martes, setiembre 19, 2006

La muerte de Artemio Cruz

Carlos Fuentes

ARGUMENTO

La muerte de Artemio Cruz (1962) reconstruye la vida de un hombre poderoso que está agonizando, a través de saltos en el tiempo y de enfoques narrativos y técnicas cambiantes.

Comienza la novela con el retrato introspectivo en primera persona de Artemio Cruz. Un autorretrato en el que podemos entender que se encuentra enfermo o malherido postrado en su lecho. Desde este punto de vista de un hombre en su lecho de muerte va a ser narrado todo el relato. La novela intercala las impresiones de Cruz moribundo en la cama con sus sueños, sus reflexiones y sus recuerdos, todo un recuento de su vida, sus amores, sus momentos heroicos y mezquinos, su valor y su cobardía, en definitiva toda la retrospectiva de una vida agitada desde sus últimos estertores.

RESUMEN POR CAPITULOS

(La novela no está estructurada en capítulos, sino en pequeños fragmentos que entrelazan las sensaciones de Artemio Cruz en su lecho de muerte con el recuerdo de los momentos más importantes de su vida, de forma que la novela es un continuo flash-back y recuento de esas memorias. Este resumen intenta seguir y ser fiel a esa misma estructura.)

Desde ese lecho recuerda el día anterior. Un viaje en avión desde Hermosillo, Sonora, hasta la Ciudad de México. Por su relato nos vamos enterando de que Artemio Cruz es un hombre de negocios y esos negocios no siempre son precisamente legales. Los va enumerando: Transportadores de pescado entre Sonora, Sinaloa y el D.F., un periódico, inversiones en bienes raíces (México, Puebla, Guadalajara, Monterrey, Culiacán, Hermosillo, Guaymas, Acapulco), domos de azufre en Jáltipan, las minas de Hidalgo, concesiones madereras en la Tarahumara, la participación en la cadena de hoteles, la fábrica de tubos, el comercio de pescado, las financieras de financieras, la red de operaciones bursátiles, las representaciones legales de compañías norteamericanas, la administración del empréstito ferrocarrilero, los puestos de consejero en instituciones fiduciarias, las acciones en empresas extranjeras -colorantes, acero, detergentes- y quince millones de dólares depositados en bancos de Zurich, Londres y Nueva York.

Luego enumera los pasos que integraron esa riqueza: Préstamos a corto plazo y alto interés a los campesinos del estado de Puebla, adquisición de terrenos cerca de Puebla previniendo su crecimiento gracias a la intervención del presidente en turno, adquisición de terrenos para fraccionamientos en la Ciudad de México, adquisición del diario metropolitano, compra de acciones mineras y creación de empresas mixtas mexicano-norteamericanas donde fungirá como hombre de paja para hacer cumplir la ley, hombre de confianza de inversionistas norteamericanos, intermediario entre Chicago, Nueva York y el gobierno de México. Manejo en la bolsa de valores para inflarlos, deprimirlos, comprar o vender a su antojo y utilidad, jauja y consolidación definitiva con el presidente Alemán, adquisición de terrenos ejidales arrebatados a los campesinos en las provincias del interior, nuevos fraccionamientos y concesiones en la explotación maderera.

Junto a Artemio Cruz en su lecho de muerte se encuentran Catalina y Teresa, su esposa y su hija.

(1941: Julio 6)

Artemio Cruz va a la oficina en su limusina y al pasar por Bellas Artes ve a su mujer y su hija entrando a una tienda de vestidos de novia. Él se reúne con los gringos, hablan de la explotación de azufre y él negocia sus ganancias ya que va a ser el front-man, el hombre de paja. Dice que pueden explotar la mina hasta bien entrado el próximo siglo, pero que a él no lo van a explotar ni un minuto más.

Luego va a comer con Padilla, su secretario para celebrar el éxito del trato con los gringos mientras su hija y su esposa van a desayunar a un Sanborns. En la calle una pelea de perros asusta a su mujer Catalina y ellas deciden regresar a su casa de las Lomas.

Las reflexiones y los recuerdos se mezclan en la cabeza de Artemio Cruz tendido en la cama. Por una parte empezamos a intuir que su relación con su mujer y su familia no es precisamente buena y por otra nos narra sus pensamientos, sus convicciones, sus deseos... Por ejemplo admite que siempre envidió y quiso ser como los del norte, como los gringos y que por eso hizo negocios con ellos, para de alguna forma sentirse aceptado por ellos, sentirse su igual. Desprecia a los de aquí, a los mexicanos y admira a los gringos pero se da cuenta de que no es igual que ellos que ven todo en blanco y negro, bueno y malo. Él sabe que todo extremo contiene su propia oposición.

(1919: Mayo 20)

Narra la visita de Artemio Cruz al Sr. Gamaliel Bernal, diciéndole que fue el último hombre que vio a su hijo con vida, compartió celda con él. Ahí ve por primera vez a Catalina, la hija de Bernal. Cenan juntos y hace piecitos con la hija por debajo de la mesa.

Gonzalo Bernal, el hijo de Gamaliel, fue fusilado en Perales, pero antes Cruz tuvo una conversación con él. Cuando la tropa fue dispersada por el presidente Carranza Artemio decidió ir a Puebla, consciente de que después de la revolución saber un apellido, una dirección, una ciudad es saber mucho. Pretende aprovechar esta situación y se ríe al pensar que es él el que regresa en vez del hijo fusilado.

Antes de ir a casa de Bernal Artemio hace averiguaciones en el pueblo. El confidente de Bernal es el padre Páez, todo el mundo le debe dinero en el pueblo, aunque este año tiene deudas pues los campesinos se rebelaron y se negaron a utilizar sus tierras. Los deudores también se rebelaron y ya no le quieren pagar más.

Artemio urde algo para quitarle las tierras a don Gamaliel. Promete dar préstamos a todos los campesinos a un interés más bajo que Gamaliel y propone que los derechos del viejo hacendado pasen gratuitamente a sus manos. Eso le cuenta al cura y éste se lo cuenta a don Gamaliel.

La hija y el padre hablan de esto y la muchacha se queja de cómo la miraba Cruz. El padre piensa que Cruz es el nuevo mundo surgido tras la guerra civil, la generación nueva que viene a destituir a la vieja destruyéndola. Don Gamaliel le dice a su hija que ese hombre puede salvarlos, que él se merece vivir los últimos años de su vida en paz.

Artemio convence a Gamaliel de que entregue las tierras que le piden los campesinos que son malas, gane así su confianza y ellos pronto irán a trabajar las tierras fértiles de ellos. Hasta puede pasar por un héroe de la reforma agraria.

Artemio Cruz piensa casarse con Catalina y para ello espanta a un tal Ramón que la pretendía.

En la cama Padilla, su secretario, le trae a Artemio las grabaciones de sus conversaciones del día anterior, donde discute con los que dirigen su periódico y unos gringos sobre unos asuntos sindicales de los ferrocarrileros y como esto los puede perjudicar. Luego le ponen una inyección y se duerme. Empieza de nuevo a recordar.

(1913: Diciembre 4)

Recuerda algunos días de la revolución, cuando Cruz se encontraba con los alzados en un pueblo, al lado de una mujer que conoció, Regina. Pasan días felices en el pueblo que está sirviendo de cuartel a los rebeldes.

Sin embargo los federales mandan una contraofensiva y Cruz debe salir de nuevo al campo a combatirlos. Va a caballo con los suyos pero sus pensamientos están en el pueblo con Regina. De pronto los atacan. Su caballo cae abatido por las balas y él huye pensando de nuevo en Regina. Encuentra a un soldado herido, pero lo abandona para ver qué ha sucedido. Al rato aparece otro de los suyos con el herido en brazos ya muerto. Cruz hace ademán de huir pero el soldado lo detiene diciéndole que los federales ya huyeron, que llegó la caballería y los vencieron, que no se ve bien, que regresen al cuartel. Artemio asiente pensando en Regina y en que ahora todos sabrán de su deserción en la batalla. Sin embargo el soldado le dice que le recibirán como a un héroe pues él y sus hombres detuvieron sin querer el avance de los federales y así consiguieron que la caballería pudiera reaccionar a tiempo.

Llegan al pueblo y allí descubren que los federales entraron por sorpresa al pueblo y aunque no pudieron llegar al cuartel se vengaron en los barrios aledaños. Artemio en unos árboles donde han ahorcado a algunos del pueblo encuentra a Regina. Lo llevan a acostar para que descanse y él recuerda sus momentos felices con Regina. Entonces entra en la fantasía de que ella no está muerta, sino que se fue hacia el sur, atravesó las líneas enemigas y se fue al siguiente pueblo donde le estaría esperando en otra habitación. Con estas ensoñaciones monta su caballo y atravesando las líneas de los federales siembra la muerte y la destrucción y se dirige hacia el sur.

Desde su lecho de muerte Artemio Cruz de nuevo maldice a su hija y su esposa que se han quedado a su lado por el interés, por el dinero, pero que en el fondo odian todo lo que tienen pues todo se lo ha dado él.

Vuelve a oírse una grabación donde hablan de los beneficios de Cruz administrando los empréstitos norteamericanos en los ferrocarriles y como esos líderes comunistas le quieren estropear el negocio. En la represión policial parece que hay un muerto y Cruz ordena a su periódico que tape la noticia y que la policía cierre la imprenta donde los trabajadores piensan publicar la noticia. También hablan de los negocios de la construcción de una carretera que Cruz quiere que pase por unas tierras que él compró, pero otro, Juan Felipe Couto, que también tiene tierras por allí quiere lo mismo y como planea difamarlo desde su periódico con noticias sobre sus líos de faldas.

Artemio piensa como su mujer, su hija y su yerno Gerardo quieren apresurar su muerte para quedarse con sus riquezas. Hacen que venga un cura. Llega el yerno y Artemio se ríe de él. Las mujeres dicen que está fingiendo, que no se va a morir y que solo se está riendo de ellas una vez más. Discuten y luego callan, mientras el cura le unta un aceite en el cuerpo a Artemio y pronuncia su "Ego te absolvo".

De nuevo entre sueños Cruz piensa que vivió setenta y un años sin darse cuenta de cómo funcionaba su cuerpo, pero hoy enfermo empieza a ser consciente de él. Pues la sangre que recorrió durante años una arteria con dificultad hoy ya no lo hará más, se parará y así se quedará estancada, pudriéndose.

Entonces Catalina, su mujer, se acercará a él para preguntarle si necesita algo. Acariciará su frente y vendrá a recordarle, aunque sea al final, que la soberbia es superflua y la humildad necesaria. Sus dedos querrán calmar su dolor y decirle tal vez lo que no le dijeron hace cuarenta y tres años.

(1924: Junio 3)

Recuerda aquí Cruz como su mujer Catalina vive a su lado después de la muerte de su padre. Como ella se pregunta a sí misma por qué no puede ser con su marido igual de noche que de día, se pregunta si él siente realmente amor por ella. Mientras Cruz hace sus negocios con los campesinos y los convence para que le favorezcan a él y no a un tal Pizarro que también tiene tierras y un molino. Les dice que ya no lleven sus cosechas al molino de Pizarro.

Catalina sigue recordando a su padre y meditando sobre su situación actual al lado de Artemio. Catalina recuerda los últimos días de vida del padre, como él mismo organizó todo y le heredó a su hija y designó al yerno usufructuario y administrador. Los recuerdos de Catalina se entrelazan con la historia de la enemistad de Cruz y Pizarro. Ella se pregunta si no tiene derecho también a ser feliz, él quiere ganarse su amor, ser un hombre nuevo para ella, darle a entender que el tiempo duro ya ha pasado. Él desea borrar el origen de su alianza y hacerle entender que la había amado desde la primera vez que la vio en el pueblo, antes de saber quién era. Pero ella no puede olvidar como él llegó para quitarles todo. Lo ama pero al mismo tiempo no puede perdonar. Se debate entre olvidar y aceptar la posibilidad de una vida feliz o mantener hasta el fin el rencor que siente. Tienen un hijo y otro en camino.

En la presidencia municipal postulan a Cruz para diputado federal, postulación arreglada meses antes en Puebla y México a través de un gobierno que reconocía sus méritos revolucionarios, el haber abandonado el ejército para cumplir los postulados de la reforma agraria y el haber instaurado el orden en la comarca ante la ausencia de autoridad. Los matones de Pizarro le apuntan cuando sube al templete pero antes de que puedan disparar los partidarios de Cruz los matan.

Finalmente discutan Cruz y su mujer y aunque Artemio le pide que olvide, que perdone, que sabe que lo quiere; ella se niega, le dice que no, que nunca podrá hacerlo. Así quedan los dos sin ofrecer o aceptar disculpas, separados definitivamente, fracasado el amor.

Cruz va entonces a ver a una muchacha india que lo había recibido en su casa durante el primer embarazo de su mujer y la lleva a la casa grande, diciéndole que a partir de ahora ella vivirá allí. Catalina lo espera arriba en la recámara arrullando al hijo.

En el lecho oye las grabaciones de Padilla. Teresa y Catalina están preocupadas porque no saben si Artemio ha dejado o no testamento y dónde se encuentra. Esto les puede acarrear muchos problemas y tratan de sacarle esta información. Pero él en sus pensamientos las maldice, por haberles dado todo y no habérselo agradecido. Porque, ¿qué hubieran sido sin él?, unas pobres clasemedieras, porque él les dio todo sin pedirles nada. Hubieran preferido que él fuera un empleaducho, pero él fue por todas, hay que ser de arriba o de abajo, no de en medio, sin embargo ellas siguen teniendo la cabeza de la mediocridad. Él recuerda a Regina que dio su vida por él y que se amaron.

Desde el lecho con el olor del incienso del cura recuerda otros tiempos. Recordará a sus hijos, al padre Páez, a esa mujer que amó con cuatro nombres, Regina, Laura, Catalina, Lilia. Recordará una conversación con el mayor Gavilán en un burdel después de la revolución, donde los hombres hablarán con la lengua del poder, de su futuro, de sus planes de servir a la patria siempre que eso ayude a sus intereses personales, que les ayude a enriquecerse y los que vengan después de ellos que se apañen. Rechazará la culpa de una moral que no escogió, que se encontró ya hecha. Artemio Cruz querrá ser inocente.

(1927: Noviembre 23)

Donde se narra el encuentro de Cruz con un comandante de la policía que mientras juegan a la ruleta rusa lo intenta convencer para que se ponga de su lado, es decir, del lado del presidente entrante, que piensa fusilar a los curas, y en contra del anterior.

Una visita a la casa de citas de la Saturno con el general Jiménez y los suyos mientras su mujer Catalina esconde al padre Páez en el sótano de su casa.

A la mañana siguiente después de recibir una llamada, el diputado Cruz se dirige a ofrecerle su lealtad al nuevo presidente y allí encuentra al general Jiménez y a otros que han ido a hacer lo mismo que él.

Sigue desde la cama disimulando, fingiendo que intenta recordar donde guardó el testamento. De pronto dice que en el doble fondo de un estuche de caoba. Ellas lo buscan en una mesa y lo encuentran, pero al abrirlo allí no hay nada.

Sigue oyendo las cintas de Padilla donde se oyen las conversaciones en que Cruz habla con el subsecretario y lo insta a reprimir a los huelguistas o él y sus asociados retirarán su capital del país, más de cien millones de dólares.

Artemio delira. Piensa en cosas de comer. Piensa en su familia. Piensa que chinguen a su madre.

Reflexiones de Artemio Cruz sobre la chingada. Su masonería: la orden de la chingada. Su ley: chinga o te chingarán.

(1947: septiembre 11)

Donde se narra unas vacaciones de Cruz con Lilia, una amante para las vacaciones. Van a ir del hotel a un yate. Suben en una lancha que los llevará allí con un tal Xavier Adame. Cruz observa a su amante comer durazno y coquetear con Adame. Sabe que van a quedar en verse más tarde. Regresan al hotel y Lilia dice que va a acostarse a hacer la siesta. Él espera un rato y cuando sube a la recámara Lilia ya no está allí.

De nuevo en su cama siguen los problemas con los ferrocarrileros y sus mujeres siguen buscando el testamento.

Un recuerdo que Catalina querrá compartir con Artemio. ¿Lorenzo sin tí en aquella montaña? ¿Gonzalo contigo en este calabozo? Catalina querrá hacerle recordar esto para hacerlo sentir culpable. Pero Artemio intentará recordar los días pasados con su hijo en su hacienda de Veracruz antes de que el partiera para España, intentará recordar aquellos días felices que su madre no conoció, tal vez para borrar el recuerdo culpable que Catalina quiere imponerle.

(1915: octubre 22)

El capitán Cruz va con un destacamento a interceptar alguna columna jironeada y en fuga de Francisco Villa. Con sus fuerzas leales a Carranza se interna en un cañón y los caballos villistas les tienden una emboscada. El yaqui Tobías cae con su caballo y éste le aplasta las piernas. Caen en poder del coronel villista Zagal que los quiere llevar a la prisión de Perales. Lo montan a él en un caballo junto con el yaqui herido y se internan por los vericuetos de la sierra que solo son conocidos por los villistas para llevarlos al poblado chihuahuense y de allí a la prisión.

Entran en una mina abandonada y el yaqui le dice que en la entrada está lleno de chiflones, que ruede del caballo y que allí no lo han de encontrar, que se olvide de él pues tiene las piernas rotas. Así lo hace. Desde su escondite oye los rumores de su persecución y espera. Intenta salir, pero los villistas han clausurado la entrada por donde él escapó con piedras. Busca el aire que sale por otras aberturas para buscar otra salida. Por fin sale por una abertura con la mala fortuna de que allí le esperan los villistas comiendo una cabra que han cazado.

Llegan al pueblo de Perales. Meten al yaqui en el calabozo y el coronel llama a Cruz para que platique con él. Éste le propone que le informe de los planes de su ejército, pues sabe que ellos no eran más que una columna de expedición, y que él lo dejará libre. Cruz se niega y lo llevan al calabozo donde se encuentra el yaqui y el licenciado Bernal, un enviado de Carranza, a que espere la hora del fusilamiento.

Conversa Cruz con Gonzalo Bernal que fue enviado allí por Carranza para intentar convencer a los villistas de que se rindan y también le cuenta de Puebla y de los suyos. A Cruz no le gusta Bernal y sus modales de intelectual en medio de una guerra y entonces decide contarle un plan falso al coronel, pedir la vida del yaqui y dejar morir a Bernal.

Así lo hace y el coronel le dice que si los está engañando lo sabrán y lo fusilarán. No puede hacer nada por el yaqui y los otros dos prisioneros son fusilados, pero en ese momento se oye llegar a los de Carranza. En la confusión del ataque Cruz consigue desarmar al coronel Zagal. Quedan solos pues todos los soldados villistas salen al encuentro de sus enemigos. Se baten en duelo y Cruz mata al coronel.

En su lecho de muerte lo visita Gloria, su nieta. Siguen las rencillas familiares mientras parece que ya se han puesto bajo control los problemas con los ferrocarrileros. Cruz vuelve a despreciar a su familia. No los odia, simplemente no le interesan, los recuerda con la indiferencia de un trámite molesto y piensa que por supuesto que por ahí hay un testamento donde se acuerda de todos. Para que se sientan tranquilos.

También se sentirá un sobreviviente, pues tuve que elegir, que tomar decisiones y otros murieron a su paso. Decidir, escoger uno de los caminos, abandonar todos los demás. Muchos morirán en el camino, pero él no, él sobrevivirá.

(1934: agosto 12)

Recuerda Artemio Cruz una temporada que pasó en París con una de sus amantes, Laura. Platican en el departamento que ella acaba de arreglar, que por lo que entendemos le ha puesto él para que puedan verse cuando quieran y recuerdan juntos aquella temporada en París, los conciertos, las visitas a los museos. Recibe Laura de pronto la llamada de una amiga, es Catalina, la mujer de Artemio y hablan sobre su departamento y un sofá que Catalina le quiere comprar para su casa. Beben whisky y platican sobre su mujer, sobre ellos, sobre París. Laura le insinúa que debe elegir, pero Cruz le dice que prefiere que todo siga como hasta ahora, que esas cosas hacen daño, que deben guardar las apariencias.

Despierta Cruz con un terrible dolor en el estómago, como si le clavasen un puñal en el ombligo. Sus mujeres se acercan asustadas y llaman al doctor. Éste lo observa pero es incapaz de decir en qué consiste la enfermedad, una hernia estrangulada, una peritonitis, un cólico nefrítico...

Artemio recuerda de nuevo a su hijo. Como al principio lo dejó habitar el mundo de su madre tan alejado del trabajo paterno, pero a los doce años lo llevó a Cocuya, a la hacienda que había comprado solo para él, para que se criara en el campo, con la caza, los caballos , el nado , la pesca. Recordará un día cabalgando con su hijo y caminando por la playa escuchando los cantos jarochos y recordará cuando su hijo le habló del mar y le dijo que ya había comprado un pasaje para un barco que partía dentro de diez días. El hijo le dirá que al traerlo allí a Veracruz es como si hubiera vuelto a vivir la vida de Artemio y le comunicará su intención de unirse al frente en la guerra civil española.

(1939: febrero 3)

Donde se narra como Lorenzo, el hijo de Artemio Cruz, se encuentra en una azotea con un español, Miguel, en los últimos momentos de la guerra civil. Los dos cubren la retirada de algunos soldados republicanos ametrallados por los fascistas. De pronto llegan los aviones enemigos y empiezan a bombardear. Ellos deciden dejar su escondite y salen a la calle. Allí se encuentran con unas mujeres que al verlos algo desorientados les dicen que vayan con ellas. Salen todos de la ciudad y se encuentran frente a un puente. La decisión es clara: o cruzarlo o esperar a que los fusilen. Miguel dice que la guerra ya está pérdida, que no les queda nada más que huir, cruzar la frontera, llegar a Francia. Siguen caminando y Lorenzo va escribiendo a su padre, sus impresiones de la guerra, de España, de las ilusiones republicanas, de sus compañeros de armas... Siguen caminando y les llama la ilusión de llegar a la frontera, mientras Lorenzo se va enamorando de Dolores, una de las milicianas que los acompañan. Sin embargo ya en la fila de refugiadas que van a Francia con todas sus pertenencias, de pronto oyen el ruido del motor de un avión. Todos se esconden menos Lorenzo que es el único que trae un fusil con dos balas y entonces la ráfaga de metralla lo alcanza y muere.

Entre delirios Artemio Cruz oye los reproches de Catalina por la muerte de su hijo, de la cual lo cree culpable. El por su lado piensa en la muerte de su hijo y en la carta que recibió y en todas esas preguntas, ¿dónde, cuándo murió, quiénes lo acompañaban, cuáles eran sus nombres, qué dijo, cómo iba vestido?

Mientras los médicos siguen discutiendo cual será la causa de la enfermedad de Cruz y él de pronto vomita sus propios excrementos para horror de todos los presentes.

Piensa Artemio Cruz ahora desde la cama en la lectura de la carta de su hijo muerto y fantasea sobre la posibilidad de haber escogido otra vida, piensa en qué hubiera sucedido si hubiera hecho otras cosas, si hubiera tomado otras decisiones, qué hubiera sido de él, en qué se habría convertido. Piensa en el recuerdo mismo y también en la muerte.

(1955: diciembre 31)

Donde se narra la fiesta de San Silvestre en la enorme residencia de Coyoacán de Artemio Cruz. Allí está su amante Lilia, con la que parece vivir, ya que Catalina vive en su casa de las Lomas. Cruz oficia toda la ceremonia desde su sillón, como el anfitrión-rey al que todos rinden pleitesía y nadie se atreve a molestar. Manjares de todo tipo, champán y otras bebidas, más de cien invitados y bailarinas exóticas. El poder festejándose a sí mismo. Retrato de la hipocresía.

Cruz de nuevo delira sobre su lecho, ahora parece que una ambulancia lo lleva al hospital. Sus pensamientos vagan de nuevo por su pasado, sus mujeres, las que lo amaron y él amó, por su hijo, sus muertos, su propia lucha contra la muerte aquí y ahora. Lo bajan de la ambulancia y es mandado a la mesa de operaciones.

Recuento, recapitulación al borde de la muerte. Parece que Artemio Cruz ya se prepara a morir y piensa en desprenderse de todo, deja todo y aún así hace recuento de los amores a su tierra, de todas sus cosas, grandes y pequeñas, buenas y mezquinas, para tal vez alcanzar la paz, ahora que el fin se junta con el principio y el origen con el destino.

(1903: enero 18)

Donde se narra un importante suceso en la infancia de Artemio Cruz, de la que hasta ahora solo sabíamos que había pasado en Veracruz.

El niño Cruz vive en una choza al lado del río con el mulato Lunero haciendo velas y pescando. Por la narración de Lunero nos enteramos de que Cruz lleva con él trece años y que es hijo de un terrateniente de aquellas tierras venido a menos, un tal Atanasio Menchaca que robó las tierras a los anteriores propietarios y luego se las robaron a él y lo mataron. Atanasio gustaba de ir por sus tierras violando a cuanta india o mulata se pusiera a su paso y una de éstas fue la hermana de Lucero, madre de Artemio.

Al lado del lugar donde viven Lunero y Cruz vive también la anciana madre de Atanasio, Ludivinia; que lleva treinta años encerrada en su casa, desde que su hijo murió y les robaron las tierras, enloquecida; junto con su otro hijo borracho, Pedro.

Hace treinta años murió Atanasio y eso le permitió a Lunero quedarse con el niño, ya que Atanasio lo hubiera mandado matar. Cuando las tierras pasaron al otro cacique llegaron muchos hombres a trabajar sus tierras y Lunero tuvo que inventar el trabajo de las velas y otros para poder seguir quedandose con Artemio y seguir viviendo allí, cerca de la casa de los Menchaca. Pero ahora Lunero está preocupado pues ayer llegó a visitarlo el enganchador del cacique y le dijo que se necesitaban hombres, que vendrían por él al día siguiente. Sabe que hoy tendrá que abandonar al niño y se quiere asegurar que sabe hacer bien su trabajo y que podrá apañárselas por él mismo.

Artemio sospecha algo y cree que los responsables de la marcha de Lunero son los de la casa de al lado, los Menchaca. Sin hacer caso a las recomendaciones de Lunero se acerca a la casa, agarra una escopeta que encuentra en la puerta y cuando ve a Pedro Menchaca le dispara en la cara asesinándolo. La anciana Ludivinia sale al rato de oír el disparo y encuentra al enganchador que le pregunta por el negro y el niño, pero ella no sabe responder y los dos parecen haber escapado del lugar.

Artemio Cruz sigue delirando y entre estos delirios aparecen nuevas reflexiones sobre el tiempo pasado y recuerda el sonido de herraduras y el disparo que oyó a sus espaldas y que mató a Lunero.

(1889: abril 9)

Donde se narra brevemente el nacimiento de Artemio Cruz, el parto de Isabel Cruz en aquella choza asistida por su hermano Lunero.

Finalmente Artemio Cruz muere en la mesa de operaciones.

PERSONAJES

Artemio Cruz: Es el total protagonista de la novela, que está narrada desde su lecho de muerte y desde su punto de vista. Cruz es niño, soldado, terrateniente, empresario, un hombre hecho a sí mismo, que no dudó en matar, robar o engañar para lograr su objetivo.

Catalina y Teresa: Son la esposa y la hija de Artemio, que lo odian por la forma en la que le quitaron todo a su padre Gamaliel Bernal y que en el fondo ansían su muerte para heredar su fortuna.

Padilla: Es el secretario de confianza de Cruz, que le trae todos los días las grabaciones realizadas en su despacho.

Regina: Primer y posiblemente único amor verdadero de Artemio. Muchacha que conoció en la revolución y que murió por él. Siempre la recordará.

Lilia y Laura: Otras dos amantes de Cruz. Lilia vive con él en su casa de Coyoacán y Laura, amiga de Catalina, en un departamento pagado por Cruz.

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