miércoles, septiembre 15, 2010

EL BUSCÓN

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(Historia de la vida del buscón llamado don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños)

Autor: Francisco de Quevedo y Villegas, poeta y novelista; 1580-1645.

Otras obras: Los sueños, Cartas del caballero de la Tenaza, El hospital de los malcasados (satíricas); Marco Bruto, Política de Dios, gobierno de Cristo tiranía de Satanás, La cuna y la sepultura (políticas); Vida de fray Tomás de Villanueva, Providencia de Dios, Vida de san Pablo (ascéticas).

Género y corriente: Novela picaresca.

Estructura: Consta de 23 capítulos.

Sinopsis: Pablos es un típico pícaro que nos refiere en primera persona la historia de su vida —como se acostumbra en las novelas de este género—, moviéndose en un marco realista de crudas descripciones, situaciones y ambientes sórdidos, donde se presenta al desnudo la vida española de la época.
Pablos, como Lázaro, comienza hablando del lugar de su nacimiento, Segovia, y de sus padres, un barbero ladrón y una bruja alcahueta al modo de Celestina. Enviado a la escuela, se hace amigo de don Diego, hijo del caballero don Alonso Coronel de Zúñiga. Debido a las burlas de que es objeto y las pendencias que le buscan, abandona casa y escuela y entra al servicio de don Diego. Como don Alonso Coronel decide poner a su hijo en pupilaje, lo manda a casa de un tal licenciado Cabra, "que tenía por oficio criar hijos de caballeros", en compañía de Pablos, quien oficiará de criado suyo, según se estilaba entonces. Pero el tal preceptor mata de hambre a sus pupilos, "su comida era eterna, sin principio ni fin", por lo cual don Alonso retira a su hijo y a Pablos del internado enviándolos a Alcalá para estudiar. Allí, Pablos sufre las terribles burlas con que los estudiantes acogen a los recién llegados, las hoy conocidas como "novatadas". Las crueles experiencias lo inclinan al mal y a ser "bellaco con los bellacos por lo que muy pronto se entrega a cometer algunos delitos menores, pequeños hurtos, juegos de manos, robo de armas y otras actividades que le reportan algún dinero.
Debido a que semejantes andanzas llegan a oídos de don Alonso, éste escribe a su hijo ordenándole que vuelva a casa, pero sin Pablos, quien, al mismo tiempo, recibe una carta del verdugo de Segovia —tío suyo— donde le cuenta cómo su padre ha sido ahorcado y su madre se halla presa en Toledo, acusada de brujería por la Inquisición.
Amo y criado se separan y Pablos vuelve a Segovia, sin antes pagar sus deudas, para recoger lo que su padre le ha dejado en herencia. Durante el camino tiene los más extraños encuentros, y al llegar ve los despojos descuartizados de su padre. El final vergonzoso de éste y, el oficio de su tío lo impulsan a cortar con su familia y, una vez cobrado lo poco que queda del legado paterno, Pablos se marcha a Madrid.
En este viaje conoce al hampón don Toribio, un hidalgo pobre, hambriento y presuntuoso que va a pie y esconde su desnudez bajo la capa, quien le refiere su vida en Madrid junto con otros buscones (Hombres dedicados a vivir a expensas de los demás). Pablos decide unirse a ellos para seguir el mismo oficio. Así, llegados a la corte, don Toribio lo introduce en una cofradía de pícaros que viven de robos y estafas. Finalmente, todos van a parar a la cárcel.
Con parte de su herencia, Pablos corrompe a los guardianes, soborna hasta al escribano y sale en libertad. Continúa, solo o asociado con otros pícaros, su vida de fraudes y pendencias. Dos compinches le roban todo cuanto posee. Luego, al intentar casarse con una dama joven y rica, sale herido y, simulando estar lisiado, se dedica a mendigar. Después, se une a unos comediantes que se dirigen a Toledo y enamora a una de las actrices, tornándose después en actor y dramaturgo de éxito. Disuelta la compañía, intenta seducir a una monja y escapa a Sevilla, donde vive como tahúr. Finalmente, viendo que la justicia lo persigue, junto con su amante "resolvió pasarse a las Indias, a ver si mudando mundo y tierra mejoraba su suerte". Pero allí "fuele peor, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres".
El buscón tiene, desde luego, antecedentes literarios del género, pero no de estilo, que es original por espontáneo, seco y cortante, de lenguaje sobrio y conciso. De él se ha dicho que es "tan variado, contradictorio, movido, agitado e incongruente como la vida misma, rico como ella y, como ella también, plegándose a todas las formas y circunstancias". Por eso, en la prosa inconfundible de Quevedo caben prácticamente todas las modalidades.
Obra despiadada y casi inhumana, según algunos críticos, El buscón satiriza y zahiere la vida del bajo mundo.
Su sarcasmo es profundo. Su humorismo, intenso y amargo. Su realismo, total y descarnado, denuncia las miserias, hipocresías y decadencia moral de cada sector social que presenta.
Publicada por primera vez en Zaragoza en 1626, se considera sin embargo que su redacción se efectuó entre 1601 y 1608. Es un claro ejemplo del florecimiento de la picaresca española. En ella encontramos la influencia del Lazarillo de Toretes, en el plan general y en la sencillez estructural de cada episodio.

2 comentarios:

kontito dijo...

Perdona mi ignorancia: ¿Cuál es el Lazarillo de Toretes?. No será un error tipográfico y te refiere al que todos conocemos de Tormes. En fin saludos.

MeComoTuFlow dijo...

Yo creo que kontito tien razon alomejor lo escribio mal