viernes, diciembre 17, 2010

PLATERO Y YO


Autor: Juan Ramón Jiménez, poeta español; 1881-1958. Premio Nobel de literatura en 1956.
Otras obras: Diario de un recién casado, Eternidades, Piedra y cielo, La estación total etc. (prosa lírica).; Almas de violetas, Ninfeas, Estío, La soledad sonora, Canción, Animal de fondo (poesía).
Género y corriente: Prosa poética.
Estructura: Está formado, en la versión completa, por .138 -estampas cuyo conjunto gira alrededor de la figura de Platero, un borriquito compañero del poeta durante su larga permanencia en Moguer, pueblo andaluz donde nació.
Sinopsis: Primero, una presentación: "Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro [...] Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña".
"Cabalgando en la blandura gris de Platero" o simplemente en su compañía, el autor recorre el pueblo, evoca algunos sucesos o platica familiarmente con el burrito: "No, Platero, no. Vente tú conmigo. Yo te enseñaré las flores y las estrellas. Y no se reirán de ti como de un niño torpón", dice en La miga.
"Platero trota, entra en el arroyo, pisa la luna y la hace pedazos", consigna en Escalofrío.
"Ahí tienes ya la golondrina, Platero, negrita y vivaracha, en su nido gris del cuadro de la Virgen de Montemayor, nido respetado siempre", en Golondrinas.
"Cuando al mediodía voy a ver a Platero, un transparente rayo del sol de las doce enciende un gran lunar de oro en la plata blanda de su lomo. Bajo su barriga, por el oscuro suelo, vagamente verde, que todo lo contagia de esmeralda, el techo viejo llueve claras monedas de fuego", poetiza en La cuadra, etcétera.
Al relatar sus frecuentes paseos, aparece recreada toda la vida del pueblo: los niños mendigos, el loco del lugar, el niño tonto, la casa de enfrente, el loro, el cura don José, el perro sarnoso, la novia, los gitanos, las tres viejas, la flor del camino, el pozo, los gallos, los gorriones, el arroyo, los toros, el canto del grillo, la vendimia, el vergel, la tormenta, la luna, el pastor, la colina, la tortuga, el cementerio viejo, el castillo, la fuente, la yegua blanca, el molino de viento, la torre...
Las descripciones tienen todo un toque altamente poético, y la atmósfera a menudo es melancólica, de una suave tristeza o de una exquisita espiritualidad.
Aglae es otro ejemplo de la poesía y de los sentimientos que expresa el poeta en una de las estampas de la obra: "¡Qué reguapo estás hoy, Platero! Ven aquí... Platero, avergonzado un poco de verse así, viene á mí, lento, mojado aún de su baño, tan limpio que parece una muchacha desnuda. La cara se le ha aclarado, igual que un alba, y en ella sus ojos grandes destellan vivos, como si la más joven de las Gracias les hubiera prestado ardor y brillantez. Se lo digo, y en un súbito entusiasmo fraternal, le cojo la cabeza, se la revuelvo en cariñoso apretón, le hago cosquillas... Él, bajos los ojos, se defiende blandamente con las orejas, sin irse, o se libera, en breve correr, para a pararse de nuevo en seco, como un perrillo juguetón. ¡Qué guapo estás, hombre!, le repito. Y Platero, lo mismo que un niño pobre que estrenara un traje, corre tímido, hablándome, mirándome en su huida con el regocijo de las orejas, y se queda haciendo que come unas campanillas coloradas, en la puerta de la cuadra".
Al final del libro aparecen los momentos de angustia por la muerte repentina de Platero: "La barriguilla de algodón se le había hinchado como el mundo, y sus patas, rígidas y descoloridas, se elevaban al cielo. Parecía su pelo rizoso a ese pelo de estopa apolillada de las muñecas viejas, que se cae, al pasarle la mano, en una polvorienta tristeza."
Con el subtítulo de Elegía andaluza, Juan Ramón Jiménez publicó en 1914 éste, su primer libro de prosa lírica.
Aparentemente, es una obra para niños, pero el propio autor nos advierte que está destinada a todo hombre que se halle en la "edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo [...] isla de gracia, de frescura y de dicha"; es decir, en un estado espiritual de pureza e inocencia, semejante al de los niños.
Todas las páginas, plenas de poesía y colorido, son más bien descriptivas, pues la acción es mínima. En esencia, la obra refiere pequeñas andanzas y anécdotas de Platero, confundidas con las propias del autor. Cada párrafo, cada línea, fascina con su belleza y ternura.
Sentimental, tocando la emoción y el gusto del lector, escrita en un lenguaje sumamente cuidado, pero de una sencillez casi coloquial, su prosa es pura poesía y poesía pura, según han dicho los más grandes críticos.

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