lunes, junio 21, 2010

HIJO DE LADRÓN

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Autor: Manuel Rojas, narrador, poeta, y periodista; 1896-1973.

Otras obras: Hombres del sur, El delincuente, Lanchas en la bahía, El vaso de leche (cuentos); Travesía, La ciudad de los césares, Mejor que el vino, Punta de rieles, Viaje al país de los profetas, La oscura vida radiante, Sombras contra el muro (novelas); diversos poemas, y varios ensayos literarios.

Género y corriente: Novela realista moderna.

Estructura: Está constituida por cuatro partes que en total suman 42 capítulos.

Sinopsis: Aniceto Hevia narra la historia de su vida. Hijo de un afamado ladrón, tuvo sin embargo una vida familiar sosegada y casi feliz. A pesar de los sobresaltos y mudanzas, casi ineludibles dada la condición del padre, Aniceto recuerda con cariño y ternura los años compartidos con sus hermanos y su madre en la ciudad de Buenos Aires.
La pobreza y la falta de posibilidades de empleo no aparecen sino en su propia historia de adulto. El mundo marginal donde, en esos lejanos días, el niño ubica a su padre y amigos está descrito con la ingenuidad y el alborozo de quien ama la aventura. Su experiencia le hará olvidar, sin embargo, esos tintes alegres de la marginalidad. Cierto día, la policía toma presos a él y a su madre por el simple hecho de ser familiares del Gallego, conocido ladrón. A partir de ese momento, comienza la inmersión de Aniceto, entonces un niño de doce años, en la vida carcelaria y la pobreza.
Con la muerte de su madre, la situación de la familia toma un cariz desesperado. El padre debe cuidar de los niños y, puesto que no sabe hacer otra cosa, roba para mantenerlos. Pero la suerte no está de su parte y lo llevan a la cárcel. Aniceto y sus tres hermanos, abandonados a su destino y sin dinero, optan por separarse, aunque esto sea la solución más triste para ellos. El adolescente ve escaparse todas sus ilusiones y, sin documentos ni recursos, se marcha a Chile. Allí tampoco puede encontrar empleo provechoso, pero esa especie de predestinación a la desgracia que marca su vida lo lleva a caer, por error, en la cárcel. De allí saldrá; desesperado y enfermo, luego de cumplir la injusta condena.
En Valparaíso conoce a quienes serán sus compañeros futuros, con los cuales aprende a recoger metal en las arenas de la playa. Así consigue costearse una comida al día y un lugar donde dormir. El filosofo, un anarquista con ideas propias sobre el trabajo, y Cristián, un ladrón cuya vida entera ha transcurrido en la cárcel, comparten su desdicha. Con ellos se marcha, al final de la historia, para trabajar honradamente como albañil y pintor. Sin embargo, quienes conocen la historia de su vida, saben que esa perspectiva aparece como una ilusión efímera. Con las lluvias, el trabajo se tornará imposible y los amigos se hallarán de nuevo en la calle y desempleados. No hay mucho que esperar de la vida, y Aniceto Hevia, ese joven prematuramente envejecido, lo sabe.
Esta novela podría asociarse a la narrativa picaresca, por su desenfado en el recuento de la vida marginal y su reconocimiento explícito de que ser ladrón es una profesión tan respetable y necesaria como cualquier otra. Sin embargo, el desgarramiento moral de este joven, que no encuentra dónde pueda ganarse honradamente el pan, hace que la novela sea recibida como algo más cercano a la denuncia que a la recreación de un ambiente. La frecuencia con que se narran, por sus propios protagonistas, las vidas de los desheredados de la fortuna, hace que sea un relato inolvidable. Al mismo tiempo, la variedad de narradores e historias aporta tal riqueza a la novela que difícilmente podría lograrse de otro modo sin conocer los mecanismos del género. Es por eso que Hijo de ladrón, aparecida en 1951, se considera la mejor de las novelas de Manuel Rojas y una de las más significativas dentro de la narrativa chilena.

1 comentario:

caperuza dijo...

Es un libro fascinante, que cautiva con su historia y emociona a quienes han tenido la mala experiencia de vivir una vida similar.