martes, septiembre 28, 2010

EL BURLADOR DE SEVILLA

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Autor: Tirso de Molina, seudónimo de fray Gabriel Téllez, dramaturgo; 1584-1648.

Otras obras: El condenado por desconfiado, El vergonzoso en palacio, Don Gil de las calzas verdes, La prudencia en la mujer (teatro).

Género y corriente: Comedia barroca. Debe advertirse que durante el "siglo de oro español" toda obra teatral recibió esa designación, sin atender a su carácter festivo o trágico.

Estructura: Está dividida en tres jornadas.

Sinopsis: Don Juan Tenorio, huyendo de Nápoles donde deja burlada a la duquesa Isabela, naufraga en las playas de Tarragona. Recibido en la cabaña de la pescadora Tisbea, abusa de ésta y, luego de darle palabra de matrimonio, escapa a Sevilla, donde logra introducirse en casa de doña Ana de Ulloa, hija del comendador don Gonzalo, merced a una carta escrita por la propia joven, en la cual daba cita a su prometido, el marqués de La Mota, y que don Juan ha interceptado. Éste engaña a doña Ana y, cuando el comendador acude a los gritos de su hija, don Juan lo mata y logra fugarse. El marqués de La Mota, acusado del crimen, cae preso y don Juan, mientras tanto, asiste a una boda que se celebra entre campesinos y se encapricha por Aminta, la desposada, a quien seduce deslumbrándola con su fortuna. Satisfecho su propósito, deja burlada a la pobre campesina y de nuevo marcha a Sevilla. En una iglesia de esta ciudad, a donde ha ido a ocultarse de la justicia, don Juan descubre de pronto el sepulcro y estatua de piedra del comendador, a quien había dado muerte. El seductor de doña Ana se encara burlonamente con la escultura del difunto, y lo invita a cenar. Por la noche, la efigie pétrea del comendador acude puntual a la cita y, luego de cenar tranquilamente con don Juan, lo invita a su vez, citándolo en la capilla donde está su sepultura. El burlador se presenta. El menú que don Gonzalo le ofrece está compuesto de víboras y alacranes, guiso de uñas, y el vino es hiel y vinagre en una alusión simbólica de la conducta del seductor. Al despedirse, el comendador tiende la mano a don Juan y, cuando éste se la estrecha, siente que su cuerpo se abrasa en el fuego del infierno. Don Juan grita e intenta en vano matar con la daga al espectro. Luego, niega ser culpable y pide alguien que lo confiese y absuelva, pero ya es tarde, muere condenado. Entonces don Gonzalo sentencia "ésta es justicia de Dios: quien tal hace, que tal pague", y se hunde en el sepulcro junto con don Juan.
Con esta pieza llega por vez primera al teatro la famosa leyenda del burlador de mujeres, espíritu libertino que ya había recibido diversos nombres, pero que, a partir de la obra de Tirso, será bautizado para siempre con el apelativo común de "donjuán", quedando así tipificada esa conducta particular.
Aparte del evidente fondo religioso subyacente en esta obra —que intenta ser un verdadero ejemplo de la justicia divina y una profunda lección de moral cristiana—, literariamente interesa destacar sobre todo la rica complejidad psicológica de don Juan como personaje. En su individualidad y en la unidad que su figura confiere a toda la pieza, radica el valor y permanencia de esta obra.

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