jueves, junio 10, 2010

LECTURAS PARA MUJERES

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Autor: Gabriela Mistral, seudónimo de la poetisa, prosista, educadora y diplomática Lucila Godoy Alcayaga, premio Nobel de literatura en 1945; 1889-1957.
Otras obras: Tala, Desolación, Ternura, Rondas para niños, Lagar, La cabalgata, Estampas (poesía); Recados, Contando a Chile (ensayos literarios).
Género y corriente: Prosa poética.
Estructura: Está compuesta por un prólogo y siete apartados: Hogar, Maternidad, México y la América española, Trabajo, Motivos espirituales, Naturaleza y Motivos de Navidad.
Sinopsis: Los escritos de Gabriela Mistral, en la primera parte, tienden a crear conciencia y recuperar el papel de la madre en la familia: bondad, paciencia, disposición hacia los hijos son los temas centrales de sus ensayos. Recuerdos de la madre ausente rememora el amor materno, su capacidad para guiar a los hijos y la gratitud eterna de la hija quien, a pesar del tiempo transcurrido entre la infancia y la madurez, no deja de añorar la época de entrega de cuerpos, sentimientos e ideas compartidas: "Yo hubiera querido que como antes, en cada frase mía estuvieran tus palabras ayudadoras, para que lo que iba diciendo fuese como una guirnalda de las dos."
Poemas de la madre corresponde a la segunda sección. En este texto, la autora reflexiona en torno a la sabiduría que proporciona la maternidad, la dulzura y el dolor infinitos que se experimentan por el hijo: "¡Por siempre mi llanto y mi sonrisa comienzan en tu rostro, hijo mío?" Asimismo, establece una relación entre la tierra y la mujer por su tendencia protectora: "No he visto antes la verdadera imagen de la tierra. La tierra tiene la actitud de una mujer con un hijo en los brazos, con sus criaturas (seres y frutos) en los anchos brazos."
En la tercera parte de la obra, aparecen varios textos de la autora. Silueta de Sor Juana Inés de la Cruz resalta el quehacer literario de la ilustre monja jerónima en una época en que ello estaba vedado a las mujeres. Se subraya el tesón y entrega de la poetisa, su capacidad de darse y, sobre todo, su ansia de saber y su valentía para permanecer fiel a su vocación creativa en medio de una sociedad insulsa y frívola: "Tuvo que soportar ser el dorado entretenimiento del hastío docto de los letrados." Este personaje histórico le permite en Silueta de la india mexicana y en A la mujer mexicana retratarlas en su misión de criar y educar a los hijos, y sugerirles imitar la actitud de sor Juana en cuanto a su arrojo, no tanto en su afán de saber sino en defender los derechos. de sus hijos.
Las jícaras de Uruapan muestra, en la cuarta sección, el quehacer artesanal de los indígenas mexicanos, su peculiar capacidad para dibujar y combinar colores, siempre en íntima relación con la naturaleza: "Los tintes que el indio da a la jícara son vivos. Pone en su creación los colores ardientes que pintan la tierra cálida, los mismos de su traje y su sarape."
La riqueza territorial del país constituye otro motivo de este mismo apartado. Croquis mexicano y México maravilloso recrean las bellezas de la geografía mexicana. El maguey y la palmera real "de cuello eterno" —entre otras plantas características del país — suscitan sentidos elogios en la escritora.
La hora que pasa forma parte de la quinta sección. El texto alude al valor del trabajo artesanal del pueblo. Al mismo tiempo, la autora aprovecha para hacer un llamado optimista y positivo a todo ser humano, "entrega tu labor: tu tela, tu ladrillo, tu cántaro o tu poema", más allá del desaliento, de lo caduco y de la muerte, que "tal vez, ya tiene sus pies dentro de su telaraña aterciopelada y blanda". Todo el texto es un canto al trabajo, una invitación a no desperdiciar el presente, "la hora que pasa que no debemos dejar escapar".
Por otra parte, es la suya una prosa poética abundante en metáforas muy significativas:, "Apresúrate a dejar pintado el semblante de tu alma en la faena."
De los dos últimos apartados, destaca El placer de servir, donde afirma: "Toda la naturaleza es un anhelo de servicio. Sirve la nube, sirve el aire, sirve el surco." Como en el texto anterior, aquí las palabras de la autora invocan el trabajo, la responsabilidad, pero también los pequeños servicios hechos con humildad: " ¡Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho, si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que acometer!", y pone como máximo ejemplo de entrega total a Dios, "que da el fruto y la luz".
Este libro, aparecido en 1923 y escrito por encargo del gobierno de México para las secundarias femeninas, reúne un vasto número de magníficos trozos literarios de los autores predilectos de Gabriela Mistral, con trabajos y comentarios de ella, la mayoría de profundo lirismo y espiritualidad, intercalados entre aquéllos, poniendo de manifiesto sus simpatías por la filosofía oriental, la teosofía, el budismo, el Antiguo Testamento, Jesús de Nazaret, Rabindranath Tagore y Romain Rolland, el notable exégeta de los libros de la India. La finalidad de Gabriela Mistral es proporcionar información y cultura espirituales para la superación personal de sus lectoras, a partir de los intereses y necesidades genéricos.
Con sus palabras, la autora quiere orientar a toda mujer para que desempeñe mejor el papel de madre, para lo cual también considera necesario el acercamiento a lecturas que le proporcionen conocimiento del mundo y, a la vez, riqueza interior.
Lecturas para mujeres conduce y se adentra en el ámbito de la reflexión y de la interioridad de todo ser humano, partiendo de hechos concretos. Su estilo sencillo, intimista, de gran belleza y poesía, presta un admirable marco formal al profundo idealismo de su contenido.

1 comentario:

EUGENIA dijo...

maravilloso GRAN POETISA DOÑA GABRIELA MISTRAL ... ELLA ES UNICA