martes, febrero 08, 2011

EL GUARDAGUJAS

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Autor: Juan José Arreola, narrador y autor teatral; n. 1918.

Otras obras: Varia invención, Confabulario, Bestiario, Inventario, Confabulario total Palíndroma,
Confabulario antológico, Confabulario personal (narrativas); La feria, La hora de todos, Tercera llamada (teatro).

Género y corriente: Cuento fantástico.

Estructura: No presenta divisiones.

Sinopsis: "El forastero llegó sin aliento a la estación desierta", así empieza el cuento y, con esta introducción breve y precisa, el autor nos hace imaginar una acción real en el tiempo y en el espacio. Luego, en una sucesión de frases similares, nos describe la fatiga, el desánimo y la angustia del forastero. A esa hora exacta el tren debía partir... pero allí nadie había. De pronto "alguien, salido de quién sabe dónde", le da una palmada muy suave; ese alguien es "un viejecillo de vago aspecto ferrocarrilero", todo él indeterminado, irreal, quizá también con alguna pequeña dosis de locura.
Cuando el desconocido llama la atención del viajero, éste le pregunta con ansiedad si ya ha pasado el tren. El viejecillo le responde con otra pregunta: "¿Lleva usted poco tiempo en este país?"
Este diálogo inicial es la clave para entrar en la anécdota que Arreola desarrolla.
El viejecillo guía al forastero por situaciones y lugares que bien podrían ser aspectos de la realidad. Le dice que no desespere porque la empresa ha hecho maravillas en cuanto se refiere a la publicación de itinerarios; además, ya las vías ferroviarias enlazan hasta los pueblos más remotos y se pueden adquirir boletos para ir a cualquier parte, sólo falta que los trenes pasen efectivamente por las estaciones y sean puntuales.
Solícito, le platica cómo, en cierta ocasión, ante un abismo donde la empresa se había olvidado de construir un puente, los pasajeros desarmaron el tren pieza por pieza y llevaron cada una de las partes al otro lado. Es decir, el forastero debe templar su ánimo, tener paciencia, inclusive, puede llegar a convertirse en un héroe, aunque también puede morir en un viaje interminable; pero eso no importa, porque hay vagones a modo de capillas ardientes y también vagones cementerios. Con un poco de suerte, quizás arribe mañana mismo a su destino. Se sabe de algunos pasajeros que han llegado sin darse cuenta.
Algunos trenes ruedan sobre vías apenas señaladas con gis. Por otra parte, el informante indica con vehemencia que no existe ningún drama cuando en ocasiones se abandona a los pasajeros en falsas estaciones perdidas en la selva; todo tiene solución, porque los hombres han aprendido ahí nuevas formas de existencia y fundado poblaciones en esos lugares salvajes.
La vida, durante los largos trayectos, sufre transformaciones; de la sencilla charla en los vagones surgen amistades perdurables e incluso grandes idilios. Y esta lógica tan contundente convierte el sentido común, por supuesto, en una cáscara vacía.
El cuento se acerca a su fin cuando se oye el silbido de un tren verdadero. El viejo guardagujas interrumpe su plática y se pone a hacer señales ridículas y desordenadas con una linterna, al tiempo que echa a correr desaforadamente por la vía. Cuando está a cierta distancia, se vuelve para gritar. “!Tiene usted suerte! Mañana llegará a su famosa estación. ¿Cómo dice usted que se llama?" Luego, el viejecillo se disuelve en la clara mañana. "Pero el punto rojo de la linterna siguió corriendo y saltando entre los rieles, imprudentemente, al encuentro del tren. Al fondo del paisaje, la locomotora se acercaba como un ruidoso advenimiento."
Este cuento apareció inicialmente en el primer Confabulario del autor publicado en 1952. Allí se mezclan fantasía y realidad, una especie de desafío a lo real, donde lo cotidiano está tocado por lo absurdo. Asimismo, la narración es también una alegoría, puesto que encierra un marcado simbolismo; en este caso, pesimista y dolorosamente real.
La misteriosa y solitaria estación, el tren, las vías, los distintos destinos, el forastero obsesionado por llegara determinada ciudad, etc., representan la vida y sus extraños designios, a los que el hombre debe enfrentarse y ante los cuales se siente sobrecogido por sentimientos de soledad, desaliento, inseguridad, conformismo, ironía y desconcierto.
El autor pinta el drama de la vida en este relato notable por su concepción y técnica literaria. La ficción invade la realidad, y ésta a aquélla, a través de situaciones y simbolismos altamente significativos.
Escrito en un estilo que condensa y abrevia lo esencial, con un lenguaje pulido y trabajado para obtener la sobriedad y concisión deseada, la trama y unidad de la narración son irreprochables. Es ejemplo de un universo lleno de fantasía profunda y sugerente.

3 comentarios:

marisel san martin dijo...

exelente cuento

Valerin Carrascoperez dijo...

Yo realmente no comprendo este cuento

Victor Garcia dijo...

este cuento esta muy raro