lunes, junio 07, 2010

LA BAHÍA DEL SILENCIO

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Autor: Eduardo Mallea, narrador y ensayista; 1903 - 1982.

Otras obras: Cuentos para una inglesa desesperada, La ciudad junto al río inmóvil El vínculo, Posesión, (relatos); Nocturno europeo, Fiesta en noviembre, Todo verdor perecerá, Las águilas, Rodeada está de sueño, El retorno, Los enemigos del alma, La sala de espera, La barca de hielo, En la creciente oscuridad (novelas); Historia de una pasión argentina, El sayal y la púrpura (ensayos).

Género y corriente: Novela psicológica.

Estructura: Está dividida en tres libros: Los jóvenes, Las islas y Los derrotados, con un total de 59 capítulos.

Sinopsis: Martín Tregua escribe sus memorias a Beatriz, quien para él simboliza el ideal de belleza interior, y a la que exalta como lo hiciera Dante con su amada.
Martín es escritor y no sólo cuenta los hechos y las circunstancias de su vida como tales, pues, además del aspecto puramente anecdótico, presenta lo que interiormente significa cada uno de los seres encontrados en su recorrido por diferentes lugares y épocas.
En el primer libro de la obra, Martín Tregua intenta profundizar en las vehementes ideas de Anselmi y Jiménez, y también en las suyas, platicando acerca de sus vidas y examinando las experiencias vitales de cada uno y la realidad del país donde habitan. A mayor abundamiento, en sus reuniones y correrías reviven y descubren esperanzas, haciendo surgir nuevas ideas y proyectos que los alientan a encontrar mejores posiciones desde donde pueden captar más amplias perspectivas.
En su entusiasmo, con desorden y curiosidad barajan literatura, teorías e ideales del futuro argentino. Sin embargo, Martín advierte que faltan rumbos claros, no sólo entre ellos, sino en todo el territorio nacional, pues carecen de un propósito definido por el cual luchar y, en consecuencia, deben hacer algo.
En el grupo, con la ayuda de César Acevedo, nace la idea de editar una revista, porque vincularse en torno a una publicación periódica era una forma intelectual de ligarse en aquella época; también significaba un acto de rebeldía ante la posición tradicional y conservadora representada por la universidad a donde asistían.
Bautizaron la revista con el nombre de Basta, y a los fundadores se unen otros colaboradores, pero escriben sus opiniones sin gran convicción. La publicación tiene corta vida debido al pesimismo, la abulia y la bohemia en que todos viven. Dice uno de los personajes que "en este país algunas ideas, de pronto, parecen buenas a la opinión. Son aplaudidas y compartidas, como se aplaude en un circo el salto mortal de un acróbata y se comparte su emoción. Durante el tiempo que dura la prueba, existe ese estado de comunión, esa solidaridad, esa intensa simpatía; pero a la salida del circo nadie tiene el deseo de acercarse al acróbata y felicitarlo cuando se marcha por la puerta de los artistas. Se nos ha seguido así, con aparentes aplausos y con indiferencia real. Este pueblo está preocupado por otras cosas. Está dormido. Está embotado."
Tregua, en este trance, empieza a reunir apuntes para un extenso libro que llamará Las cuarenta noches de Juan Argentino, cuyo título alegórico confirma la preocupación y pesadumbre del protagonista por el destino de la nación del Plata.
En Las islas, segundo libro de la novela, Tregua realiza un largo viaje por Europa, donde espera hallar algún recurso para remediar la soledad, la apatía y el mutismo de su tierra, su "bahía del silencio", como llama a la Argentina.
Durante su viaje hace amigos, contempla obras de arte, escucha opiniones. Cada uno de los personajes que Martín va conociendo expone sus preocupaciones y proyectos propios. A veces, en su relato alternan el ensayo y la ficción, pero esta dualidad es aparente porque así el protagonista presenta, a través de los criterios e ideas de los distintos personajes, el verdadero sentido del hombre americano. Tregua se reúne en Paris, en el antiguo teatro D’Harcourt, con un grupo antifascista. Piensa obtener de ellos ideas para aliviar el mal que aqueja al hombre americano, y por eso reseña la polémica suscitada entre Orio Sacariol y el profesor Autoriello.
Martín, lejos de su patria, sigue pensando en sus lecturas y en terminar Las cuarenta noches de Juan Argentino, cuyo texto continúa creciendo. Al mismo tiempo, trata de comunicar a sus amigos europeos, quienes también viven en crisis, el sentido de un país nuevo, pero no lo entienden. Esa patria naciente la representan como algo lírico e informe, pues "vivían abrazados al esqueleto de las estructuras más vetustas, en las cuales el hombre es un pequeño tornillo férreo que nace y muere mohoso en su justo agujero." A la distancia, el amor de Tregua hacia la Argentina ideal, representada por Beatriz, sigue vivo.
En el tercer libro, Los derrotados, Martín regresa a Buenos Aires. Conoce a Gloria, que en su tristeza y silencio parece simbolizar a la Argentina real. Se trata de una mujer extraña, consciente y amante de su soledad. Con ella no se puede establecer ningún vínculo profundo porque es difícil de comprender y porque siempre se encierra en sí misma.
En Buenos Aires, Martín Tregua acude también a casi todos sus antiguos compañeros de juventud para recordarles con impaciencia sus conversaciones y proyectos de muchos años atrás acerca del país, y de la necesidad de vencer nefastas inhibiciones que los atenazan y crear un centro como el del teatro D'Harcourt, donde se pudiera expresar libremente la verdad. Sin embargo, empareja su afán "con la irremediable, la ingénita ineficacia" de aquéllos, sus amigos, los soñadores europeos.
Es Martín Tregua un hombre que busca en su conciencia y en la de los demás la oculta verdad de su país y sus habitantes, por ello nos muestra en su narración un catálogo de tipos humanos, de los cuales va definiendo cada pensamiento y acto, también cada una de sus incertidumbres acerca de las causas que subyacen bajo el silencio en que está sumida la Argentina. No obstante —confiesa a Beatriz— quizás Anselmi, Jiménez, Acevedo, Gloria, Autoriello y Sacariol no estaban equivocados. Tal vez eran ilusos o andaban perdidos, pero no habían fracasado porque, a fin de cuentas, eran conciencias íntegras, sinceras y honestas, "que esperan el triunfo final recogido en la bahía, en la bahía del silencio".
En esta novela, Eduardo Manea se detiene morosamente en describir decadencias, esperanzas y personajes con una profunda vida interior; es decir, existe por parte del autor una intención manifiesta de presentar la idiosincrasia y la suma de las ideas del argentino común. La obra está permeada por un motivo importante, un constante, intenso e indestructible lazo de amor que lo une y lo remite siempre a Beatriz, indudable encarnación de su Argentina, país para él detenido en el tiempo.
Se dio a conocer en 1940.

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