lunes, febrero 21, 2011

LA TIERRA PRÓDIGA

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LA TIERRA PRÓDIGA.doc

Autor: Agustín Yáñez, novelista; 1904-1980.
Otras obras: Flor de juegos antiguos. Pasión y convalecencia,Genios y figuras de Guadalajara, Al filo del agua, Archipiélago de mujeres, La creación, Ojerosa y Pintada, Las tierras flacas, Tres cuentos (narrativas).
Género y corriente: Novela realista moderna.
Estructura: Consta de nueve capítulos nominados.
Sinopsis: Pascual Medellín, promotor enviado por el gobierno federal, llega a La Encarnación, enorme propiedad de Ricardo Guerra, alias el Amarillo, uno de los siete caciques regionales, verdaderos señores de horca y cuchillo, dueños de vidas y haciendas.
Sotero Castillo, Eulogio Parra, Pánfilo Rubio y Pablo Flores reciben a Medellín, en ausencia del anfitrión y propietario.
Desde el principio, Medellín percibe la rivalidad entre los presentes, así como sus intenciones de impedir la intervención del gobierno en contra del poder caciquil.
El Amarillo se presenta al día siguiente e invita a sus huéspedes a hacer un recorrido por las playas, lomas y plantaciones frutales de ésta que es, verdaderamente, la tierra pródiga. Al terminar el paseo, los cinco caciques presentes —pues faltan jesús Cordero, quien desde Autlán domina sus posesiones y sus negocios de agiotista, y Tiburcio Lemus, "talamontes" y dueño de madererías— expresan su proyecto de obtener del gobierno más créditos para continuar desarrollando cada cual sus propiedades. Medellín les asegura el interés de la administración federal, dispuesta a otorgar créditos y a realizar obras públicas, caminos, escuelas, hospitales, siempre y cuando los caciques entren en sociedad con el gobierno quien, en calidad de socio mayoritario, vigilará todos los proyectos de desarrollo y su puntual ejecución. Los caciques recelan de que semejante intervención es una mengua en su poder sobre tierras y hombres, por lo que se despiden sin llegar a compromiso alguno con Medellín, quien con palabras veladas les lanza la amenaza de que "si no entran en razón, se integran en sociedad con el gobierno y desisten de sus prácticas ilegales, no sólo quedarán privados de los créditos sino en situación muy precaria, porque carecen de títulos de propiedad para esas tierras que han tomado por la fuerza". Ya a solas, el Amarillo rememora cuántos esfuerzos viene invirtiendo para lograr su sueño de convertir La Encarnación en un inmenso centro turístico para su personal beneficio; cómo batalló para salir de pobre, ya que de simple transportista pasó a ser el hombre más poderoso y temible de la región; asimismo, recuerda a las mujeres cuyos nombres dio a playas y puntas costeras, amoríos pasajeros cultivados con cinismo delante de su esposa Elena, a quien humilla y maltrata; pero eso sí, "dándole su lugar" y entera confianza. Guerra piensa también en Gertrudis, la hija menor de Sotero Castillo, a quien desea tanto como odia al padre.
Los siete caciques libran una lucha sin cuartel para ver quién aventaja a los demás, quién "se los madruga". Por ello, compiten para obtener más créditos, cuyos pagos diferirán hasta nulificarlos, como siempre lo han hecho.
Sin embargo, Medellín piensa aprovechar esa rivalidad para, oponiéndolos unos con otros, derrotarlos y acabar con el caciquismo que mantiene la región hundida en la violencia. El más apropiado para sus propósitos parece ser el Amarillo.
Los caciques se reúnen a deliberar en busca de una solución. Ya han empezado a llegar maquinaria, ingenieros, contratistas, tropas para custodiar todo. La única salida sería unir fuerzas, pero los rencores, recelos y venganzas pendientes les impiden llegar a un total acuerdo.
De pronto, los acreedores comienzan a exigir el pago de deudas y llueven los embargos. El primer afectado es Guerra, quien se ve obligado a echar mano de todos sus recursos para salir del paso: halagos, sobornos, viejas relaciones... Al fin, se acerca al ingeniero Medellín, ya en la capital del estado.
Mientras el Amarillo anda lejos de La Encarnación, ésta es devastada por un ciclón. Elena se salva de milagro con el auxilio de Sotero Castillo, quien secretamente la desea desde hace años.
Cuando Guerra regresa, lo hace con el respaldo de Medellín e inicia no sólo la reconstrucción de sus destruidas propiedades sino el proyecto turístico o, al menos, así le parece.
Guerra también trae el propósito de seducir a Gertrudis. Con el pretexto de agradecer su ayuda a Castillo, se presenta en los dominios de éste, le propone terminar sus rencillas y reanudar la vieja amistad. Sotero parece acceder. Esa misma noche, Gertrudis huye con Guerra. El padre de ella se venga asesinando inocentes, lo cual enciende la ira popular. Castillo muere linchado a manos de gente incitada por Jesús Cordero.
A raíz de ese asesinato, Guerra comprueba estar realmente enamorado de Gertrudis. Sus demostraciones de amor por la joven empujan a Elena a la desesperación.
El Amarillo planea ofrecer una gran fiesta a las autoridades del estado, el gobernador, Medellín y varios funcionarios. Cuando todo está listo, los invitados llegan a donde se realizan los trabajos para el camino y demás obras, pero desaíran a Guerra y le notifican el cese de su comisión y que también se le cancela el proyecto turístico. La fiesta se celebra sólo para Ricardo y Gertrudis, de quien desea tener un hijo. Elena se percata de cómo ha sido desbancada y se suicida,
Desprovisto de poder, pero lleno de amor y energía nueva, el Amarillo huye con su amante, decidido a empezar desde cero.
Desde su publicación en 1960, a esta novela se le considera una de las mejores de Yáñez. Si en Al filo del agua se ocupa del aspecto adusto y sombrío de Jalisco, en ésta centra sus observaciones sobre el paisaje exuberante de la costa jalisciense y sus apasionados habitantes.
Yáñez narra con enjundia valiéndose del lenguaje coloquial propio de su tierra natal; además, utiliza el monólogo interior para dar a conocer los pensamientos de sus personajes, a la vez que delinea a cada uno de ellos.
La secuencia temporal se rompe aquí y allá para enterar al lector de los antecedentes, las motivaciones ocultas y los anhelos que subyacen en las acciones de los protagonistas.
Yáñez se solaza, sobre todo, en las descripciones prolijas, exuberantes como la misma tierra que da título a la obra. El autor compara la conducta de los caciques con la de los primeros  conquistadores españoles y no le falta razón. Estos hombres despóticos, crueles, ambiciosos sin límite, son los instrumentos ciegos de la civilización que acaba derrotándolos.

3 comentarios:

Daniela Rosas Pedraza dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Daniela Rosas Pedraza dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Atanasio Espinosa dijo...

El resumen obvia la parte que mas recuerdo del libro, que leí hace cinco décadas: la aventura para adueñarse de las tierras. Aquella travesía en el rio transportando un tractor en una balsa y aquella frase que dibuja de cuerpo entero la determinación e ignorancia de los caciques de que trata el libro: "al que se ahoge, lo mato¡¡