viernes, junio 17, 2011

EL CÍRCULO DE TIZA CAUCASIANO

EL CÍRCULO DE TIZA CAUCASIANO.docx

Autor: Bertolt Brecht, dramaturgo; 1898-1956.
Otras obras: Santa Juana de los mataderos, Los fusiles de la madre Cariar, La irresistible ascensión de Arturo Ui, Las visiones de Simone Marchard, Madre Coraje y sus hijos, Galileo Galilei, etcétera.
Género y corriente: Drama lírico de vanguardia.
Estructura: Está dividida en cinco actos nominados.
Sinopsis: Esta pieza teatral plantea el problema legal de la tenencia de la tierra, que es resuelto por Bertolt Brecht aplicando los principios de la "verdadera justicia", sostenidos por la ideología marxista, a la cual el autor siempre se adhirió y apoyó mediante la mayoría de sus obras.
En el Cáucaso los miembros de dos granjas colectivas vecinas —una dedicada al cultivo de frutales y la otra a la cría de cabras— se disputan la posesión del campo de pastoreo donde la segunda estaba asentada y por ley le pertenecía. La proximidad de las tropas enemigas nazis empuja a esta última colectividad a trasladar sus rebaños de cabras y asentarse en otro lugar.
Pasado el peligro, los emigrados quieren regresar a su antigua tierra —ahora arrasada— puesto que, aparte de ser legalmente sus dueños, produce mejores pastos que la otra. Los integrantes de la granja vecina no quieren restituírsela; pues, mientras aquellos abandonaron el campo, ellos lo defendieron con fusiles, como hicieron con el suyo, y echaron de ahí a los alemanes. Además, lo necesitan para hacer una represa, reconstruir sus propios cultivos y añadir viñedos; pero este proyecto sólo puede llevarse a cabo si se incluye el campo en discusión.
Para resolver la dificultad, se representa ante los campesinos de las granjas una antigua obra teatral china titulada El círculo de tiza, cuyo sentido simbólico se relaciona con el actual pleito. El argumento de esta pieza es: Durante una revuelta sociopolítica —el país estaba en guerra— el rico y poderoso gobernador Georgi Abaschvili es hecho prisionero; su esposa y toda la servidumbre deben abandonar el palacio para salvar la vida. Apremiados por la huida, la frívola esposa se inquieta más por sus vestidos y adornos que por su hijo Michel, recién nacido; y finalmente, en las prisas, asustada ante el fuego enemigo, ya no tiene tiempo de recoger al niño.
Grusche, una joven sirvienta del palacio, se apiada del pequeño y se hace cargo de él. Con muchos sacrificios lo lleva a una aldea vecina y allí lo cría y lo cuida como si fuera suyo, pues si se descubre la verdadera identidad del niño, éste corre peligro de muerte.
Por otro lado, la misma revolución convierte a Azdak, un bribón borracho y pendenciero, en juez, y sus sentencias desconcertantes favorecen siempre a los pobres y desgraciados. Pasados algunos años, ante él comparecen un día Grusche y la esposa del gobernador, Natella Abaschvili, alegando ambas ser la verdadera madre del niño. Esta última acusa a Grusche de haberle robado la criatura; Grusche expone su amor y dedicación para sentirse con derecho a reclamarlo como suyo. (En realidad, el repentino interés de Natella por su hijo radica en que lo necesita para entrar en posesión de los bienes de su marido, decapitado por los revolucionarios.) Azdak no sabe la verdad, no obstante, la sospecha, y las somete a una prueba, un auténtico 'Juicio de Dios", para dar su veredicto. Hace colocar al niño en el interior de un círculo pintado con tiza y ambas mujeres deben tironear de él con fuerza: quien logre sacarlo del círculo será la verdadera madre. Grusche, que ama al niño, se niega a forcejear para no lastimarlo. Azdak, en un juicio salomónico se lo adjudica a ella.
La obra termina con estos versos que explican y constituyen la moral de toda la pieza:
Lo que existe debe pertenecer a aquellos
que para eso valen.
Los niños para que florezcan
las madrecitas.
Los coches a los buenos cocheros,
para viajar bien.
Y el valle a los que lo riegan para que dé sus frutos.

Esta obra, optimista en el fondo y sin los rasgos negros que caracterizan a casi todas las de Brecht, literariamente figura entre las más valiosas y maduras de este autor. Dejando de lado su evidente inclinación a la causa marxista, Brecht posee una técnica escénica donde se manifiesta su talento como dramaturgo, además de intercalar en el texto momentos líricos de una singular belleza.

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