observo algo, se ríe y se pone a discutirme con un airecito y una sonrisita!... ¡Como si me tuviera lástima!", y, en fin, el que lo trate con desenfadada familiaridad, sin respeto alguno, palmeándolo en la espalda, "porque a julio esos modales le parecen más cariñosos".
Doña Mariquita y Jesusa, una muchacha huérfana que en la estancia vive como ahijada de la pareja de campesinos, lo defienden, porque "Julio tiene otras costumbres otra educación en la ciudad se vive de otra manera no por eso ha dejado de querernos si fuera un campero como nosotros, no estaría pa ser dotor."
El enojo y el rechazo de don Olegario, sin embargo, tienen una razón: se ha enterado de que su hijo, a pesar de ser buen estudiante y tener buenas calificaciones, anda en malos pasos en la ciudad pues, para pagar sus deudas, ha sacado dinero del banco usando la firma de don Eloy, un labrador rico, amigo de la familia, y ha dejado protestar el documento. Además, le han metido en el cuerpo unas ideas descabelladas y hasta creo que le da por ser medio anarquista o socialista y no cree en Dios". Don Olegario está indignado. "¡Canalla! ¡Farsante! ¡Dotor en trampas! ¡Deshonrar su nombre y el mío! ¡Infeliz! ¡Eso es una estafa!; la he pagado ya, pero ¿quién nos quita de encima esa mancha?... es un libertino, un calavera, un perdido."
Cuando el gaucho viejo pide cuentas al hijo de su censurable comportamiento en la ciudad, Julio le responde con soberbia y desenfado. En el colmo de su indignación, don Olegario lo echa de la casa y quiere castigarlo con el rebenque, si su hijo no se pone de rodillas y le pide perdón. Con esta escena termina el primer acto.
A causa del disgusto, don Olegario enferma y es necesario llevarlo a la capital. Doña Mariquita y Jesusa se ven allá con Sara —la prometida de julio— y su madre, que vienen a visitarlas. Jesusa está muy triste y desesperada, porque espera un hijo de Julio, quien la sedujo cuando estuvo en la estancia.
En un diálogo a solas con Jesusa, Julio evade toda responsabilidad; nadie es culpable, él quiere a Sara y no a ella, además es ridículo casarse sin amor, ni siquiera sabiendo que un hijo viene en canino. Sólo pide que lo comprenda y lo perdone. Jesusa sufre en silencio, no le reprocha ni le reclama nada; ella lo sigue amando por sobre todas las cosas.
Por otra parte, don Eloy, hombre bueno, rico, joven y bien parecido, pretende a Jesusa, pero ella no lo quiere y varias veces lo desdeña.
Después, cuando don Olegario se entera de toda la situación, su furia es indecible. Quiere obligar a Julio a casarse con Jesusa; el joven se niega rotundamente y padre e hijo dejan de hablarse. El pobre gaucho se agrava.
Finalmente, gracias a la cariñosa intercesión de doña Mariquita para restablecer la paz en la familia, Julio accede de mala gana a casarse con Jesusa.
Luego de la muerte, ya inminente, del gaucho viejo, Jesusa libera a Julio del compromiso y le dice que no tiene por qué cumplirlo. Julio, entonces se da cuenta de la bondad y nobleza de esta "gentil criatura", y "lo que no hizo la pasión ni la violencia, lo que no pudo lograr el dolor mismo, lo hará esa grandeza de alma que descubres recién. ¡Te quiero mía, mía para siempre!" Así, con el corazón de Julio —el dotor citadino ganado por el amor de Jesusa —la campesina humilde—, termina esta obra.
La producción dramática de Florencio Sánchez, realizada en su corta vida, basta para considerarlo el autor teatral uruguayo más trascendente de su época. En M'hijo el dotor, como en la mayoría de sus obras, destacan el desarrollo escénico, los efectos dramáticos, la grandeza poética, la verdad humana de situaciones y personajes y, en fin, el aspecto clásico de sus temas, que van más allá de todo regionalismo.
Representada por primera vez el año de 1903 en Buenos Aires. La obra pertenece al ciclo de los dramas de asunto rural; la acción se ubica a principios de siglo. El primero y el tercer actos se desarrollan en una estancia del Uruguay, y el segundo en Montevideo.

ARIEL

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Autor: José Enrique Rodó, ensayista, periodista y político; 1872-1917.
Otras obras: El que vendrá, La vida nueva, Liberalismo y, jacobinismo, Motivos de Proteo, El mirador de Prospero, El camino de Paros, Nuevos motivos de Proteo, Últimos motivos de Proteo [póstumos los tres citados al final] (ensayos), y artículos políticos y de crítica.
Género y corriente: Ensayo literario modernista.
Estructura: Está compuesto de presentación, cuerpo del discurso, arenga final y despedida.
Sinopsis: El "viejo y venerado" maestro Próspero dirige un discurso a sus jóvenes alumnos con motivo del fin de cursos. Pero, ¿por qué el título de la obra? "Ariel, genio del aire, representa —en el simbolismo de La tempestad de Shakespeare— la parte noble y alada del espíritu. Ariel es el imperio de la razón y el sentimiento sobre los bajos estímulos de la irracionalidad; es también el entusiasmo generoso, el móvil alto y desinteresado en la acción, la espiritualidad de la cultura, la vivacidad y la gracia de la inteligencia, el término ideal a que asciende la selección humana, rectificando en el hombre superior los tenaces vestigios de Calibán, símbolo de sensualidad y de torpeza, con el cincel perseverante de la vida."
La inolvidable lección da principio con las palabras de Goethe "sólo es digno de la libertad y la vida, quien es capaz de conquistarlas día a día para sí", y el maestro Próspero las fortalece y amplía al decir que "el honor de cada generación exige que ella (la libertad) se conquiste por la perseverante actividad de su pensamiento, por el esfuerzo propio, y por su fe en determinado ideal; para lo cual es necesario, primero, la fe en nosotros mismos".
El propósito del viejo educador es hacer ver a sus alumnos que, por ser jóvenes, poseen las características señaladas por Ariel: el amor, la alegría, el entusiasmo, el optimismo, la esperanza, que unidos a la razón les darán la fuerza necesaria para renovar la sociedad.
Como se observa, el discurso de Próspero versa sobre los valores éticos de nuestra época.
"Ariel —escucharnos nuevamente al maestro--- es el ideal griego de la armonía entre el pensamiento y la acción. Ariel debe estar siempre presente porque su significado, que es el amor a la belleza, es el rumbo que nos lleva a esa armonía."
Próspero invita a sus alumnos a desarrollar no un solo aspecto, sino la totalidad del ser, ya que del florecimiento de nuestra naturaleza surgió el "milagro griego", inimitable mezcla de animación y serenidad de las fuerzas del espíritu y del cuerpo. Pero también los previene contra Calibán, símbolo de la sinrazón, del egoísmo utilitario, de la mutilación del espíritu o "por la tiranía de un objetivo único e interesado". "Éste —oímos al maestro— es el gran peligro que puede encontrarla juventud, y radica en la desviación de. una vida espiritual por una actividad de tipo utilitario. Este género de servidumbre debe considerarse la más triste y oprobiosa de todas las condenaciones morales. No entreguéis nunca a la utilidad o a la pasión sino una parte de vosotros. Aun dentro de la esclavitud material, hay la posibilidad de salvar la libertad interior."
Para ilustrar sus palabras, Próspero cuenta entonces la Parábola del rey hospitalario. Era éste un rey de Oriente, pío, espléndido, sensible y generoso, "su palacio era la casa del pueblo; todo era libertad y animación dentro de este augusto recinto, cuya entrada nunca tuvo guardias que vedasen." Pero dentro, escondida y oculta, "una misteriosa sala se extendía, en la que a nadie era lícito poner la planta, sino al mismo rey". Paz, silencio, soledad, recogimiento, reinaban en esa "prohibida estancia", era el lugar en donde el rey soñaba y meditaba a solas.
Cuando el soberano murió, "la impenetrable estancia quedó clausurada y muda para siempre, para siempre abismada en su reposo infinito. Del mismo modo —concluye Próspero— una parte de nosotros debe estar abierta a los extraños, pero otra más íntima debe cerrarse a las miradas indiscretas"; a esta celda "escondida y misteriosa sólo llegará, sutil visitante, el ocio noble de los antiguos", que él denomina pensamiento, ensoñación, admiración. "Sólo cuando penetréis dentro del inviolable seguro podréis llamaros, en realidad, hombres libres."
Rodó, luego de poner en voz del viejo maestro sus conceptos del paralelismo existente entre belleza, justicia y moral, contrapone dos estilos de vida: la idealista y la utilitaria, en vista de lo cual hace un elogio a la democracia, en el sentido de que no debemos destruirla sino educarla, completarla con la presencia de una autoridad intelectual y moral que impida el desarrollo de sus posibles tendencias utilitarias.
La lección de Próspero, poblada de referencias literarias y filosóficas, concluye con una exhortación final: "Afirmando primero el baluarte de vuestra vida interior, Ariel se lanzará desde allí a la conquista de las almas."
Dentro de las características del ensayo, es un texto filosófico donde se combinan las ideas de una ética universalista con la belleza de una prosa tersa, rica y pura, nutrida de gran erudición, en consonancia con la tendencia modernista suscrita por Rodó.
Las ideas humanistas de este pensador uruguayo ejercieron una fecunda acción educativa en todo el continente hispanoamericano durante las primeras décadas del siglo XX. Fue publicada en 1900.

miércoles, marzo 02, 2011

TABARÉ

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Autor: Juan Zorrilla de San Martín, poeta, periodista, diplomático y político uruguayo; 1855-1931.
Otras obras: Notas de un himno, La leyenda patria, Huerto, cerrado, La epopeya de Artigas (poesía); Resonancias del camino, Conferencias y discursos, El Libro de Ruth, El sermón de la paz (prosa), etcétera.
Género y corriente: Poema narrativo romántico.
Estructura: Está compuesto por una introducción y tres libros que, a su vez, se dividen en: dos cantos, el primero, y seis cantos cada uno de los segundo y tercero. Los cantos están formados por una cantidad variable de divisiones líricas numeradas.
Sinopsis: Magdalena, una bella española, es abandonada durante un ataque de los indios a los primeros conquistadores desembarcados en tierra uruguaya. El cacique charrúa Caracé la toma como mujer y tienen un hijo de tez clara y ojos azules a quien Magdalena bautiza con el nombre de Tabaré y durante su niñez le infunde la religión cristiana. Pero la madre, llena de tristeza y soledad en medio de aquellos salvajes, muere dejando muy pequeño a su vástago.
Pasa el tiempo y al cabo de muchos años nuevos conquistadores españoles establecen un villorrio junto al río San Salvador.
Entre hispanos y charrúas se desencadena una guerra que lentamente va acabando con los indios. La tribu agoniza, ya han muerto sus mejores caciques: Zapicán, Abayubá, Añagualpo, Yandinoca, Tabobá, Magaluna, Yací, Teyú y otros igualmente valientes.
Don Gonzalo de Orgaz, jefe de la plaza española, trajo consigo a su esposa, doña Luz, y a su hermana Blanca
"esa otra niña de tez morena,
la hermosa, la inocente Blanca,"
de ojos negros y profundos
"en que la luz del sol de Andalucía
brillo de estrellas, presta a las miradas."

Cierto día, sale del villorrio un grupo de españoles en plan de atacar a los charrúas y regresa con muchos prisioneros, entre éstos se destaca uno menos moreno y con ojos azules; además, toda su actitud lo diferencia profundamente de los demás cautivos. Parece triste o enfermo, más aún cuando conoce a Blanca. Al verla, sin distinguirla bien del recuerdo borroso que conserva de su madre, se enamora de ella.
Tabaré se resiste a sus sentimientos. Lucha entre el odio de su raza, enemiga de los españoles, y la adoración a Blanca. La joven, cuando lo ve, siente afecto por aquel mestizo. Le tiene compasión, se conduele de él e intercede para que su hermano lo deje libre y no lo encadene. A los ruegos de Blanca se unen las palabras del padre Esteban, quien sirve de intermediario para defender al joven. No así doña Luz, para quien

"esos salvajes, hombres no son;
no tienen alma; no son hijos de Adán;
esta estirpe feroz no es raza humana."

Tabaré pasa por loco ante los soldados. No habla, huye de todos, no duerme, vaga por la noche y a veces, en vela a muy altas horas, le han visto detenerse frente a la ventana de Blanca.
En una ocasión lo sorprenden y persiguen creyéndolo un fantasma. Acosado y sin armas, el indio se defiende desesperadamente. Ya está por caer cuando el padre Esteban llega y detiene a la soldadesca.
Al día siguiente, don Gonzalo, quien no quiere violar la amistad pactada con el mestizo, aunque ahora se le hace sospechoso por sus velas y rondas nocturnas, lo expulsa del villorrio devolviéndole su libertad, pero con prohibición de acercarse al pueblo.
Los charrúas, mandados por el nuevo cacique Yamandú, una noche atacan sorpresivamente a la colonia española. El jefe indio quiere apoderarse de Blanca y por eso ha lanzado el malón sobre el villorrio, pues un día la muchacha se internó demasiado en el bosque y fue vista por el cacique, despertando en éste el deseo por la joven.
Yarnandú, durante el ataque al villorrio, encuentra a Blanca, la rapta y se la lleva al fondo de los bosques, donde espera hasta que ella se recobra del desmayo.
Al volver en sí, Blanca grita y se crispa de miedo cuando ve al cacique mirándola con lascivia. A sus espaldas, oye crujir las ramas y pasos que avanzan. De pronto dos rugidos. El choque de dos cuerpos luchando que se desploman. Un grito ahogado y, por Fin, el silencio. Es Tabaré que oyó a lo lejos el grito de Blanca y corrió en su busca; peleó contra Yamandú estrangulándolo, pero ella lo ignora, pues no ha mirado hacia atrás, no vio la lucha y, por lo tanto, desconoce el desenlace; ni siquiera adivina quién fue su defensor.
Al verse sola, la joven de nuevo siente miedo y gime. Tabaré acude en su ayuda. La calma con sus palabras, y con cuidado y ternura la conduce en sus brazos hasta el fortín español. Don Gonzalo, fuera de sí por la desaparición de Blanca, ve venir al mestizo con ella, corre hacia él y, creyéndolo el raptor, lo mata atravesándole el pecho con su espada.

"La espada del hidalgo
goteaba sangre que regaba el suelo;
inmóvil, don Gonzalo
que aún oprimía el sanguinoso acero,
miraba a Blanca que, poblando el aire
de gritos de dolor, contra su seno
estrechaba al charrúa,
que dulce la miró, pero de nuevo
tristemente cerró, para no abrirlos más,
los apagados ojos en silencio."

Con estas palabras termina el poema.
De esta obra es preciso destacar cuatro puntos:
1. El hilo narrativo es romántico en su concepción, desarrollo y desenlace.
 2. El escenario, la naturaleza agreste del Uruguay con sus selvas, ríos, fauna y flora, está muy bien descrito.
3. El aspecto costumbrista es soberbio en las descripciones del ambiente guerrero de los charrúas.
 4. El fondo teológico, desde el cual el autor expone sus ideas religiosas y la pugna ideológica y espiritual entre indígenas y españoles, es excelente.

Sin embargo, más allá de toda ambientación típicamente americana y de la grandilocuencia propia de la época en que fue escrito (1886), el máximo valor literario de Tabaré radica en su contenido universal.

lunes, febrero 21, 2011

EL RUBI

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Autor: Rubén Darío, seudónimo del poeta, escritor y periodista nicaragüense, Félix Rubén García Sarmiento; 1867-1916. Otras obras: Epístolas y poemas, Abrojos, Rimas, Prosas profanas, Cantos de vida y esperanza, El canto errante, Canto a la Argentina, etc. (poesía); Azul... (Poesía y prosa); Cuentos completos (relato); Peregrinaciones, La caravana pasa, Tierras solares (narrativas); Los raros, Todo al vuelo, etc. (prosa no narrativa); biografías, y artículos periodísticos (crítica literaria).
Género y corriente: Cuento modernista.
Estructura: No presenta divisiones.
Sinopsis: A una gruta subterránea —descrita como un palacio esplendoroso, con muros y techo cuajados de oro, plata y piedras preciosas, donde habitan los gnomos, artífices de toda esa riqueza y pedrería—, uno de ellos, Puck, trae la noticia de que un sabio parisiense, mediante la alquimia de recortas y matraces, ha logrado elaborar un rubí artificial. Como muestra, se ha robado una de esas piedras del medallón de una dama, de esa manera "el cuerpo del delito estaba allí, en el centro de la gruta, sobre una gran roca de oro".
Ante el asombro del resto de los gnomos, que desconocen el origen de los rubíes, el más viejo de todos cuenta la historia de cómo nacieron las primeras gemas de ese tipo.
En una ocasión, mucho tiempo atrás, y a raíz de una huelga que conmovió toda la Tierra, los gnomos salieron en fisga por los cráteres de los volcanes; entre ellos, el narrador, entonces joven, también subió a la superficie de la tierra, donde todo era alegría, luz, vigor y primavera, y raptó a una hermosa doncella para convertirla en su amante.
En su gruta la hizo vivir como una diosa, como una emperatriz del oro, rodeada de lujo y de diamantes. Pero ella amaba a un hombre, "y desde su prisión le enviaba sus suspiros".
Cierto día, el gnomo terminó su trabajo de extraer diamantes de la roca y se durmió. Despertó con el murmullo de los gemidos de su amada que, al tratar de huir a través del agujero abierto en la roca, se había destrozado el cuerpo "blanco y suave como de azahar y mármol y rosa, en los filos de los diamantes rotos. Heridos sus costados, chorreaba la sangre". Él la tomó en sus brazos en tanto que la sangre de la joven corría inundando el recinto y las rocas de diamante se teñían de rojo. Ella murió en brazos de su raptor y los diamantes empapados de sangre se convirtieron en rubíes.
Cuando el viejo gnomo concluye su historia, crece el desprecio de sus amigos por el rubí artificial, pálido y sin facetas, porque no puede lograrse con procedimientos químicos la misma belleza que dan la sangre y el dolor de una doncella, por eso despedazan la falsa gema con un inmenso desdén. Terminan festejando, entre las paredes resplandecientes de la gruta, la superioridad de sus piedras preciosas y agradeciendo a la madre tierra por crear los diamantes, y a la mujer por haberlos convertido en rubíes irremplazables.
Esta breve narración es uno de los cuentos que integran una sección especial del libro de poemas Azul..., publicado en 1888. El título del cuento, además de aludir al asunto de la anécdota que en él se desarrolla, remite a la prolija pedrería que caracterizó el lenguaje del modernismo.
Tanto el tema fantástico como el esplendente escenario, poblado de gnomos y profusamente adornado de oro, plata y pedrería, son características definitorias de todo texto modernista. Las descripciones del ambiente están llenas de plasticidad, formas, colores, luces, sonidos melodiosos, riqueza y magnificencia, marco ideal para esta hermosa historia irreal.

HIJO DE HOMBRE

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Autor: Augusto Roa Bastos, narrador, poeta y ensayista; n. 1919. Otras obras: Fulgencio Miranda, Yo, el supremo, etc. (novelas); El trueno entre las hojas, El baldío, Madera quemada, etc. (cuentos); El ruiseñor de la aurora, El naranjal ardiente, etc.(poesía) y diversos ensayos.
Género y corriente: Novela realista moderna.
Estructura: Está dividida en nueve capítulos nominados.
Sinopsis: En Itapé, un pueblo de Paraguay, vive el viejo Macarlo consumido por los años y quien, sin embargo de su edad, posee una memoria prodigiosa y el don de contar historias.
Mientras algunos muchachos se burlan de él, otros se le acercan para oírlo referir historias del pasado. De todas ellas, la de Gaspar Mora, fabricante de instrumentos musicales, es la predilecta de Macarlo.
Antes de morir, Gaspar Mora había tallado un Cristo. Sus admiradores adoraban la imagen, en tanto sus detractores, incluido el cura, la rechazaban. Pero ante la posibilidad de un enfrentamiento entre ambos bandos adversarios, la Iglesia finalmente bendice la imagen. Macarlo, quien hasta entonces había cuidado de ella, pierde ese encargo, dado que el Cristo tallado pasa, por consiguiente, a manos de la Iglesia.
Poco después, Macarlo agoniza y muere leproso en el abandono, mientras Itapé despierta a la modernidad, representado este paso civilizador por la construcción de las vías del ferrocarril.
A esta altura, la novela se aparta del relato anterior y presenta el comienzo de otro hilo narrativo. Un día llega un forastero a Sapukai, otro pueblo paraguayo. Este hombre no habla con nadie, pero pronto se descubre su identidad: se trata un ex oficial ruso, exiliado de su patria luego de la caída del zar.
En cierta ocasión, el forastero conoce al sepulturero del pueblo cuya hija en ese momento yace casi moribunda. Como sólo mediante una cirugía puede salvarse, el extranjero opera a la muchacha y ésta se restablece. A partir de entonces, todos reconocen sus dotes de médico. El sepulturero le da, en señal de gratitud, una vieja talla de san Ignacio, uno de los santos patronos del Paraguay, que había sido hallada dentro de una tumba.
Tiempo después, la imagen se rompe accidentalmente y el doctor encuentra en su interior varias monedas de oro. Aleccionado por esta sorpresiva y feliz experiencia, desde entonces el forastero pide que le paguen sus servicios sólo con imágenes.
Más tarde, los pobladores advierten cómo el médico ruso va enloqueciendo poco a poco. Cuando un día desaparece, en su casa hallan decenas de imágenes decapitadas. Desde ese momento, los habitantes del pueblo lo llaman "el hereje" cuando se refieren a él.
A partir de estas dos narraciones aparentemente inconexas, las historias de Itapé y Sapukai se van desarrollando lentamente hasta desembocar en la guerra del Chaco, que desangró al Paraguay durante la década de los treinta.
Esta novela, aparecida en 1960, es un fresco de la historia paraguaya de la primera mitad del siglo XX, logrado mediante la yuxtaposición de capítulos autónomos.
Al final de la obra, un personaje, encarnación y símbolo del protagonista colectivo que es el pueblo paraguayo y que se ha venido configurando, debe cumplir una misión heroica, pero en ella muere.
En el último capítulo, los pocos sobrevivientes de la guerra intercambian sus tristes experiencias y la novela culmina con sentidas palabras del narrador, que exige comprensión y justicia para el pueblo paraguayo, tantas veces calumniado a lo largo de su tormentosa historia.
Con esta obra, Augusto Roa Bastos ha alcanzado reconocimiento internacional por su labor narrativa. La novela recrea e incorpora artísticamente elementos de la cultura guaraní, lo mismo lingüísticos que míticos, primordiales en la literatura de este autor, tanto en textos anteriores como posteriores al relato que ahora nos ocupa.
De esta manera, Hijo de Hombre, por sus indiscutibles valores literarios, ha conseguido un importante lugar en las letras del continente americano donde ya es considerado el más grande novelista paraguayo de todos los tiempos.

LA CIUDAD Y LOS PERROS

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LA CIUDAD Y LOS PERROS.doc

Autor: Mario Vargas Llosa, narrador, ensayista, dramaturgo y periodista; n. 1936.
Otras obras: La casa, verde, Conversación en la catedral, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, La guerra del fin del mundo, Historia de Mayta, ¿Quién mató a Palomino Molero?, El hablador, Elogio de la madrastra, etc. (novelas); Los jefes, Los cachorros, Kathie y el hipopótamo (relatos); La huida del Inca, La Chunga, (teatro) y numerosos ensayos.
Género y corriente: Novela realista moderna.
Estructura: Está dividida en dos partes, de ocho capítulos numerados cada una, y un epilogo.
Sinopsis: Alberto, a quien sus compañeros apodan el Poeta porque escribe cartas de amor y novelas pornográficas para venderlas a los otros internos, ha sido inscrito en el colegio porque su padre confía en que ahí se hará "hombre", y el Jaguar, de familia muy humilde, está en la escuela militar para lograr un futuro distinto del de sus hermanos, ladrones de profesión.
Los códigos morales diferentes de ambos personajes se enfrentan abiertamente después de la muerte de Ricardo Araña, el Esclavo, otro de los estudiantes, quien se había identificado mucho con Alberto.
Todo comienza la noche cuando Porfirio Cava, uno de los miembros de la temible pandilla del Jaguar llamada el Círculo, especie de sociedad secreta que siembra el terror y la violencia en el colegio, a instancias de sus camaradas roba las respuestas del próximo examen de química.
A causa de un vidrio roto se descubre el delito y las autoridades consignan a toda la sección. Esa noche estaba de guardia Ricardo
Araña, apodado el Esclavo por sumiso y pasivo, quien soporta toda clase de vejámenes y humillaciones, por lo que es castigado a permanecer en el colegio todos los fines de semana mientras no aparezca el autor del robo.
Durante su reclusión, el Poeta se encarga de llevar las cartas de amor que él mismo ha escrito a Teresa, novia del Esclavo, de quien acaba enamorándose el propio Alberto. Cuando esto ocurre, Teresa deja de escribir al Esclavo y éste, atormentado por ese silencio, no puede soportar el encierro y al cabo de un mes delata al ladrón y Porfirio Cava es expulsado del colegio.
Tiempo después, durante unas maniobras, el Esclavo recibe un balazo en la nuca. La versión oficial es que su muerte se debió a que accidentalmente se disparó un fusil. Alberto sabe que no fue un accidente, sino la venganza del Jaguar por la delación del robo de Cava.
El oficial más honesto del colegio, el teniente Gamboa, escucha las quejas del Poeta y se enfrenta a la dirección del ejército para esclarecer el asunto. Sin embargo, la actitud de protesta de Alberto, único testigo del crimen, será nulificada por el director del plantel con la amenaza de que, si insiste en decir la verdad sobre la muerte de Araña, será expulsado por dedicarse a escribir novelas pornográficas. El miedo a la reacción de su familia y a no realizar los planes de irse a estudiara los Estados Unidos para convertirse en el "hombre de bien" que su padre quiere, lo hacen desistir.
En el epilogo de la obra, cronológicamente posterior al regreso de los cadetes del colegio, vemos a los protagonistas readaptándose a la monótona vida cotidiana. El teniente Gamboa se traslada a la guarnición de Juliaca, pueblo lejano y perdido entre la sierra, luego de su fracaso en el intento de transformar la actitud de los militares. Alberto vuelve a su barrio y a sus viejos amigos, y pretende olvidar a Teresa. Ella se casa con el Jaguar, al que conocía desde niña, y quien, despojado ya de su antiguo poder, trabaja como empleado bancario. Alberto, sin embargo, nunca recuperará la tranquilidad que perdió al aceptar el chantaje del director y renunciar a sus ideas sobre la justicia.
El pesimismo que llena la historia hace más conmovedora aún la situación de los jóvenes personajes, atrapados en un mundo donde reinan la maldad y la fuerza.
La dispersión del relato, contado con una técnica narrativa fragmentaria, es una acertada metáfora de la imposibilidad de lógica en un ambiente dominado por la violencia.
En esta primera novela de Vargas Llosa, publicada en 1963, se vislumbran los principales temas y modos de narrar que caracterizarán toda su obra, favoreciendo la presentación del mundo cerrado y opresivo de los colegios militares que domina esta narración, y por ello las relaciones establecidas por los cadetes con sus familias, amigos, superiores y entre sí, se caracterizan por el odio y la impotencia ante un orden social injusto por principio.
Este libro tiene estructura y estilo innovadores, con monólogos interiores y un modo especial de tratar el tiempo, en ello radica su importancia dentro de la actual narrativa latinoamericana.

LA TIERRA PRÓDIGA

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LA TIERRA PRÓDIGA.doc

Autor: Agustín Yáñez, novelista; 1904-1980.
Otras obras: Flor de juegos antiguos. Pasión y convalecencia,Genios y figuras de Guadalajara, Al filo del agua, Archipiélago de mujeres, La creación, Ojerosa y Pintada, Las tierras flacas, Tres cuentos (narrativas).
Género y corriente: Novela realista moderna.
Estructura: Consta de nueve capítulos nominados.
Sinopsis: Pascual Medellín, promotor enviado por el gobierno federal, llega a La Encarnación, enorme propiedad de Ricardo Guerra, alias el Amarillo, uno de los siete caciques regionales, verdaderos señores de horca y cuchillo, dueños de vidas y haciendas.
Sotero Castillo, Eulogio Parra, Pánfilo Rubio y Pablo Flores reciben a Medellín, en ausencia del anfitrión y propietario.
Desde el principio, Medellín percibe la rivalidad entre los presentes, así como sus intenciones de impedir la intervención del gobierno en contra del poder caciquil.
El Amarillo se presenta al día siguiente e invita a sus huéspedes a hacer un recorrido por las playas, lomas y plantaciones frutales de ésta que es, verdaderamente, la tierra pródiga. Al terminar el paseo, los cinco caciques presentes —pues faltan jesús Cordero, quien desde Autlán domina sus posesiones y sus negocios de agiotista, y Tiburcio Lemus, "talamontes" y dueño de madererías— expresan su proyecto de obtener del gobierno más créditos para continuar desarrollando cada cual sus propiedades. Medellín les asegura el interés de la administración federal, dispuesta a otorgar créditos y a realizar obras públicas, caminos, escuelas, hospitales, siempre y cuando los caciques entren en sociedad con el gobierno quien, en calidad de socio mayoritario, vigilará todos los proyectos de desarrollo y su puntual ejecución. Los caciques recelan de que semejante intervención es una mengua en su poder sobre tierras y hombres, por lo que se despiden sin llegar a compromiso alguno con Medellín, quien con palabras veladas les lanza la amenaza de que "si no entran en razón, se integran en sociedad con el gobierno y desisten de sus prácticas ilegales, no sólo quedarán privados de los créditos sino en situación muy precaria, porque carecen de títulos de propiedad para esas tierras que han tomado por la fuerza". Ya a solas, el Amarillo rememora cuántos esfuerzos viene invirtiendo para lograr su sueño de convertir La Encarnación en un inmenso centro turístico para su personal beneficio; cómo batalló para salir de pobre, ya que de simple transportista pasó a ser el hombre más poderoso y temible de la región; asimismo, recuerda a las mujeres cuyos nombres dio a playas y puntas costeras, amoríos pasajeros cultivados con cinismo delante de su esposa Elena, a quien humilla y maltrata; pero eso sí, "dándole su lugar" y entera confianza. Guerra piensa también en Gertrudis, la hija menor de Sotero Castillo, a quien desea tanto como odia al padre.
Los siete caciques libran una lucha sin cuartel para ver quién aventaja a los demás, quién "se los madruga". Por ello, compiten para obtener más créditos, cuyos pagos diferirán hasta nulificarlos, como siempre lo han hecho.
Sin embargo, Medellín piensa aprovechar esa rivalidad para, oponiéndolos unos con otros, derrotarlos y acabar con el caciquismo que mantiene la región hundida en la violencia. El más apropiado para sus propósitos parece ser el Amarillo.
Los caciques se reúnen a deliberar en busca de una solución. Ya han empezado a llegar maquinaria, ingenieros, contratistas, tropas para custodiar todo. La única salida sería unir fuerzas, pero los rencores, recelos y venganzas pendientes les impiden llegar a un total acuerdo.
De pronto, los acreedores comienzan a exigir el pago de deudas y llueven los embargos. El primer afectado es Guerra, quien se ve obligado a echar mano de todos sus recursos para salir del paso: halagos, sobornos, viejas relaciones... Al fin, se acerca al ingeniero Medellín, ya en la capital del estado.
Mientras el Amarillo anda lejos de La Encarnación, ésta es devastada por un ciclón. Elena se salva de milagro con el auxilio de Sotero Castillo, quien secretamente la desea desde hace años.
Cuando Guerra regresa, lo hace con el respaldo de Medellín e inicia no sólo la reconstrucción de sus destruidas propiedades sino el proyecto turístico o, al menos, así le parece.
Guerra también trae el propósito de seducir a Gertrudis. Con el pretexto de agradecer su ayuda a Castillo, se presenta en los dominios de éste, le propone terminar sus rencillas y reanudar la vieja amistad. Sotero parece acceder. Esa misma noche, Gertrudis huye con Guerra. El padre de ella se venga asesinando inocentes, lo cual enciende la ira popular. Castillo muere linchado a manos de gente incitada por Jesús Cordero.
A raíz de ese asesinato, Guerra comprueba estar realmente enamorado de Gertrudis. Sus demostraciones de amor por la joven empujan a Elena a la desesperación.
El Amarillo planea ofrecer una gran fiesta a las autoridades del estado, el gobernador, Medellín y varios funcionarios. Cuando todo está listo, los invitados llegan a donde se realizan los trabajos para el camino y demás obras, pero desaíran a Guerra y le notifican el cese de su comisión y que también se le cancela el proyecto turístico. La fiesta se celebra sólo para Ricardo y Gertrudis, de quien desea tener un hijo. Elena se percata de cómo ha sido desbancada y se suicida,
Desprovisto de poder, pero lleno de amor y energía nueva, el Amarillo huye con su amante, decidido a empezar desde cero.
Desde su publicación en 1960, a esta novela se le considera una de las mejores de Yáñez. Si en Al filo del agua se ocupa del aspecto adusto y sombrío de Jalisco, en ésta centra sus observaciones sobre el paisaje exuberante de la costa jalisciense y sus apasionados habitantes.
Yáñez narra con enjundia valiéndose del lenguaje coloquial propio de su tierra natal; además, utiliza el monólogo interior para dar a conocer los pensamientos de sus personajes, a la vez que delinea a cada uno de ellos.
La secuencia temporal se rompe aquí y allá para enterar al lector de los antecedentes, las motivaciones ocultas y los anhelos que subyacen en las acciones de los protagonistas.
Yáñez se solaza, sobre todo, en las descripciones prolijas, exuberantes como la misma tierra que da título a la obra. El autor compara la conducta de los caciques con la de los primeros  conquistadores españoles y no le falta razón. Estos hombres despóticos, crueles, ambiciosos sin límite, son los instrumentos ciegos de la civilización que acaba derrotándolos.

LOS RÍOS PROFUNDOS

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LOS RÍOS PROFUNDOS.doc


Autor: José María Arguedas, narrador, ensayista, poeta y antropólogo; 1911-1969.
Otras obras: Yazuar Fiesta, El sexto, La agonía, de Rasu Ñiti, Todas las sangres, etc. (novelas); Mitos, leyendas y cuentos peruanos, Canciones y cuentos del pueblo quechua, Cuentos mágico-realistas y canciones tradicionales del valle del Mantaro, Diamantes y pedernales, Amor, mundo y todos los cuentos; El zorro de arriba y el zorro de abajo [póstuma] (relatos).
Género y corriente: Novela indigenista.
Estructura: Está constituida por 11 capítulos numerados y titulados.
Sinopsis: Hijo de un abogado itinerante, un chiquillo de nombre Ernesto pasa sus primeros años en numerosos poblados, donde aprende a amar el lenguaje y las creencias de los indios. Durante una estancia en Cuzco, Ernesto se da cuenta del abismo existente entre blancos e indígenas —aquéllos, los dueños, poderosos terratenientes; los indios, sojuzgados, víctimas de atropellos y violencias aún subsistentes—. Dos pueblos, dos culturas y dos modos de vida distintos que, a pesar de su coexistencia, se hostilizan por naturaleza y nunca llegarán a integrarse del todo.
Durante esos años, el niño también conoce a su tío, un rico hacendado a quien su padre llama despectivamente "el viejo".
Trasladado a Abancay, Ernesto entra de interno en un colegio de religiosos sumamente conservador y ortodoxo, donde se educan los hijos de las familias pudientes. Este trasplante lo sitúa en un lugar y entre unas personas que le resultan totalmente ajenos.
Toda la novela está teñida de la nostalgia del joven protagonista por recuperar su vida pasada y seguir a su padre. El mundo elemental y diáfano de los indígenas, identificado con la naturaleza y entretejido de magia, que conoció en su infancia, será constantemente el refugio de sus recuerdos y añoranzas.
Por otra parte, la brutal explotación de los indios por la oligarquía latifundista es vista por los religiosos como un orden establecido "agradable a Dios".
Los personajes característicos de todo el internado comparten su historia: el Añuco, huérfano de un terrateniente venido a menos y protegido por los religiosos, y Lleras, el más indisciplinado y fuerte de todos, son los menos amistosos con Ernesto. Palacios, un humilde interno obligado por su padre a quedarse en el colegio, es el más sensible. Los abusos de Lleras concitan a los otros en su contra.
La agitada y solitaria existencia de Ernesto dentro del colegio se enriquece por fuera con otras experiencias; por ejemplo, con el conocimiento de juguetes indígenas como el "zumbayllu", que lo consuela de todas sus penas.
Al demostrar su destreza en el manejo del trompo se gana la amistad y el respeto de los habitantes de Abancay. Anteco, el dueño de la tienda, le pide que le escriba una carta dirigida a su novia y, a cambio, le regalará el juguete.
En los barrios indios de Abancay, Ernesto es testigo de la existencia miserable e infrahumana de los indígenas, sumidos en la suciedad y la tristeza. Pero entre ellos también descubre objetos que le son familiares y revive con nostalgia el mundo fantástico de los quechuas.
Un día, el niño presencia un levantamiento de las mujeres más humildes del pueblo, llamadas chicheras, uno de los episodios fundamentales de la obra.
La administración general de la hacienda ha acaparado la sal; las chicheras descubren los depósitos, los vacían e intentan distribuirla entre los peones indígenas. Ernesto, entusiasmado, se integra al grupo. Cuando regresa al internado, el padre director, a quien todos tenían por un "santo", reprueba su conducta y lo lleva consigo cuando sermonea hipócritamente a las mujeres sublevadas, intentando aplacarlas. Mientras tanto, la policía montada, avisada por el mayoral de la hacienda, quita la sal a las chicheras y la devuelve a las anteriores manos especulativas. El pueblo de indígenas, temeroso y acobardado, no interviene. El mayoral, que había recuperado la sal por la fuerza, la entrega ahora a los indios en premio a su obediencia y sumisión.
Pero, doña Felipa, la jefa de las chicheras, se ha convertido en el terror de los hacendados y vaga con sus seguidoras por los campos.
El niño, solidario y único admirador de esas mujeres entre los demás del colegio, ruega para que incendien los cañaverales y terminen así con los abusos de los dueños, los poderosos terratenientes.
Cuando el pueblo es invadido por la peste, seguida de una revuelta de los indios, el ejército ocupa el pueblo y los hijos de los oficiales se relacionan con los internos. Sin embarga, los fusiles de los guardias no logran aplacar la insurrección indígena.
Mientras tanto, la epidemia se extiende por toda la región. Los pudientes abandonan el pueblo. A los pobres sólo les queda el consuelo de la religión.
También Ernesto abandona el colegio y se dirige a Abancay, pero prefiere evitar la casa de su tío el hacendado y parte a la sierra en busca de su padre.
Esta novela, publicada en 1958, tiene una perspectiva peculiar. Su descripción del mundo quechua se realiza a través de la visión de Ernesto, el protagonista y narrador en primera persona. Se trata de un niño en cuya sensibilidad se entrelazan las culturas blanca e indígena. Su mirada ingenua descubre las relaciones sociales que presiden la vida de los indios en la sierra peruana. Además, por primera vez en la narrativa latinoamericana, el indio que aquí se presenta es real y objetivo; el paisaje oficia en la obra como un verdadero protagonista y la naturaleza está cargada de poesía.
La personalidad ambivalente del protagonista, su pertenencia real a la clase de los blancos y su identificación con la cultura indígena, hace del relato uno de los más desgarradores dentro de las letras americanas. Asimismo, la excelencia del lenguaje utilizado por el autor, donde también se entrelazan estos dos mundos, en ocasiones su estilo "traduce" al español el habla peculiar del indio mediante una recreación estética, demuestra la maestría de Arguedas como narrador, y justifica su lugar de privilegio dentro de los actuales escritores latinoamericanos más importantes.
Esta novela, por la denuncia social que conlleva, perfila un tema muy frecuente en la literatura peruana posterior.

BALÚN CANÁN

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Autor: Rosario Castellanos, poetisa, novelista y diplomática; 1925-1974.
Otras obras: Oficio de tinieblas (novela); Ciudad real, Los convidados de agosto, Álbum de familia (cuentos); El eterno femenino (teatro); ensayos, y poemas.
Género y corriente: Novela indigenista.
Estructura: Está dividida en tres partes, con 24, 18 y 24 capítulos, respectivamente.
Sinopsis: En un lugar apartado de México, Nueve estrellas (en maya Balún Canán, nombre antiguo de Comitán, Chiapas), una niña de siete años, hija de los Argüello, inaugura su mirada y sus palabras para contarnos las leyendas, las creencias y las realidades de los blancos y de los tzeltzales Con su lenguaje sencillo e imaginativo, nos describe directamente toda la herencia espiritual de un tiempo de crisis, donde dos fuerzas opuestas, los indígenas y los blancos, comparten un estado de ánimo único, aunque lleno de contradicciones hasta el momento en que deben enfrentarse.
La niña tiene una nana indígena que la inicia en el saber ancestral. También un hermanito, Mario, el último retoño de los Argüello, débil y delicado.
César, el padre de ambos niños, es un personaje enérgico y distante, pero en diversas ocasiones demostrativo y afectuoso. La madre, Zoraida, es impaciente, difícil, poco afecta a manifestar sus afectos y bastante propensa a la histeria y la superstición.
Un día, César recibe a los indios de Chactajal, propiedad de los Argüello, con quienes conversa de los asuntos de la finca.
Aquellos indios, dice la niña, "trajeron malas noticias, como las mariposas negras".
Es tiempo de lluvias en Balún Canán y los augurios de otros males siguen llegando. César se entera, por su amigo Jaime Rovelo, de que el gobierno de Lázaro Cárdenas ha promulgado una ley según la cual "los dueños de fincas con más de cinco familias de indios a su servicio, tienen la obligación de proporcionarles medios de enseñanza, estableciendo una escuela y pagando de su peculio a un maestro rural". César, simplemente; improvisa a Ernesto, su sobrino bastardo, como maestro, atendiendo sólo a su conveniencia.
La declinación de los Argüello se anuncia cuando viajan a la finca familiar de Chactajal. Durante el trayecto, sufren incomodidades por el mal tiempo, algunos obstáculos en el camino suenan como avisos de tragedia, y la impertinencia de Ernesto al matar a un ciervo demuestra el poco respeto del blanco hacia las creencias ancestrales de los indígenas.
En la segunda parte de la novela, un narrador externo, ajeno a los personajes, describe a la sumisa población indígena, empujada al límite de sus fuerzas por la exigencia de sus amos, y la revancha que luego tornan, originada en ideas nuevas y extrañas para su espíritu, pero que finalmente inspiran la rebelión. Este narrador, en tercera persona, nos habla del eco del pasado mítico que con mayor o menor fuerza resuena siempre en toda la novela de Rosario Castellanos, del enfrentamiento de prejuicios, y de las consecuencias de la débil reforma política introducida en Chactajal. También nos cuenta la llegada de César Argüello y su familia a Chactajal para vigilar la molienda de la caña de azúcar y las yerras, actividad campesina que consiste en marcar con hierro al ganado.
Todo parece ir bien al principio de su arribo a aquel lugar de enormes contrastes, pero un día los indios dejan de trabajar porque el maestro improvisado no sabe enseñar y, ebrio, golpeó a uno de los niños.
Inmediatamente, César obliga a los indios a regresar al trabajo, pero poco después, el patrón, dominante y a la vez represor, cosechará lo que ha sembrado: violencia y odio. "El fuego anuncia su presencia con el alarido de la fiera salvaje [...] Las indias temblaban en el interior de los jacales. Arrodilladas imploraban perdón, clemencia. Porque alguien, uno de ellos, había invocado a las potencias del fuego y las potencias acudieron a la invocación." El incendio devasta la hacienda y Ernesto muere tal como había muerto el ciervo: de un balazo en la frente. A Matilde Argüello, ex amante de Ernesto, se la lleva el dzulum, oscuro dios del monte.
El patrón se siente inseguro ante los acontecimientos y se marcha a Tuxtla Gutiérrez para luchar ante el gobernador de Chiapas por la restitución de sus tierras.
La niña vuelve a tomar el hilo del relato y prosigue con la historia mientras busca a la nana que ha perdido.
El todopoderoso César Argüello deambula por Tuxtla sin conseguir que le hagan justicia. Las supersticiones y la ignorancia de Zoraida, quien permanecía en Comitán con sus hijos, desencadenan la tragedia final. El último de los Argüello, el niño Mario, muere y con él finaliza también la estirpe de los dueños de Chactajal.
Fue publicada en 1957 y es la primera novela de Rosario Castellanos. Balún Canán es producto de la sensibilidad e inteligencia de Rosario Castellanos. Escrita con hábiles recursos estilísticos propios de la narrativa moderna. En ella la autora pone también de manifiesto sus conocimientos de las creencias, mentalidad y lengua indígenas; en algunas expresiones y en ciertas imágenes míticas se perciben ecos del Popol-Vuh, libro sagrado de los mayas.
Esta importante novela nos muestra una realidad de México escasamente conocida: el choque de dos culturas, en el que la voluntad de dominio y el ansia de poder de los blancos originan una turbia mezcla de prejuicios, incomprensión y violencia.

EL MUNDO ES ANCHO Y AJENO

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EL MUNDO ES ANCHO Y AJENO.doc


Autor: Ciro Alegría, narrador; 1909-1967.
Otras obras: La serpiente de oro, Los perros hambrientos, Lázaro. etc. (novelas); La leyenda del nopal, Duelo de caballeros, La ofrenda de piedra, El sol de los jaguares, Siete cuentos quirománticos, etc. (cuentos).
Género y corriente: Novela indigenista.
Estructura: Está dividida en 24 capítulos.
Sinopsis: "Desgracia" es la primera palabra que aparece en la obra y es pronunciada por Rosendo Maquí —el anciano alcalde de la comunidad de Rumí, que no sólo es el símbolo de su raza, sino también de su tierra, del medio donde ha transcurrido toda su vida— mientras busca con desesperación una culebra que se ha atravesado en su camino presagiando, "como una negra flecha disparada por la fatalidad", el trágico destino del pueblo.
Así, la primera desgracia cae directamente sobre la vida del viejo Rosendo cuando su esposa Pascuala, quien en sueños había visto cómo su padre, muerto hacía muchos años, venía a buscarla, deja de existir.
Un nuevo indicio de fatalidad se hace presente cuando los terratenientes, encabezados por el hacendado Amenábar, pactan una alianza con el poder civil para apoderarse de las tierras de Ruini, el pequeño pueblo que constituye el núcleo de la novela y donde viven aproximadamente quinientos campesinos, propietarios en común de fértiles tierras, entre quienes siempre ha existido una convivencia armónica.
Las estaciones marcan el ritmo de su vida, se reverencia a la madre tierra; la siembra y la cosecha son motivo de ceremonias religiosas, se trabaja en forma colectiva y se comparten fiestas. La alegría preside cada jornada y los comuneros son felices hasta que la fuerza de los hacendados empieza a hostilizarlos.
Un día, Rosendo Maqui recibe la visita de Amenábar, quien le recuerda el conflicto de límites entre la hacienda de su propiedad y los terrenos comunales. Los habitantes de Rumi comienzan a organizarse y lo primero que hacen es recorrer a caballo el perímetro de sus posesiones, revisando los mojones que señalan los límites divisorios entre las tierras comunales y las de Amenábar, terrateniente de Umay. Luego, nombran una comitiva que se dirige a la capital de la provincia para entrevistarse con Bismarck Ruiz, un leguleyo que se ofrece para litigar los asuntos de los campesinos y representarlos ante las autoridades judiciales. Las primeras gestiones son favorables a los comuneros. Todos piensan que se les hará justicia y lo celebran con música y bailes en Rumi; solamente Nasha Suro, la bruja del pueblo, se manifiesta muy preocupada porque advierte negros presagios para la comunidad. Ella es dueña de fórmulas mágicas y recursos secretos que usa para tratar de neutralizar las artimañas del hacendado y los jueces; pero, a pesar de su enorme caudal de hechizos, sus propósitos fallan y, perdida su reputación de hechicera, un día desaparece de Rumi (algunos dicen que se convirtió en vaca).
Durante los días próximos al despojo, se une a los comuneros el Fiero Vásquez, un bandolero de cara repelente y picada de viruelas. Este personaje llega a conocer, y por lo tanto informa al alcalde Rosendo Maquí, las intrigas de Amenábar en relación con el juicio; pero "el rojo del horizonte al atardecer presagia sangre; y el vuelo del cóndor cruzando por el cielo, en el momento cuando los campesinos deliberan, despierta temor porque anuncia desgracia".
Las ofrendas y la magia propiciatoria de los indígenas fracasan y el despojo de las tierras de la comunidad es perpetrado por Amenábar, al amparo de la ley, mediante sucias maniobras. El terrateniente también recurre a las armas para imponer su voluntad. El gobierno teme su influencia, la Iglesia se conforma con pedir fe y resignación a los comuneros. Los indígenas no pueden sino aceptar el fallo de las autoridades y, para no ser víctimas de la esclavitud, muchos campesinos emigran. Unos se van a trabajar a las minas, otros parten como braceros a las plantaciones de coca y caucho, y los menos llegan a la ciudad, pero todos sufren grandes injusticias y diversos tipos de explotación. La mayoría de ellos se concentra en Yanañahui, lugar de clima inhóspito, tierras pobres, montañosas y llenas de pedregales.
Rosendo Maqui es encarcelado por oponerse al despojo, junto con el Fiero Vásquez, quien se había identificado con la causa de Rumi, hasta el punto de atacar con sus hombres la hacienda de Amenábar, el todopoderoso de Umay.
En la cárcel, el Fiero trata de convencer al viejo Rosendo para fugarse juntos de la prisión. El viejo indio no acepta y al poco tiempo muere a consecuencia de los golpes que le propinan los carceleros. En cuanto al Fiero Vásquez, tiene un final misterioso y solitario.
Un narrador omnimisciente nos muestra la vida de los despojados, quienes ahora habitan en las alturas de Yanañahui, y nos relata el regreso de Benito Castro, un exiliado que había ido a trabajar a la costa, donde aprendió lo que son las huelgas y los derechos del hombre.
A la llegada de Benito, el nuevo alcalde indígena le cuenta todo lo relacionado con la lucha de los campesinos de Rumi por defender sus posesiones, lucha que aún no termina; además, le informa de las nuevas amenazas de Amenábar, que ahora pretende despojarlos también de las tierras de Yanañahui.
Se entabla un nuevo juicio y esta vez la Suprema Corte falla a favor de la comunidad. Las esperanzas renacen y los indígenas creen poder alcanzar el antiguo bienestar que tenían en Rumi.
Pero los poderosos hacendados presentan una apelación y la Suprema Corte de justicia da la razón al terrateniente, en contra de la comunidad. La cólera indígena estalla violentamente. La asamblea de campesinos acuerda resistir. Benito Castro instiga a sus compañeros a que se levanten en armas.
Mientras tanto, en Umay se concentran caporales y guardias civiles para atacar Yanañahui. Al, amanecer, hombres a caballo empiezan a subir por la falda del Rumi. La represión es brutal. Se escucha el estruendo de la fusilería y los campesinos comienzan a caer. La sangre de los indígenas moja su propia tierra, injustamente arrebatada por el poder de las armas.
A pesar de ciertos ribetes populistas, uno de los mayores méritos de esta novela es ser una de las primeras obras narrativas latinoamericanas en la que el mundo indígena se describe en su realidad, por encima de complacencias folklóricas o estilizantes.
Su estructura es lineal y, no obstante que aparecen muchas historias, cuentos y leyendas incidentales, como la vida del Fiero Vásquez, las peripecias de Benito Castro durante su exilio, el cuento del zorro y el conejo, y otros más que cortan o interrumpen momentáneamente la secuencia de la narración para aclarar o enriquecer nuevos detalles, finalmente todas las historias se integran al núcleo central de la novela.
Escrita en 1941, nos presenta a lo largo del relato un desfile de personajes muy bien caracterizados, fiestas tradicionales indígenas, temores, ritos y creencias ancestrales, paisajes llenos de belleza y significado, diálogos realistas. Todo ello y la admirable fuerza expresiva de la obra se han impuesto desde su publicación en 1941.

martes, febrero 08, 2011

EL GUARDAGUJAS

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Autor: Juan José Arreola, narrador y autor teatral; n. 1918.

Otras obras: Varia invención, Confabulario, Bestiario, Inventario, Confabulario total Palíndroma,
Confabulario antológico, Confabulario personal (narrativas); La feria, La hora de todos, Tercera llamada (teatro).

Género y corriente: Cuento fantástico.

Estructura: No presenta divisiones.

Sinopsis: "El forastero llegó sin aliento a la estación desierta", así empieza el cuento y, con esta introducción breve y precisa, el autor nos hace imaginar una acción real en el tiempo y en el espacio. Luego, en una sucesión de frases similares, nos describe la fatiga, el desánimo y la angustia del forastero. A esa hora exacta el tren debía partir... pero allí nadie había. De pronto "alguien, salido de quién sabe dónde", le da una palmada muy suave; ese alguien es "un viejecillo de vago aspecto ferrocarrilero", todo él indeterminado, irreal, quizá también con alguna pequeña dosis de locura.
Cuando el desconocido llama la atención del viajero, éste le pregunta con ansiedad si ya ha pasado el tren. El viejecillo le responde con otra pregunta: "¿Lleva usted poco tiempo en este país?"
Este diálogo inicial es la clave para entrar en la anécdota que Arreola desarrolla.
El viejecillo guía al forastero por situaciones y lugares que bien podrían ser aspectos de la realidad. Le dice que no desespere porque la empresa ha hecho maravillas en cuanto se refiere a la publicación de itinerarios; además, ya las vías ferroviarias enlazan hasta los pueblos más remotos y se pueden adquirir boletos para ir a cualquier parte, sólo falta que los trenes pasen efectivamente por las estaciones y sean puntuales.
Solícito, le platica cómo, en cierta ocasión, ante un abismo donde la empresa se había olvidado de construir un puente, los pasajeros desarmaron el tren pieza por pieza y llevaron cada una de las partes al otro lado. Es decir, el forastero debe templar su ánimo, tener paciencia, inclusive, puede llegar a convertirse en un héroe, aunque también puede morir en un viaje interminable; pero eso no importa, porque hay vagones a modo de capillas ardientes y también vagones cementerios. Con un poco de suerte, quizás arribe mañana mismo a su destino. Se sabe de algunos pasajeros que han llegado sin darse cuenta.
Algunos trenes ruedan sobre vías apenas señaladas con gis. Por otra parte, el informante indica con vehemencia que no existe ningún drama cuando en ocasiones se abandona a los pasajeros en falsas estaciones perdidas en la selva; todo tiene solución, porque los hombres han aprendido ahí nuevas formas de existencia y fundado poblaciones en esos lugares salvajes.
La vida, durante los largos trayectos, sufre transformaciones; de la sencilla charla en los vagones surgen amistades perdurables e incluso grandes idilios. Y esta lógica tan contundente convierte el sentido común, por supuesto, en una cáscara vacía.
El cuento se acerca a su fin cuando se oye el silbido de un tren verdadero. El viejo guardagujas interrumpe su plática y se pone a hacer señales ridículas y desordenadas con una linterna, al tiempo que echa a correr desaforadamente por la vía. Cuando está a cierta distancia, se vuelve para gritar. “!Tiene usted suerte! Mañana llegará a su famosa estación. ¿Cómo dice usted que se llama?" Luego, el viejecillo se disuelve en la clara mañana. "Pero el punto rojo de la linterna siguió corriendo y saltando entre los rieles, imprudentemente, al encuentro del tren. Al fondo del paisaje, la locomotora se acercaba como un ruidoso advenimiento."
Este cuento apareció inicialmente en el primer Confabulario del autor publicado en 1952. Allí se mezclan fantasía y realidad, una especie de desafío a lo real, donde lo cotidiano está tocado por lo absurdo. Asimismo, la narración es también una alegoría, puesto que encierra un marcado simbolismo; en este caso, pesimista y dolorosamente real.
La misteriosa y solitaria estación, el tren, las vías, los distintos destinos, el forastero obsesionado por llegara determinada ciudad, etc., representan la vida y sus extraños designios, a los que el hombre debe enfrentarse y ante los cuales se siente sobrecogido por sentimientos de soledad, desaliento, inseguridad, conformismo, ironía y desconcierto.
El autor pinta el drama de la vida en este relato notable por su concepción y técnica literaria. La ficción invade la realidad, y ésta a aquélla, a través de situaciones y simbolismos altamente significativos.
Escrito en un estilo que condensa y abrevia lo esencial, con un lenguaje pulido y trabajado para obtener la sobriedad y concisión deseada, la trama y unidad de la narración son irreprochables. Es ejemplo de un universo lleno de fantasía profunda y sugerente.

PEDRO PÁRAMO

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Autor: Juan Rulfo, narrador; 1918-1986. Premio Nacional de literatura 1970.

Otra obra: El llano en llamas (cuento).

Género y corriente: Novela del realismo mágico.

Estructura: No presenta divisiones.

Sinopsis: En un tiempo indefinido, Pedro Páramo, desalmado explotador de campesinos, mujeriego y seductor, heredó la hacienda La Media Luna, cuando su padre don Lucas fue asesinado por un peón. Esta propiedad se encuentra en Comala, pueblo ficticio del estado de Jalisco.
Pedro crece lleno de odio y como un jovenzuelo calavera, ambicioso, violador de cuanta mujer le interesaba, por lujuria o conveniencia, y el pueblo comienza a temerle hasta que, movido por el odio que lo corroe, Páramo hace de la hacienda el centro de su violencia.
Soborna a las autoridades, expulsa a sus vecinos para quedarse con sus tierras, cometiendo toda clase de arbitrariedades y atropellos, tal como sucede con Toribio Aldrete, quien al reclamar sus derechos es ahorcado por órdenes del cacique.
Las principales deudas que el padre tenía al morir eran con las dos hermanas Preciado y, para saldarlas, Pedro se casa con Dolores, una de ellas, futura madre de Juan Preciado. Personaje que inicia la novela.
Como esta unión por conveniencia no funciona como matrimonio, sirve para que Pedro Páramo, ayudado por el capataz Fulgor Sedano, hombre sin principios, ladino, cobarde, pero fiel cumplidor de la voluntad de su amo, consiga su propósito de anexar a sus tierras las de las hermanas Preciado.
Dolores, decepcionada del canalla, poco después huye para siempre y busca refugio junto a su hermana.
La Media Luna prospera con rapidez. Un día llegan voces de violencia: la revolución, Pancho Villa, los cristeros, etc. Más Pedro sabe su negocio. Arribista y convenenciero, se pone de parte de la revolución. Mete espías en las líneas gobiernistas para que lo tengan informado y él saquea la comarca so pretexto de ayudar al ejército rebelde. Todo esto favorece al dueño de La Media Luna; la vida allí sólo es jolgorio, abundancia y desenfreno.
Pero un día todo llega a su fin. Muere Miguel, el hijo predilecto de Pedro, igual de canalla que el padre, y desde entonces comienza a derrumbarse el imperio de La Media Luna. El ánimo del despiadado cacique empieza a decaer; sólo lo sostiene la obsesión del amor por Susana San Juan, con quien retozaba cuando eran niños y caminaban junto al río. Pero también este sueño se le derrumba. Para conseguir a Susana, quien había enviudado, Pedro hace desaparecer al padre de su amada.
Luego de una larga espera, inútiles esfuerzos por conquistarla y muchas vicisitudes, Páramo finalmente logra unirse a Susana San Juan. Pero ya es tarde, ella ha enloquecido. Además, los delirios de Susana se refieren siempre a relaciones pasionales con su difunto esposo Florencio, de quien no sabemos si realmente existió o es producto de su imaginación; por lo que, sea como fuere, sentimentalmente nunca es de Pedro. Y así muere. Cuando la entierran, Pedro, aturdido, manda que todas las campanas doblen a muerto. Pero ese día el pueblo está de fiesta y las campanas repican festivas y alegres. Pedro Páramo jura vengarse. "Me cruzaré de brazos y Comala se morirá de hambre. Y así lo hizo". Después incendia todo, descuida sus tierras y pasa el resto de su vida con la mirada perdida en el camino por donde un día se llevaron a Susana rumbo al cementerio.
Sin trabajo en La Media Luna todo se acaba y la gente se marcha. Años después de haberse "cruzado de brazos", Pedro muere a manos de Abundio el arriero, otro de sus tantos hijos desperdigados por el pueblo, quien le clava un cuchillo. "Pedro dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras". Sin Pedro Páramo, el pueblo decae. La guerra de los cristeros le da el golpe de gracia. Su venganza, por lo tanto, se cumple. Comala finalmente muere.
Algún tiempo después, Juan Preciado llega a Comala en busca de su padre, cumpliendo una promesa hecha a su madre, Dolores Preciado, fallecida una semana antes. En ese momento comienza la novela. Juan encuentra un pueblo muerto, fantasmal, poblado de murmullos, ecos, sombras de almas en pena; una región desierta, solitaria, sin viento y sin aire, sin rastros de vida, nada de aquel pueblo idílico descrito por su madre. Y allí, entre los horrores de su desconcierto, un día lo encuentran muerto en la calle. Juan Preciado muere de espanto, ahogado por los murmullos, por las voces de los muertos, por el miedo; y luego de muerto, narra su historia a Dorotea, con quien comparte la tumba, relato que alterna con las palabras y recuerdos de otros muertos y que el lector debe ir reconstruyendo retrospectivamente para hacerlo visible poco a poco.
Publicada en 1955, es ésta una novela difícil y extraña, que a la primera lectura produce desconcierto en el lector. Juan Rulfo recrea en ella un mundo fantasmal de soledad, rumores y murmullos que, a la postre, es lo único que queda de Comala.
La técnica narrativa empleada por el autor crea un ámbito brumoso y caótico, donde pasado y presente se confunden, los personajes se mueven en un tiempo sin tiempo, los hechos se ofrecen en forma invertebrada, y al lector corresponde ir armando cronológicamente la historia.
La obra presenta una complicada técnica de novelar con elementos de las grandes corrientes literarias de la época y dentro de una estructura desordenada en apariencia. Hay una alteración de la secuencia narrativa, múltiples perspectivas, flujo de la conciencia, acciones simultáneas o retrospectivas, entrecruzamiento de varios planos, etc. Además, mezcla lo real con lo fantástico y alucinante, creando un ámbito onírico fantasmal; con todo ello, Rulfo logra la unidad imprescindible de una trama con vigor poco común al tiempo que con una gran poesía, dando así una de las más notables novelas latinoamericanas del siglo XX.
Pedro Páramo, traducida a varios idiomas, ha proyectado internacionalmente a su autor.